31 Julio 2007
LA FOSA ESTRECHA DE JUAN SIMÓN
Capítulo 23 - Hadesa
Fritz hizo ademán de levantarse.
- ¿A dónde coño crees que vas, capullo?- Lo sujeté y lo bajé hasta el asiento.
- Voy a...
- No vas a ninguna parte. No te pongas en ridículo, hombre... tú eres un profesional, Fritz, ¿qué es lo que te pasa, tío?
- ¡Pasa que me la compro por un euro, cojones! ¡eso pasa!- se encabronó Fritz.
- ¿No te das cuenta de que esa tía no es una puta?- Le preguntó Félix.- se te comería con patatas, te masticaría y luego te cagaría... ¿quieres ser un vulgar cagarro?
- Sí, olvidalo, tú no eres un mierda cualquiera, vete al servicio y cáscate unas pajas...- le propuse, y se enfadó de veras. Félix y yo nos reímos con complicidad. Fritz nos extendió su dedo índice acompañándolo de una mueca con la boca.
No quería competencias. Eran mis amigos, y tenía que hacer mi papel de gracioso jefe de la tribu. La tribu de "los Arapajotes".
Todo el mundo la quería para sí mismo. Ya nos había puesto las pilas. Todos contra todos. "Nada más nacer empiezan a corrompernos"... las mujeres, la política, la amistad... todo lleva al camino insano de la deslealtad. Buitres ocupando sus alas en llevar el peso de las mentiras propias y ajenas.
La estrategia estaba marcada. El mapa señalado. Faltaba el ataque.

Ella, cuando se cansó de aguantar demasiadas babas, se bebió otro trago de su bebida y vino hacia nuestra mesa.
Tenía que haberse confundido, no podía ser, aquello era materialmente imposible.
-¿Puedo sentarme con vosotros?- preguntó en un tono deliciosamente inocente. Todos asentimos con la cabeza- Les he dicho a esos tipos que estaba con mis amigos, y esos vais a ser vosotros a partir de ahora, si me lo permitís.
Se lo permitiríamos todo. Sin excepciones. Era cálida y cariñosa. Una caperucita roja que se había perdido en una jauría de lobos.
- En realidad estoy buscando a un amigo que se me ha despistado hace un rato...
- ¿Tu marido?- preguntó Fritz.
- No, no... -sonrió- un buen amigo, simplemente...- suspiré de alivio- pensé que estaría por aquí, pero no le he visto. Esto es muy grande. Siempre me pierdo en los sitios grandes... me despisto y me pierdo, así de sencillo.- Se reía dulcemente. Era encantadora.
-¿No os molesto, verdad?- preguntaba sin ser consciente de que todas las respuestas que le diéramos la iban a satisfacer...
Nos tenía bien cogidos por las pelotas. Nos dio su nombre. Hadesa. Hermoso y nada convencional, como ella. Nos presentamos. Se había sentado entre Fritz y Félix, yo quedaba a la derecha de Félix.
Su conversación era agradable, y prácticamente ella lo decía todo.
- No puedo perder a mi amigo, hoy tiene que dormir conmigo...
- Afortunado tu amigo- le dije yo, y ella me miró a los ojos con suavidad.
- ¿Vienes mucho por aquí?- le preguntó Félix.
- Por aquí, por allí... yo voy por todas partes, soy una culillo de mal asiento- se dio un cachetazo en la cadera. Era fresca, muy fresca. El cachetazo nos rejuveneció a todos mil años, incluso a los que miraban con envidia hacia nosotros. Porque estábamos allí con ella, charlando y riendo y mirándonos a los ojos.
Quería deshacerme de mis amigos, estar a solas con ella, pero ella mandaba y ella disponía. No sabía con quien acabaría esa madrugada pero nosotros no tendríamos ni voz ni voto en el asunto. La maldita de ella era "Dorothy", caminando por el sendero de baldosas amarillas, en busca del mago de Oz. Nosotros sólo éramos espantapájaros
- No paro de moverme. Soy relaciones públicas, a pesar de mi despiste y de mi mala orientación. Conozco a mucha gente todos los días, ahora os he conocido a vosotros, mañana ya se verá... es hermoso, ¿verdad?
No lo era, en absoluto, pero tal y como ella lo decía parecía una afirmación universal.
- Yo trabajo de vendedor- dijo Fritz- también conozco a mucha gente...- era evidente su torpe movimiento para poder cruzar, aunque solo fueran, un par de palabras con ella, para que le prestara un poquito de atención, ¿no lo queríamos todos?, Fritz no era menos estúpido que Félix o yo mismo.
- ¿Y qué vendes?- le preguntó.
- Bueno, de todo un poco, ahora estoy en una empresa de productos de peluquería y de cosmética, pero no le hago ascos a nada...
- ¿Qué te parece mi pelo?, ¿está lo suficiente bien cuidado?- yo pensé en los pelos de su coño, y más de uno allí andaría con el mismo pensamiento rondándole la cabeza.
- Oh, no, es perfecto, no necesita ningún cuidado especial- le dijo Fritz mientras tocaba algunos de sus mechones, haciendo como que los examinaba. Le odié por ello. Pero era verdad que aquella cabellera lo que menos necesitaba eran tintes ni mechas de color, tenía un brillo y una fuerza, que a pesar del humo, resaltaban por sí solos. Semi rizado, "insólito", que habría dicho el Félix...
- Gracias- dijo sencillamente, y dio otro trago a la copa.
- No solo tienes el pelo bonito, tu cara posee una extraña belleza, una belleza mitológica...- dijo Félix, utilizando su artillería pesada- ¿Venus?, tal vez Afrodita...
En realidad era una "Lolita" sin malicia, una muñequita de cristal a la que si abrazabas con demasiada fuerza acabaría por romperse entre los brazos. Eso la convertía en vulnerable y peligrosa. No podía ser de verdad. Había que romperla y cortarse con sus cachos para ver si de verdad no se trataba de un espejismo. Había que follar su carne para desmitificarla.
Yo permanecía callado. Observándola de lejos. Félix y Fritz la intentaban deshojar poco a poco, pero ella mantenía la figura. Me cansé de ver como le metían el dedo en el culo y me fui a la barra a pedir más colonia barata de a doce euros el tubo. Los dejé allí. Riendo y alabando.
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2. La ruleta rusa
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7. Cerveza, destilados, música y charla
8. Pleamar
9. Risotadas
10. Movida en el Sunset
11. Punk Rock
12. Una pareja de conocidos
13. Silencio
14. Alucinógenos
15. Jazz a solas
16. Os anda buscando
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18. Profesionales
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21. 5.40 am
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30 Julio 2007
LA FOSA ESTRECHA DE JUAN SIMÓN
Capítulo 22 - Algo diferente
Les hice señas desde mi posición. Se acercaron hasta la mesa y se sentaron junto a mí.
No habían encontrado a las nenas de Fritz. Mala suerte. Yo al menos ya había follado.
El gordo no había aparecido aún, no habían conseguido localizarlo. Yo tampoco. Me preguntaron que dónde había estado, "por ahí", no era nada importante, había tenido una noche aburrida. Ellos también. "La Iguana" los había visto por el bulevard y les había transmitido el recado de Mizifú. Decían que estaban un poco nerviosos por eso. Yo les dije que si me encontraba con Mizifú le iba a dar un par de hostias, y que si se ponía tonto, lo mataría otra vez. Rieron mi gracia, pero a mí no me parecía gracioso en absoluto. Éramos demasiado torpes para comprender.
Una tipa guapa entró en la sala. No era una belleza de plástico, no era una belleza fácil, pero nos llamó la atención la energía que emanaba su sola presencia. Los tres nos quedamos mirando a la tipa guapa. Todos los jodidos tíos miraron hacia ella, tenía un magnetismo extraño, una mezcla de placer y de miedo. Había por allí tías buenas por doquier, pero ninguna tenía la clase que calzaba esta última. Las mujeres también dirigieron sus miradas hacia ella, con un brillo marcado por el fuego y el odio.

No era muy alta, pero tenía unos enormes ojos, y miraba a su alrededor con las pupilas inclinadas hacia arriba. Sus pequeños labios sostenían un cigarrillo, y exhalaban el humo de una manera coqueta y precisa. Llevaba un vestido rojo por la rodilla. Y era preciosa. Y era perfecta. No demasiado flaca. No demasiado gruesa. Morena de piel y morena de pelo, con la barbilla un tanto saliente señalando al infinito. No demasiado pecho. Caderas fuertes y culo macizo.
Caminaba despacio, marcando los pasos, al ritmo lento de la música, acercándose a la barra para pedir su bebida, se nos construía ante los ojos poco a poco. ¿Qué hacía allí?. Necesitaba saber quien era. Tenía que casarme con ella allí mismo y ser su esclavo para siempre... por lo visto no era el único que pensaba así.
- Creo que me he enamorado - dijo Félix.
- ¿De quién?, ¿de esa zorra? - pregunté haciéndome el indiferente.
- ¿Estas loco o qué tío?, ¿te has fijado en esa tipa? ¡es ...! - dijo Fritz.
- Bueno, no está mal, pero... - Félix me cortó el final de la frase.
- ¡Es algo diferente a lo que estamos acostumbrados a ver!, ¡no me jodas, tío!...
- Sí, claro... fijaos en como babean toda esa panda de cretinos, ¿quereis parecer igual de patéticos que ellos? - los tipos se le acercaban, y ella los despachaba de uno en uno. A la puta mierda.
Con una sonrisa. Me caía bien la cabrona. Sentía celos de todos aquellos babosos, me comportaba como las malditas tías que miraban hacia ella con rabia y con odio, en mi papel.
Bostezaba con cada capullo que intentaba conquistarla. Durante unos segundos nuestras miradas se cruzaron y me sentí afortunado. Se había fijado en mí. Uno tras otro, aquel ejército de babosas era derrotado sin piedad. Y ella les sonreía. La malvada los mandaba amablemente a todos a tomar por el puto culo. Sabía jugar y sabía ganar.
Claro que me había enamorado de ella. Todos los gilipollas que andábamos por la sala de clásicos de los ochenta y noventa nos habíamos enamorado de aquella tipa guapa. Nos tenía en su terreno.
Iba a ser duro.
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21. 5.40 am
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24 Julio 2007
LA FOSA ESTRECHA DE JUAN SIMÓN
Capítulo 21 - 5.40 am
¿Cuánta gente andaría muriendo a la misma hora en aquella noche?.
En sus diferentes y personales espacios. Asesinados. Suicidados. Riéndose como locos del tercer mandamiento. A la fuerza o por obligación. Millones de gritos sonando al unísono, callando al resto de las voces. Interrumpiendo las conversaciones interesantes y triviales. Dejando en silencio a la palabra del tipo y de la tipa más pintados...
Aquel grito invisible lloraba por todos esa noche.
Sin conciencia, sin ropa... vacío y lleno a la vez.
Aquellas reflexiones me dieron hambre. Regresé al 24 horas y compré una porción de pizza. El tipo de la tienda me la recalentó en un microondas comido por la grasa. Viniendo de donde venía no le hice muchos ascos a aquel detalle. Me la comí con ganas. Eructé y todo.
Regresé a la entrada del "Sunset", seguía llena de gente. Uno más. A nadie le importaría.
Me puse a la cola y pagué la entrada en la taquilla cuando me llegó el turno. Parecía una carnicería.
El solomillo, las chuletas y el jamón. El público era la oferta y el público era la demanda. Putos, éramos putos sin el carnet de manipulador de alimentos.
Pasé dentro. La macro-discoteca y su gente. Carne y música de macro-discoteca. "Tum-tum-pá".
Más sudor y más lágrimas. Y el jodido humo entrando por la nariz, por las orejas, por los ojos, por cada poro de la piel, haciendo de mí una persona asquerosa.
"Tum-tum-pá", "tum-tum-pá", retumbaban las paredes y los intestinos de los allí presentes.
Te daban unas tarjetitas a la entrada para las consumiciones, los camareros las picaban y pagabas al salir. Me acerqué hasta la barra y obtuve una buena panorámica de la planta baja. Las "go-gos" bailaban en jaulas adornadas por luces de neón, moviendo sus culos al ritmo de aquella música estridente. Había tres pistas, todas abarrotadas. Todos bailando. ¿Qué cojones hacía yo allí?
Pedí un Ballantaines-pepsi. Recé por que no fuera garrafón, pero no tuve suerte.

Aquella colonia costaba unos doce euros. Empecé a tragarla poco a poco. Sin atragantarme.
Paseé por la planta baja. Ningún conocido. Sólo luces y ruidos estridentes. Allí no estaban los muchachos. Entré en la sala de música más tranquila. Éxitos de los ochenta y noventa. Aquel mini mundo lo formaban tres plantas más.
Me venía grande. Demasiada sangre fácil... miré el reloj, eran las cinco y cuarenta de la madrugada. Compré tabaco y me senté en uno de los reservados.
Había bastante menos gente allí. Con las mismas intenciones que los otros cabrones de al lado, bailar y apurar las últimas horas de la madrugada.
Entonces aparecieron por la puerta Félix y Fritz, miraron alrededor y me divisaron. Llevaban una buena mierda encima.
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23 Julio 2007
LA FOSA ESTRECHA DE JUAN SIMÓN
Capítulo 20 - Lástima
Ya en la calle, a la entrada de la calle, encendí un cigarrillo y me hice examen de conciencia.
Me daba asco, pero no pediría disculpas. Volvería a nacer y lo volvería a repetir. Conmigo no valían los arrepentimientos.
Me estaba muriendo de tristeza. Imaginé la reacción de Gran Gordo al saber lo de su madre. Lo imaginé quemándose a lo "bonzo", dándose cabezazos contra la pared con su cabeza incendiada.
No tenía estómago para nada, ni siquiera para volver a vomitar.
Se me acercó el Isabelo. Estaba borracho, pero todavía se le entendía lo que hablaba.
-Tío, estas chiflado. Con toda la mercancía que tengo y te follas a la vieja... ¿eres de los raritos?
-Soy caprichoso. ¿Qué más te da?, vas a cobrar tu dinero igualmente.
-Ya lo sé, tío, pero yo no me follaría a esa cerda ni por todo el oro del mundo. En sus buenos tiempos estaba que se salía, pero ya no vale una mierda... No es la primera vez que trabaja conmigo...- sacó una petaca de whisky de su bolsillo y echó unos tragos.
-En sus buenos tiempos era una mujer hermosa, creo que antes que puta fue madre y todo. La tengo por lástima, por los buenos tiempos, aunque a partir de hoy creo que el valor de su carne se va revalorizar...- se echó unas risas- a mi francamente me da igual... el médico dice que tengo el hígado para el arrastre, que si bebo una sola copa más reviento. Pues bien, llevo desde las doce del medio día bebiendo whisky sin parar, y todavía no lo he conseguido... este cabrón del costado duele como sus muertos, pero sigo vivo. El Isabelo aguanta... sigue en ruta, compadre... -volvió a sonreír, hablaba de sí mismo en tercera persona, como tantos otros incluido yo. Nos gustaba dar importancia a cosas que nunca la tendrían.
-Todos tenemos una historia, Isabelo, todos perdemos...
-La historia de esa zorra es para escribir un libro. Tenía cojones. La llamamos "La pipa", pero su verdadero nombre es Carmela, Carmela la del barrio viejo. "La pipa" llegó a ganar una fortuna vendiendo el culo, la hija de puta, era muy lista, pero como todas las mujeres la acabó jodiendo. Tarde o temprano las tías lo acaban jodiendo todo... y esta perra no iba a ser menos. Se permitió el lujo de trabajar por su cuenta, sin chulo, con dos cojones... era una puta muy cara, pero todo se le fue a tomar por culo. Se lió con un fulano que la dejó sin un chavo. Se enamoró como una imbécil de aquel gilipollas... la tía lista... "La pipa" enamorada, ya ves tú. Se enganchó a la botella y a las pastillas, y ese chochete viejo y triste que te acabas de joder es todo lo que queda de ella... bonita historia la de "La pipa", ¿eh?.
-Sí, bueno, nos vemos, Isabelo- tiré el cigarrillo al suelo y lo pise, y me fuí a la noche de nuevo.
La historia del Isabelo... ya no se cantaban gestas como las de la Edad Media, se acabaron las grandes hazañas, "La pipa", "La pipa" era "el personaje"... me dio la risa tonta.
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23 Julio 2007
LA FOSA ESTRECHA DE JUAN SIMÓN
Capítulo 19 - La última cagada de algún dios rencoroso
Yo no solía ir mucho por allí. Alguna que otra vez en busca de cachondeo. Pero follar allí no era muy recomendable. Había sitios más caros, pero con más clase. Las dos o tres veces que había ejercido de putero había sido en lugares diferentes a la "Fuensanta". Entré en una de las casitas a conciencia. "A jierro". En la puerta estaba el Isabelo, un chuloputas de lo más vulgar. Alcohólico, cuarentón, estafador de poca monta...
Lo conocía por "La Iguana". Me saludó cordialmente. Pasé dentro. Apestaba a humedad, a semen rancio, a polvos mal echados. Todo mezclado con un aroma a incienso y a cocaína quemada.
Me recibieron dos tipas que no estaban nada mal. Una mulatita que no sobrepasaría los dieciséis años y una yonki, que, a pesar de los pesares, estaba follable y era atractiva.
Detrás de ellas y apartándolas a sendos lados de mi cuerpo, apareció la madam, acariciando mi paquete con coquetería estúpida, con una confianza que no existía.
Me era familiar, muy familiar.
-Ya tenía ganas yo de que nos visitara un buen "berraco" por aquí...
¿me estaba llamando "puerco" aquella puta estridente?... una mujer mayor, de unos sesenta y pocos años. Pintada hasta las cejas, porque no existían las cejas en su frente. Un moño teñido y mal puesto acababa en su coronilla. Su cara era lo peor, hinchada de alcohol y de otros excesos, una cara que parecía de plásico.
Parecía muy mayor, tenía artritis en las articulaciones, sus manos eran garras retorcidas, no acariciaban, arrancaban la tajada a su paso por la carne. Intentó pellizcarme las mejillas pero le aparté la pezuña a un lado. La vida y los años le habían dado un buen "tuteo" a la muy asquerosa.
Era un deshecho. La última cagada de algún dios rencoroso.
-Tu cara me suena, precioso...
-¿A qué?
- A viejo y a niño.
Ya la tenía. La recordaba. Con otro cuerpo, con otra cara, con el olor que los recuerdos hacen diferentes y hermosos a las sensaciones, pero con la misma esencia.
Había caído en la cuenta de ello. Aquella puta era la madre de Gran Gordo. Su puta madre. La "madam" volátil. Viajando de feria en feria, de circo en circo, había llegado desde la gran capital hasta allí, para ofrecerme sus tesoros podridos.
Gestos, timbres en la voz, dolor, dolor, dolor... La parada de los monstruos... allí estábamos nosotros. Encadenados a un destino voraz , del cual, los dos descreíamos.
Los dos lo sabíamos. Decidí cargar con la responsabilidad de aquellos tesoros.
Los acepté sin pensármelo dos veces. Me la follaría a ella. Treinta euros. Ya era caro. Pagué. Y subimos al catre.
Todo el asco y la generosidad que ofrecía el momento se convirtió en un acto mecánico.
Primero se lavó el coño. Yo miré hacia otra parte. Las telarañas de una de las esquinas me parecieron un buen escenario.
-Puedes besarme, si quieres... -dijo. Pero no lo hice. Me puso un condón de dudosa credibilidad en el centro de mi polla. Todo esto después de darme varios lenguetazos en la punta de la misma. De otra manera no hubiera sido posible. Cerré los ojos. Empecé a cabalgar imaginando que aquellos brazos asquerosos que me apretaban y aquella vulba llena de bilis eran el cuerpo y coño de Pleamar. Funcionó durante un buen rato, hasta que empezó a farfullar algo...
-¡Sigue!, ¡destrózame!...
-¡Cállate, puta! ¡no me gusta el ruido!
y se calló la boca.
Seguimos así un buen rato. Tuve que concentrarme mucho tiempo para inflar la goma.
Por aquel coño habían pasado miles de tipos, y lo peor y más morboso de todo, la cabeza y el cuerpo de uno de mis mejores amigos, eso fue la punta que colmó el vaso, imaginarme la cara de gran gordo destrozada con mis embestidas salvajes, rota por mis pollazos endemoniados. Me corrí y grité fuera de mi propio pellejo. Allí dejaba toda mi malicia y toda mi bondad. En el interior del coño de la madre de mi mejor amigo.
La polla se me aflojó rápidamente, y el condón se derramó en el interior de su pozo negro.
-No me importaría volver a ser madre si el hijo tiene tus ojos...- dijo ella, demasiado confiada. Quizás la menopausia respaldaba aquellas palabras, pero a mí me dio un asco terrible. Me puse la ropa y me marché rápido. La dejé colgada de su personal horizonte. Me fui. Me fui de allí para siempre.
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23 Julio 2007
LA FOSA ESTRECHA DE JUAN SIMÓN
Capítulo 18 - Profesionales
Había llegado a la puerta del Sunset, pero no me apetecía entrar. Estaba aquella entrada hasta el culo de gente. Todavía no era el momento. No sabía que esperaba aún de la noche. Pero todavía no era el momento de entrar.
Fuí hasta un 24 horas cercano, un lugar de bebidas y de comida rápida, chucherías, bocadillos hechos a la carrera, porciones de pizza... me tomé dos "White-burns", un refresco que sabía a jarabe de la tos a base de taurína y cafeína concentradas.

Eso me espabiló un poco. Incluso me aceleró el corazón y el pulso. Sólo faltaba que me matase de un paro cardiaco aquella bebida de mierda.
Siempre había tenido la tensión mínima por las nubes. Los excitantes no me iban nada bien al cuerpo. Así que lo rebajé con una lata de cerveza. Mejor.
Pero mi mal andaba por la cabeza, no por mi sistema nervioso.
De acuerdo, jugaría con el fuego esa noche...
Cercanas al "Sunset" me tropecé de nuevo con Pleamar y sus niñas. Miraron hacia otro lado.
Intenté acercarme a saludarlas, pero hubiera sido necio por mi parte. Una pérdida de tiempo que no podía volver a permitirme.
Pleamar y sus niñas habían vivido en tres dimensiones la realidad de mi vida aquella noche.
La diversión y la importancia de sentir el dolor. Tampoco eran culpables. Las dejé allí. Inocentes.
Dejé a Pleamar mirando hacia otra parte, con su brillante futuro: un marido abogado-poeta que le enseñaría los placeres del mundo material, vivirían felices, y tendrían tres hijos imbéciles con los que ella podría hacer su tesis doctoral.
Yo, sólo había sido el soplido de una noche en su cerebro que más tarde, la eterna noche de siempre se encargaría de borrar de su memoria.
Necesitaba profesionales. Nada de niñatas. Descargar la vesícula seminal. Dar rienda suelta a mis cojones. Follar.
Con dinero no habría problema. El resto, el amor y lo demás, se podían censurar con cerveza o con whisky.
Los problemas del corazón siempre tenían menor preferencia que los del cipote.

Me fuí hacia la calle "Fuensanta", la calle de las putas, la calle que toda ciudad que se precie debe tener.
No necesitaba el coche, estaba a unos diez minutos del "Sunset" andando. Allí también vendían drogas, cocaína principalmente, pero los chulos-proxenetas no le llegaban ni a la suela de los zapatos a mi querido tito "Iguana".
Daba igual. No buscaba drogas. Follar. Follar con la primera puta sidosa que encontrase y pensar en la cara y el culo de Pleamar mientras lo hacía. Félix tenía razón, era sencillo, como cagar o mear. Necesidades fisiólogicas del cuerpo.

Las chavalas eran cambiadas cada dos o tres meses. El lugar no tenía higiene ninguna, pero había colchones y camastros viejos, y bidés. Los bidés eran importantes. Era importante que las chavalas se lavaran el coño antes y después de cada servicio. Las "madams" cambiaban, las chicas cambiaban, las ladillas y las enfermedades venéreas, cambiaban... de picha en picha, de chocho en chocho... menos los chulos y la higiene, todo cambiaba cada cierto tiempo en la calle "Fuensanta".
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31 Octubre 2006
LA FOSA ESTRECHA DE JUAN SIMÓN
Capítulo 17 - Enfermo
Algún recuerdo del viaje. Podría estar alucinando aún... un "Flash-back"...
Pero no estaba drogado ni borracho cuando nos llegó nuestro amigo conocido y su novia en el "Tank dominion".
Podrido de cansancio. Hasta el silencio se detuvo a escucharse.
Cuando llega el dolor, nunca viene solo.
Me bebí la copa del tirón. A conciencia. Huir, huir. Si las cosas se ponen feas, mejor huir. ¿Y qué otra cosa mejor que hacer cuando no quedan sitios para desaparecer?.

Tirarse por el puerto con un bloque de hormigón atado a los pies era una opción. Pero nunca como el riesgo que acarreaban las partidas de ruleta en el chalet de Fritz.
Sin riesgo, no había diversión. Ese era un secreto que desconocían los suicidas.
Me sentí afortunado. Todo se confundía con la borrachera que poco a poco, se iba dejando colgar de mis hombros.
Con la prisa y con el estorbo. Estaba perdido. Sin riesgo. Flojo y flácido. Incluso más dulce. Llorona...
Balbuceé algunas palabras, nada descifrable, sin coherencia. Vacío. Vacío. Vacío absoluto. Lleno hasta bosar por la mala leche de mis actos.
Yo era inocente, como el "Naima", seguro de mí mismo... NADA.
La jodida NADA lo sabría TODO...
No era consciente de ninguna gran verdad.
Mizifú; él y toda su puta mierda, hacía un gran rato que habían sido historia, ¿por qué?, entonces, aquellos pensamientos no dejaban de repetirse, de resabiarse, de saber qué ya habían sido... el mundo era un pañuelo lleno de mocos, y los constipados más torpes, coincidíamos siempre en el mismo cleenex.
Sentí unas horrorosas ganas de llorar. Pero no podía hacerlo. ¡No podía permitírmelo!.

Salí a la calle y me acurruqué en una esquina. Me derramé. Sin piedad. Alguien se me acercó y me ofreció su ayuda. No sabía si era hombre o mujer. Lo mande al infierno directamente. Me cagué en su puto dios. Y mientras apretaba los dientes, oía de costado, como el personaje maldecía y se arrepentía de haber prestado su ayuda al hijo de un dios menor... mientras lloraba, sonreía como un gran gordo cualquiera... asesinando lo que molestaba.
Un juego de remordimientos innecesario.
Salí valiente del escondrijo, muy cercano al orgasmo.
Sin conseguir nada, pero todo recto y mirando hacia mi futuro de mierda. Cuando te pareces a lo que menos quieres parecerte. Y fluye y sigue. Y toma y tacá. Y muérete y jodete después.

Y continúa la noche, pero tus huesos, sin calcio ni materia que los alimente, se quedan pegaditos al sueño que intentabas ser y luego... más de lo mismo.
Come y caga, y en última estancia, vomita si puedes, pero no demasiado a menudo.
Eché toda la pota en el retrete más sucio que cabeza pudiera imaginar, con todas las baldosas blancas (por llamarlas de alguna manera) recogiendo sin mucho entusiasmo mis tropezones venenosos. ¿Qué más daba que mi vómito bautizara a aquel retrete asqueroso, lleno de casualidades y de preguntas? .Queriendo saber siempre más.
Caminé tropezando un rato, entre mi aliento asqueroso y la servidumbre pasiva de los que soñaban con ser esclavos.
Yo fuí uno de ellos, pero ellos nunca fueron siquiera, un trocito mío.
La noche estaba echada. Mizifú en su lecho. Y yo, más perdido que una ladilla que se ha ido de excursión desde el cojón hasta el sobaco.
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15. Jazz a solas
16. Os anda buscando
servido por Miguel Ángel
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16 Octubre 2006
LA FOSA ESTRECHA DE JUAN SIMÓN
Capítulo 16 - Os anda buscando
Seguí la ruta del bulevar y me metí en una de sus calles peatonales, la conocida como "La senda de los elefantes", la calle de los borrachos.
Me disponía a entrar en un bar que ni siquiera tenía nombre cuando me encontré a La Iguana trapicheando con unos guiris. Los apartó a un lado gentilmente y se me acercó.
- Te andábamos buscando hace un rato, cocinero.
- Sí, bueno, amor... todo el mundo me anda buscando a estas horas... - me dijo tranquilamente - ¿qué tal el viaje?, ¿os ha defraudado el tito Iguana? - hacía su típico teatro de gestos bien estudiados y se tocaba con frecuencia la nariz. Iba de farraca hasta las cejas.

Yo me tocaba con demasiada frecuencia el lacrimal. Estaba rojo como el infierno.
- Ha sido cojonudo, íbamos a por más...
- Hoy ya no podrá ser, amor, pero tengo otras cositas que sí que podrían interesaros...
- Déjalo, por hoy ya está bien...
- ¿Y el resto de los niños?
- Por ahí.
- Mizifú os anda buscando, lo ví hace un rato... - se me formó un nudo en la boca del estómago.
- Oye, Iguana, ¿te estás quedando conmigo, u os habéis puesto de acuerdo algunos listillos para joderme la noche?
- Yo sólo jodo con quien legalmente puedo, y es con mi esposa - dijo la Iguana sonriente.

- Mizifú no está, no puede ser, ¿entiendes?, no existe... ¿Tan colocado vas?
- Escúchame, amor... Para mí la noche acaba de empezar, y te digo que he visto a Mizifú con una tía buena hace apenas unas horas, justo después de que os marchárais, ¿vale?, y me ha preguntado por vosotros... no sé yo quien va peor... mi madre siempre decía que si no sabes mearla no te bebas la cerveza...
- Tu madre era una sabia, Iguana... si lo vuelves a ver dile que lo esperamos...
- O.k., amor, te dejo, que tengo negocios... - regresó con los guiris.
Estaba realmente nervioso. Entré en el bar y pedí whisky. Aquello no podía ser real. La misma confusión, dos personas diferentes, una misma noche. ¿Y si no había muerto?. No. Nadie podía sobrevivir a aquel disparo. Yo mismo lo había enterrado en el huerto de Fritz. ¿Se me estaba recalentando el cerebro?. Un hermano gemelo. Ni de coña. Un tipo parecido que nos conocía. Pero yo no conocía a ningún tipo parecido a Mizifú.
¿Qué coño era todo aquel fregao?.¿Era realmente la jodida noche de los muertos vivientes?...
No lo sabía.

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