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La Coctelera

Miguel Ángel Lizaranzu

RELATOS Y POESÍA - - Mantenimiento y actualizaciones: AGUSTÍN LÓPEZ

Categoría: Los cuentos del Tiempo

8 Agosto 2006

CUENTO 14 - Funambulistas sin red en el Circo del Sol

30 de enero de 2003, Sevilla

-Se me acaba de abrir el apetito...
-Puedes comerme la pollas si quieres, chico...
-Cuando como me gusta comer bien, nada de pequeños aperitivos... ¡chúpate esa!
-No creas que no lo he intentado... tendré que operarme las costillas como Marilyn Manson...
Reímos.
Estaba ya amaneciendo. Menuda noche...
-Tienes una extraña predilección por los culos, ¿eres maricón o algo así?
-¿Y qué si lo fuera?
-Nada, nada, me parece muy bien...
-Aquí la única maricona loca que hay eres tú.
-Totalmente de acuerdo.
-Voy a contar una última historia...
-De acuerdo pero cambia un poco la estética que esto empieza a parecer "el circo ambulante de los Monty Python_s"...
-De eso se trataba, de que fuera así.
-Lo sé, lo sé...
-Entonces cierra tu jodida boca.
La cerré. El Tiempo comenzó con el último relato.

-

No recuerdo muy bien como empezó todo, la memoria suele tener forma de fotograma, de flash abandonado.
A veces, hacemos cosas que nos remueven las tripas, sin embargo, cuando se superan al cuarto de hora, nos anotamos tres puntos más en nuestra libreta de idioteces.
Yo había estado haciendo la puñeta a todo el mundo no hacía mucho.
Pasaba borracho la mayor parte del tiempo, metido en una burbujita de maravilloso dolor.
No apetecía salir de ella, se estaba bien allí revolcándose uno con la propia mierda, feliz dentro de aquel útero calentito y viscoso de autodestrucción. La excusa por la que estaba ahí justamente, era lo de menos, una mujer, un amigo... daba igual, porque ese sentimiento ya existía dentro de mí desde hacía mucho tiempo y sólo necesitaba un pequeño empujoncito para que asomara la cabeza.
Cuando la vida y todo lo demás importa un carajo, se suele hacer mucho el payaso, yo estaba precisamente en "el circo del sol" en aquel momento.
Me acababan de echar de un bar por romper unas copas y buscar pelea, de nuevo en la calle, tambaleándome contra la pared, insultando a los transeúntes y re-buscando en los bolsillos para ver si quedaba dinero para otra copa. No había nada que rascar. Continué deambulando, sin saber bien hacia donde iba. Cuando llegué a las afueras de la ciudad, decidí seguir caminando.
Era ya muy de noche y lo poquito que se veía era gracias a la luna llena. Caminaba, me caía, me levantaba y volvía a caminar, así hasta llegar a una antiguo puente de ferrocarril abandonado.
Debajo de este se suponía que pasaba un riachuelo, pero estaba a demasiada altura para oír el rumor del agua que debía marchar hacia alguna parte.
Pensé que ese era un buen momento y un buen lugar para acabar con todo.
Sentí una lástima horrorosa por mí y me eché a llorar.
"Voy a fumarme un cigarrillo y después salto... tardarán varios días en encontrar el cadáver... van a tener que currárselo esos cabrones, tendrán que llamar a una grua y todo... ¡qué se jodan!". Sonreí y me encendí el cigarro. Me puse a dar vueltas por la vieja vía oxidada, había grandes huecos entre travesaño y travesaño. Salté repetidas veces sobre uno de ellos. En uno de los saltos caí hacia abajo. Asustado y justo a tiempo, me agarré como pude a dos barras de hierro mohoso, la mitad del cuerpo estaba suspendido en el aire, el cigarrillo me quemó la cara, cayó hacia el vacío.
"¡Mierda!, ¡ésto va a ser tan fácil! ¡no quiero morir! ¡no quiero morir! ¡no quiero morir!". Estaba ahí, lo tenía justo delante, abrir un poco las manos y todo se iría a la mierda. Pero ya no quería morir, había quedado claro. Las manos me sangraban, me las estaba destrozando, pero yo no soltaría aquellos hierros ni por todo el oro del mundo. Entonces oí el rumor del riachuelo, vi el agua negra al fondo, mi cuerpo se balanceó y me agarré con las piernas a una columna de hierro que hacía de soporte. Parecía un koala medio maricón aprendiendo a hacer filigranas. La ropa estaba desgarrada, me arrastré hacia arriba como pude y me tumbé en la hierba.
Di gracias a todos los extraños mecanismos de autodefensa que gobiernan el cuerpo, la borrachera había desaparecido, me incorporé y encendí otro cigarro. Un último vistazo al precipicio y me marché por donde había venido.

-

-¿Qué has querido decir con este último?
-A veces pareces un poco tonto, chaval...
-Puede ser...
-Es hora de que me marche. Descansa. Hoy puede ser un buen día, mañana quizás ya no.
Serían alrededor de las nueve de la mañana, El Tiempo se incorporó y fue hasta el servicio para echar una meada.
Yo recogí un poco la mesa, las copas y las botellas.
Después no recuerdo más, sólo sé que me quede dormido.
Cuando desperté El Tiempo ya no estaba, se había marchado y yo había quedado tirado en el sofá.
Miré el reloj y marcaba las dos y media de la tarde, aún tenía sueño. Me duché.
"De acuerdo, El Tiempo ya no está en mi mente, El Tiempo se ha marchado y no sé si lo volveré a ver algún día..."
Pero no estaba triste, El Tiempo me había dejado de recuerdo una bonita noche en la memoria. Sonreí.

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8 Agosto 2006

CUENTO 13 - La sabiduría de la buena carne

El profesor de antropología Wilfrauden, era un hombre solitario y taciturno. Su cátedra en la universidad de Dunbitch , Nueva Inglaterra, (estas cosas siempre pasan en América...) era en realidad una excusa.
Su verdadera pasión había sido desde siempre el canibalismo. Le encantaba comerse a sus alumnos, sobre todo a los más regordetes.
Wilfrauden había tenido una infancia feliz, sin traumas, era sólo que un día decidió probar la carne humana. Por pura curiosidad. Y se comió a su madre.
Desde entonces comía sólo carne humana. Tenía miles de víctimas a sus espaldas, pero nunca nadie había encontrado pruebas contra él.
En clase de antropología, recalcaba mucho que en las civilizaciones antiguas se practicaba el canibalismo, que era una practica frecuente y que a nadie le parecía mal.
En los exámenes que hacía también preguntaba mucho sobre el tema, dándole más importancia a este que a otros de muchísima más relevancia.
Por ejemplo, en el Paleolítico cuando daban los sistemas de organización social o el desarrollo que experimentaba la instrumentos utilizados por el hombre tanto para cazar como los útiles en la cocina, él siempre hacía algunas preguntas tipo "test" en las que hacía referencia al tema: "¿Se practicaba o no el canibalismo en el Paleolítico? si__ no__ (marcar con una x)" o "¿Estaba mal visto el canibalismo en "tal" sistema de organización social? (tema a desarrollar)"...
Los alumnos estaban perplejos y cuando alguno de ellos desaparecía misteriosamente, todos bromeaban y hacían chistes, "Seguro que se lo ha comido el Willfrauden"...
Pero llegó un día en que las desapariciones misteriosas se hicieron preocupantes, en una clase de ciento un alumno desaparecieron todos menos dos.
El profesor se los había comido a todos ellos en poco más de un trimestre y Wilfrauden se había puesto realmente obeso, más que andar parecía que se deslizaba con su propia grasa...
Los últimos dos alumnos que quedaban comenzaron a pensar seriamente que aquellos chistes ocultaban algo más que simples gracias.
Un día, después de las clases, decidieron espiar a Wilfrauden y lo siguieron hasta su casa.
Observaron atentos a través de la ventana del comedor como el profesor recalentaba algo grande en el microondas, cuando lo sirvió, a pesar de que la carne estaba muy hecha, pudieron apreciar que aquello era un culo, dos enormes cahetes cocinados con su guarnición y todo.
Al observar las nalgas humeantes, los muchachos sólo pudieron vomitar.
Wilfrauden masticaba y tragaba aquellas posaderas como si fuera un pavo de navidad.
Se limpiaba la boca con una servilleta y atacaba al siguiente bocado, aquel cerdo inhumano se estaba comiendo a alguno de sus compañeros. Sintieron rabia.
Pero, es sabido por todos, que los estudiantes universitarios son un poco idiotas, a estos no se les ocurrió otra cosa que irrumpir de una patada en la morada del ogro.
-¡Profesor Wilfrauden, le hemos cazado!- gritaron los dos alumnos.
-¡BURP!- eructó el profesor.
-Muchachos... esto no es lo que parece...
-¡Sí que lo es!, ¡lo que se está comiendo usted es un culo!
-Bueno, sí... ¡pero es el culo de Roberson! ¡a nadie le caía bien ese tipejo!
-Ese no es motivo suficiente para asesinarlo y comérselo después! ¡además...¿qué ha sido de los otros noventa y nueve alumnos?, ¿eh?, ¿dónde están esos noventa y nueve culos?
-De acuerdo, me habéis cazado, chicos... pero antes de que llaméis a la policía, me gustaría que probaseis un bocado de esto para que me comprendieseis mejor...- los chicos se miraron y dudaron.
-No podéis hablar de una cosa que no habéis probado...
-¡Tampoco probamos las drogas y sabemos que son malas, malas, malas, malísimas!
-Ya, pero los cachetes de Roberson están deliciosos, y no son ninguna droga...- el profesor pinchó el tenedor en un trozo de carne- además, está aliñado con almendras y salsa "al chilindrón"...
-Al chilindrón... mierda... es mi salsa favorita...
-Almendraaas...- los dos se relamían.
-De acuerdo, pero solo porque aún no hemos cenado y tenemos hambre...
-Sí, será sólo un mordisquito...
Los dos muchachos masticaron y tragaron la carne.
-¡Dios está buenísimo! ¡este cabrón de Roberson sabe a gloria bendita!
-¿Podemos dar otro bocado?
-Claro que sí, hijos míos, en las neveras del sótano tengo carne de sobra para una semana
-Está bien, no le denunciaremos, a cambio de que usted nos invite a cenar todos los días...
masticaban felices y sonreían
-Bueno, eso supondrá aumentar la cantidad de piezas, tendré que empezar con los profesores que odio y la clase de segundo B, esos bastardos de inglés...
-¡Cuente con nosotros para despiezarlos, profesor!
Y desde entonces, aquellos dos alumnos, fueron los alumnos más aventajados de la clase de antropología del profesor Wilfrauden. ¡Y aprobaron con nota!.

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8 Agosto 2006

CUENTO 12 - Canción triste del ciber-viejo Andrés

29 de enero de 2003, Sevilla

En el año 3000, (por que el futuro ya no estaba en el 2000), el hombre era mucho más viejo que ahora y también algo más tonto. Las ondas de los antiguos aparatos de televisión, habían reducido el tamaño de su craneo, haciendo inútiles la mayoría de las partes de su cerebro, pensaba muy poco, y actuaba menos aún. Las máquinas se encargaban de todo.
La comodidad y la estupidez habían acabado con todo lo demás, la televisión mandaba y la gente estaba agilipollada hasta tal punto, que habían inventado sofisticados sistemas de limpieza, a través de los cuales no hacía falta ni levantarse del sitio para ir a cagar, todo se hacía en una especie de "ciber-sillones flotantes", y allí, automáticamente, se limpiaba y se reciclaba toda la "ciber-mierda". No se desperdiciaba nada, del culo al cerebro y viceversa...
La tele era el gran negocio, las ciudades estaban infestadas de gigantescas pantallas que retransmitían las 24 horas del día miles de canales a la vez, los libros eran solamente un burdo recuerdo, ya no quedaban ni en los museos, en el canal de cultura salía un tipo que los explicaba:
-Este holograma representa a un libro, una cosa que se utilizaba hace miles de años, ahora lo sustituye la televisión, todo está en la tele, nosotros pensamos por tí, ¡disfruta de la nueva cultura!
Y así todo. Los países tercermundistas seguían siendo la última mierda, pero tenían tele, no quedaba ni un sólo ser inteligente entre los humanos y los monos estaban aprendiendo a hablar.
Los androides soñaban con ovejas eléctricas y el hombre con ver el siguiente programa basura.
El alcohol y las drogas se habían sustituido por la tele, todo era perfecto, y en el trabajo había cadenas que se dedicaban a potenciar el rendimiento de los trabajadores en la producción, cuanto antes acabasen sus compromisos, antes podrían regresar a casa para seguir tragando mierda.
En fín, hasta los monos sabían hablar, ya digo...
Todo el mundo con su puta tele portátil enganchada a la cabeza para caminar, para hacer deporte, para follar, para trabajar, allí no paraba ni dios e incluso los vagabundos preferían un televisor a un buen cartón de vino.
Las jodidas guerras ya no eran una cuestión de petróleo ni de venta de refrescos, ahora se luchaba por las audiencias, y occidente colonizaba países pobres para imponerles sus putos programas y sus presentadores carismáticos de mierda, sus concursos paletos y sus tías tetudas con sonrisa artificial...
Igual que ahora, pero mucho más triste y con cabezas más pequeñitas.
En los "ciber-colegios" se enseñaba a los niños a ser buenos presentadores, buenos productores, buenos directores, buena carne de cañón de las audiencias y por supuesto, buenos picapleitos y buenos comecocos...
Andrés era un viejo del futuro como cualquier otro, agilipollado por la caja tonta, de esos a los que le gustaba dar la brasa a la juventud con el royo de que "en sus tiempos si que había buenos programas y no ahora"...
Había trabajado en el pasado como técnico de iluminación en un programa de lotería nacional, le encantaba fotografiar las bolitas del "ciber-bombo" con colores cálidos que invitaban a la confianza y a creer en la buena suerte, un profesional de la hostia, vamos.
Ahora estaba prejubilado, tenía ciento diez años y se había hecho varios implantes biónicos en la piel y también cambió su sangre en numerosas ocasiones, aparentaba ciento dos...
Andrés vivía sólo en un "ciber-asilo" que se había pagado con los ahorros de toda una vida, todo lleno de "ciber- monitores gigantescos". Él tenía reuniones con jóvenes aspirantes a técnicos de iluminación en su casa los miércoles y los viernes por las tardes. Les soltaba la charlita y les contaba sus hazañas como técnico en el programa de lotería y los trapos sucios de presentadores y azafatas del pasado, todo esto amenizado por los programas que retransmitían las treinta y seis horas(que es lo que duraba un día en el futuro) en las "ciber-pantallas" gigantes del salón.
-Jhonny Monroe sólo veía la tele diez horas al día, era un pringao que iba de listillo, se las daba de intelectual y afirmaba que pasaba veinte horas frente al monitor, pero todo era mentira, le dolía la cabeza constantemente, yo ni siquiera creo que llegara a las diez horas, era un maldito farol...
-¡OOOOOOOOOOOH!- se escandalizaban los jóvenes.
Luego, Andrés les tarareaba y les cantaba la canción de su programa
-"La suerte existe, tralalala, puede ser tuya, tralalala, compra boletos de lotería nacionaaaaal, tralala, tralala..."
Luego, sus discípulos aplaudían, y Andrés les dejaba ver durante una horas las cadenas de pago.
Los robotitos caseros servían refrescos y pastas de marcas patrocinadoras en los programas famosos y todos bebían y comían en una perfecta comunión. Andrés era así, un buen tipo, un gilipollas del futuro.
Un viernes por la tarde, un joven nuevo llegó unas horas antes de lo previsto.
-Las sesiones son de cinco a ocho- le dijo Andrés, observando que no llevaba ningún monitor portátil colgado de su cabeza- Pero puedes pasar y esperar hasta que vengan los demás...
El chaval entró, su cabeza era un poco más grande de lo habitual, aunque no mucho, pero Andrés también se fijó en este detalle.
El robotín sirvió una buena merienda de marca registrada, el chico no hablaba mucho, Andrés lo decía todo, hablaba y hablaba de aquellos maravillosos años en los que él había trabajado como "ciber-técnico" en uno de los millones de programas que había sobre lotería nacional.
El chico tenía una mirada extraña, como si le importara un puto huevo todo lo que le estaba contando Andrés...
El chaval terminó la merienda, echó un vistazo a la estancia y miró a los ojos de la vieja gloria.
Se levantó de improvisto, sacó una "ciber-pistola" de su espalda y empezó a disparar a la cara de Andrés, este cayó fulminado al suelo. La sangre había manchado la "ciber-moqueta" y los caretos de los robotitos. El chico abrió la puerta e hizo pasar a unos cuantos cámaras que esperaban fuera.
-De acuerdo, chaval, te vamos a tomar un plano medio rematándolo, date prisa que la "ciber-policía" ya está de camino...
-Poned un foco rojo al fondo para que la fotografía sea más cálida, tú sigue destrozándole la cara, eso gusta a la gente...
Y el chico empezó a patear la cara destrozada de Andrés.
-¿Qué tal si ahora violas al cadáver?
Y el chaval se folló al cuerpo muerto.
La policía llegó justo después de que el chico terminase, lo esposaron con unas ciber-esposas mientras los cámaras recogían todo el documento, él sonreía. Sabía que al siguiente día sería el principal protagonista del nuevo programa de asesinos jóvenes y rebeldes con la cabeza no tan pequeña del canal 69, en cuanto saliera de la "ciber-cárcel" tendría trabajo seguro, y no como técnico de iluminación, sino como presentador absoluto de alguno de los miles de programas de asesinos de técnicos de iluminación del pasado que fueron famosos.

-

El Tiempo sirvió más alcohol.
Yo necesitaba oír más de lo mismo, aquellos cuentos sin moraleja me estaban resucitando por dentro.
Hasta que punto podíamos llegar a ser imbéciles, el Tiempo me estaba dando respuestas a todas las preguntas que yo no hacía.
Allí, recostado en el sofá, me sentía bien por primera vez en mucho tiempo, y quería sentirme así siempre. Ya sabía que eso no ocurriría, pero era hermoso imaginarlo.
-¿Qué cojones te pasa, tío?, estás totalmente agilipollado... te estoy contando cuentos, no estás viendo la tele...
Sonreí, y el Tiempo también lo hizo.
- Uno de miedo, amigo, destrózame otro género...
-Está bien... este te va a poner los pelillos de los huevos de punta, muchacho, baja un poco la luz y atiende bien porque va a dar comienzo...

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8 Agosto 2006

CUENTO 11 - La última cena, de Lorenzo de Medicci

20 de enero de 2003, Sevilla

-Cojonudo, ese me ha puesto nostálgico...
- Ya... prepárate para uno igual de idiota...
-Estoy preparado, arranca.

-

Como poeta era una mierda, y como escritor peor aún.
Pero Lorenzo de Medicci lo había acogido bajo su mecenazgo y en estos casos ya se sabe...
"El Renacimiento" no era una época muy diferente a la nuestra, de hecho, el ser humano no había avanzado mucho desde que pintó a su primera "mona" en una cueva allá por el Neolítico o el Paleolítico...
El caso es que el tipo estaba de moda, todo el mundo que sabía leer lo leía, los bardos cantaban su poesía y el pueblo llano disfrutaba oyendo aquellos cuentos horrorosos que gustaban porque tenían que gustar...
Umberto Lapringa, así se llamaba el bastardo, el apuesto poeta que conquistó el corazón de los Mediccis, la última adquisición de la casa.
La alta sociedad de la época babeában porque Umberto asistiera a sus fiestas, el clero, la aristocracia, hasta el puto rey. Aunque Lorenzo se guardaba de que aquel sabroso culo fuera sólo suyo...
Una vez, en un banquete en la casa del Papa, Umberto recitó algunos de sus últimos poemas, cuando acabó con el recital, "el pabellón se quería venir abajo", los invitados aplaudieron, Lapringa fue vitoreado, todo se celebró con buen vino y con hermosos faisanes...
Aquello era infumable. Mierda sin sustancia. No se lo creía ni él.
Lorenzo de Medicci enseñó orgulloso a su artista, luego se fueron a casa a follar un rato.
Umberto disfrutaba del chollo que le había caído en gracia, solamente tenía que escribir unas cuantas gilipolleces al día y después a vivir como Dios. Eran tiempos felices.
En una ocasión, Lorenzo celebró una fiesta para pocos invitados en su palacio, quería celebrar el triunfo del poeta fuera de Italia, su lírica mierdosa había conquistado el corazón de los franceses y de los españoles y habían empezado a ganar mucho dinero, sobre todo Lorenzo...
A la fiesta solo acudieron invitados especiales, Rafael y Michelanchelo estaban allí, Leonardo no pudo asistir, porque se encontraba en pleno proceso creativo de una "madonna", había hecho no se qué experimento con los colores y el cuadro le había desaparecido una vez terminado al muy imbécil, tenía que empezar de nuevo. Donatello... bueno, nadie sabía dónde estaba Donatello.
Lo importante era que casi todas "las tortugas ninja mutantes adolescentes" estaban allí.
Lorenzo se encargó de que todos saciaran su sed con vino abundante y cerveza, todos se estaban poniendo "a caldo", la bebida gratis sabe mejor y poco a poco los buenos modales se iban al garete...
-Cantate algo, poeta- le dijo Michellangelo casi borracho y con cinísmo a Umberto.
-Sí, deleitanos, Umberto- le animó Lorenzo de Medicci.
-...O castiganos los oídos, según se mire...-comentó entre risas Rafael a Michelangello.
Umberto oyó el comentario y le sentó mal, pero por respeto o porque aún no había bebido lo suficiente, recitó el poema sin discutir con ninguno de los dos.
Cuando acabó, el pitorreo fue un descaro, Rafael y Michelangello, espurreaban sus risas por lo bajini.
Los dos artistas chocaron sus copas y bebieron.
-Al parecer mis poemas no son del agrado de los invitados...-dijo sarcástico Umberto.
-¡Coño!, ¡pero si sabe hablar también!- contestó Michelangelo y Rafael rió la gracia. Lorenzo callaba y se limitaba a observar la conversación, con las manos unidas a la altura de la boca, ocultando una leve sonrisilla.
- Soy el mejor poeta de mi tiempo, le pese a quien le pese...- dijo Umberto.
-Ya, y Petrarca y Dante escriben con la punta del pijo...- continuó Rafael y las carcajadas inundaron la estancia.
- ¡Vuestro comportamiento ofende a mis sentidos de artista.!..
-Oye, Rafael, ¡vayamos a hacer una escultura de mierda con los versos de este artista!- y rieron y rieron y brindaron de nuevo.
- Don Lorenzo de Medicci, le ruego que me disculpe si me pongo a la altura de estos patanes, pero tengo que defender mi honor- se justificó Umberto ante su mecenas... -¿Qué se puede esperar de un afeminado al que le gustan los pitos pequeños?- dijo atacando directamente a Miguel ¦ngel.
-¿Cómo te atreves, insolente escritorzuelo, artista del tres al cuarto?- Miguel ¦ngel estaba realmente enfadado, y a Rafael le sorprendió aquel ataque por parte de Umberto.
-Eres una maricona, todo el mundo lo sabe, esas pobres mujeres que pintas y que esculpes, todas cuadradas con esas tetas pequeñas y caídas...
-¡¡ESE ES MI TOQUE PERSONAL DE ARTISTA!!
- Sí, ya, y todos esos tipos desnudos, perfectos, sensuales con esos pitos pequeños y esas manazas...
-¡¡TE MATARÉ ESPECIE DE PIOJO CON PLUMA!!- Michelangello se avalanzó sobre el cuello de Umberto y Rafael se apresuró a separarlos.
Umberto golpeó en la cara al autor del David, Rafael recibió un gancho de derecha, luego ambos abofetearon la cara de Umberto... el Medicci hizo sonar una pequeña campanilla que tenía encima de la mesa y puso orden.
-Señores, por favor... si no saben mear el vino no lo beban...- sonreía, y los artistas regresaron a sus asientos.
-¡Ha empezado él! -gritó Miguel ¦ngel.
-¡Mentira, fueron ellos!- repuso Umberto.
-¡El mentiroso lo serás tú!- aulló Rafael.
-¡No, vosotros!
-¡Tú, tú, tú y nadie más que tú!
-¡No, no, no y no!
aquello parecía un parvulario mas que una velada de artistas renacentistas. Umberto continuó desde su sillón:
-¡Y puestos a ser sinceros, el señor Rafael también es una maricona!
-¡No me tires de la lengua, miserable! ¡todos sabemos porque eres ahora el fávorito de Medicci!- se defendió Rafael.
-¡Pues dilo, valiente!
-¡Porque eres una mamona asquerosa y la chupas de maravilla!- arremetió Rafael.
-Mejor dejamos ese tema que nos va a llover mierda encima a todos...- aflojó Michelangello.
En ese preciso momento aparecieron por la puerta Donatello llevando en brazos a Leonardo ambos totalmente ebrios.
-¡Una fiesta en la casa de los Medicci sin Leonardo ni Donatello no es una fiesta!- gritó sonrinte da Vinci.
Lorenzo los invitó a unirse a la fiesta, tropezaron con la mesa y cayeron de boca al suelo, todos rieron, Leonardo volvió hacia la puerta y sacó un cuadro.
-¡Mirad mi última obra! ¡acabo de mandar a la "madonna" a tomar por el culo! se esfuma la muy cabrona cada vez que la pinto, así que ¡ahí queda eso!- Leonardo mostró a los presentes el cuadro de la Gioconda.
-Señor... ¿no es la mujer más fea que hayais visto nunca?- dijo Donatello riendo.
-¿Y quién te dice que es una mujer, subnormal?- gritó Leonardo...
-¿Cómo lo vas a llamar?- preguntó el Medicci.
-Aún no lo sé, pero me gusta "Rostro recién afeitado"...
-Eso no vende, Leonardo... tendrás que pensar otro título...- dijo Lorenzo.
-Así lo haré y ahora... ¡vayamos a comer y a beber como cerdos!- y eso hicieron.
"Maricones..."pensó Umberto cuando vió a los cuatro amiguetes bebiendo juntos, Lorenzo de Medicci le acarició la oreja a Lapringa, y este agachó la cabeza con resignación, y el Medicci, pensó, que la mejor de las obras, era la que él había creado con ellos, al menos la más divertida y se frotó los huevos pensando en el polvete que le pegaría aquella misma noche al poeta más grande del momento.

-

-Estamos graciosos, viejo...
-Estamos graciosos, joven...
Me reí mucho con el último cuento del Tiempo, pero más me reí aún con el que me contó a continuación.

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8 Agosto 2006

CUENTO 10 - Cuatro buenos discos

Era todo cuanto tenía en la vida, cuatro buenos discos.
Herminio Cadalso había sido compositor de música clásica, pero hacía tiempo que no creaba nada en condiciones. De hecho, los trabajos con los que había triunfado, tampoco eran gran cosa, piezas actualizadas de los grandes maestros. Los críticos lo habían aceptado con la misma facilidad con la que lo habían olvidado y ahora sobrevivía haciendo bandas sonoras para películas malas y para algún que otro anuncio en televisión.
Una noche repusieron en el canal cuarenta y dos la película "Amadeus", una buena película. Se sintió identificado con Mozart, él era uno de sus héroes, aunque en lo referente a talento no le llegaba ni a los pelillos de los huevos, Herminio era un hombre sin imaginación.
Se le ocurrió que tal vez él también podía hacer su propio "requiem", su música de difuntos por y para él.
Empezó aquella misma noche, cogió partituras, tinta y pluma y se puso manos a la obra a lo que debía de ser su pieza inmortal, aquello por lo que sería recordado hasta el final de los tiempos.
Pero no salía nada, no podía quitarse de la cabeza los fragmentos del "lacrimosa" y del "confutatis" que acababa de oír en la película. Pensó que mejor al día siguiente, que así tendría la cabeza más despejada y estaría más preparado.
Llegó el día siguiente y tampoco salió gran cosa. Las musas debían de estar cagando...
Al cuarto día Herminio empezó a desesperarse.
Ahora se le había metido en el cráneo la melodía de "Barrio Sésamo" y no podía sacarla de allí.
Todo el rato "la, la, la, la, la, la...", no había manera de trabajar con aquella cancioncilla de por medio.
Herminio odió a "Espinete" y a "la gallina Caponata". Pensó que, quizás, todas sus composiciones las había hecho así, con otras melodías de por medio.
Cogió el abrigo y bajó a la calle a pasear un rato.
Lo que vió en la calle tampoco le inspiró mucho, y la banda sonora de su infancia seguía dale que te pego martilleándole en la cabeza.
Después de un mes Herminio ya no salía a la calle, le había crecido la barba y el pelo, apenas comía y también dejó de lavarse.
Se pasaba las horas delante de aquella partitura en blanco, dibujando a "Blas y Epi" en los márgenes, silbando "Barrio Sésamo".
Estaba bloqueado, muerto por dentro, el requiem de los cojones no aparecía por ningún lado...
Pusó "El Titán" de Gustav Mhaler en su viejo tocadiscos, pero en su mente sólo aparecía "Coco" explicando la diferencia entre "cerca" y "lejos", pusó "La cavalgata de las Walkirias" de Wagner y "Noche en el monte pelado" de Smugowski, todo inútil, su cerebro dibujaba una y otra vez al "monstruo de las galletas" moviendo sus ojos de subnormal azul, devorando y escupiendo galletas como un poseso, "¡¡galletaaaaaas!!, ¡¡galletaaaaas!!"...
Comió un yogurt caducado que le quedaba en la nevera, no le sentó mal al estómago, pero terminó de joderle la mente.
Como si fuera un místico ante una gran revelación, Herminio lo vió todo muy claro...
Subió al viejo desván y buscó entre las cosas de su pasado. Debajo de un montón de libros viejos y de ropa la encontró.
La vieja escopeta repetidora de su padre. Allí estaba, con sus cartuchos y todo.
La limpió con delicadeza, la engrasó, la cargó y se dirigió a la azotea.
Herminio vivía en pleno centro de la ciudad, de modo que no le costó mucho tiempo encontrar gente.
Disparó indiscriminadamente, al cartero, al policía, a la mujer embarazada de la esquina y a su pequeño hijito... no tenía preferencia especial por nadie.
Herminio no era racista, y disparó sobre blancos y negros por igual, las cabezas de los árabes saltaban por los aires, recordó aquellos cuatro buenos discos que le hicieron famoso, este sería sin duda el mejor de todos...
Herminio comenzaba así su particular requiem que casualmente arrancaba con aquellos curiosos acordes, si hombre, aquellos tan famosos... "la, la, la, la, la, la..."

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8 Agosto 2006

CUENTO 9 - La venganza del troll Julián

17 de enero de 2003

-¡Guau! ¡esa si que me ha gustado, cabrón!, vas mejorándolo por momentos...
-Es el alcohol lo que hace que las cosas parezcan mejores, idiota...
A lo mejor tenía razón, me puse triste por un momento, luego volví a sonreír.
+bamos ya bastante cargados, aquello parecía una parodia de "Las mil y una noches", el maldito Tiempo sabía como hacérselo y contaba las cosas de modo que la atención recayese justo donde tenía que recaer, sin resaltar para nada detalles idiotas que no tenían importancia, era un buen narrador, el mejor cuenta cuentos del reino.... y el más borracho también.
-Voy a contarte ahora un cuento de ciencia y de ficción, de fantasía épica... vas a flipar toda la mierda tú sólo...
Y comenzó.

-

El troll Julián, era una criatura de lo más asquerosa, andaba todo el día con el moco colgando y lleno de porquería por todo el cuerpo.
Su aliento hedía a murete y eran pocos los compañeros que se le acercaban.
Los trolls eran unos seres guarros por naturaleza, pero Julián se llevaba la palma. Vivían en las zonas pantanosas de la Región Verde y, como todos los trolls, odiaba a muerte a David el gnomo.
David era un gnomo pequeñito de unos veinte centímetros de estatura y unos noventa y ocho años de edad. Siete veces más fuerte que cualquier ser humano normal y todo lleno de virtudes y bondades, con aquella larga barba de color blanco que tanto sacaba de quicio a Julián.
Odiaba a aquel cabrón porque tenía más amigos que nadie, porque era limpio y a todo el mundo caía bien, lo odiaba porque tenía una pareja estable y fija, lo odiaba porque todos los animalitos del bosque le obedecían sin rechistar, como si fuera un pequeño San Francisco de Asís. Era amigo de todos y siempre andaba haciendo favores a este y al de más allá, mientras que el pobre troll Julián, era solamente un bicho cortito de mente, un subnormal grande que apestaba...
Un buen día, David estaba jodiendo con Lisa, su compañera sentimental, en un claro que habían descubierto hacía poco en el bosque, les gustaba ir allí a mover sus culos, pero David era un gnomo precavido, no me refiero a que usara condones sino a que siempre traía consigo al zorro Listz, su más fiel amigo, este, aguardaba a que acabasen de follar mientras vigilaba atento.
El troll Julián se había percatado de esto, y durante una semana siguió a David en sus jodiendas. Julián se escondía entre la maleza y desde las sombras planeaba su venganza para acabar con aquel gnomo pequeñajo al que tanto odiaba.
Aprovechando un descuido del zorro, Julián le arreó un garrotazo en plena moyera y dejó sus sesos pegados en la porra. Murió en el acto. Tuvo suerte. David y Lisa no se daban cuenta de lo que se les venía encima, ellos continuaban moviendo sus pequeños culos, dichosos y confiados de que su fiel amigo velaba por la seguridad de ambos.
Julián los agarró con sus sucias manos y los mantuvo inmovilizados. Lisa gritaba mucho, de modo que no le dejó otra opción: la metió debajo de su sobaco y automáticamente perdió el conocimiento.
La dejó caer a sus pies y con una sonrisa bobalicona, sorbiéndose el moco, puso a David frente a su cara.
"Por fín eres mío, vas a sufrir muchooo..." , decía, y de nuevo volvía a sonreír.
Primero le arrancó un brazo, lentamente, retorciéndoselo. El crujir de los pequeños huesos y los gritos desesperados del gnomo se mezclaban con los ruidos habituales del bosque.
Luego le arrancó el otro. Después una pierna. Y por último, le arranco la única extremidad que le quedaba atada al cuerpo.
David lloraba, de dolor y de impotencia, no podía creer lo que le estaba pasando, ¿dónde estaban todos sus amigos ahora que los necesitaba?, Julián lo amenazó con pisotearlo si decía una sola palabra, así que David calló, mientras Julián desnudaba a Lisa, aún inconsciente.
-Disfruta del espectáculo, gnomo...- le dijo.
Restregó el moco con su mano a modo de lubricante, luego se la pasó por aquella polla repugnante y llena de microbios que ya tenía en erección, y procedió a penetrar el coño de la pequeña Lisa.
Cuando esta volvió en sí, ya era demasiado tarde, el capullo la estaba desgarrando, intentó gritar, pero Julián empujó con fuerza y la reventó por dentro, vagina, tripas, costillas, boca y ojos, se volvieron una masa sanguinolienta de pellejo que explotaba como un grano.
El troll se corrió, su semen salpicó en la cara a David, pero eso ya no le importaba, nunca antes había sentido tanto dolor junto. En realidad nunca había sentido el más mínimo dolor. David siempre fue feliz. Dejó de llorar, sorbió con su nariz y no le importó que se estuviera desangrando.
-Acaba conmigo de una vez, maldito troll- le dijo a Julián.
Y eso hizo. Empezó a pisotearlo como si fuera una pequeña rata sin patas, de nuevo el crujir de los huesos y la pulpa sanguinolienta.
-Siempre tuve curiosidad por ver de que color eran los gnomos por dentro- dijo Julian, y agarró su bastón y a los restos del zorro Lizst y se los echó al hombro rumbo a los pantanos de la Región Verde.

-

-Eso ha sido muy duro, viejo... -observé triste de nuevo.
-Ya te digo... pregúntale a David el gnomo lo duro que fue...- respondió El Tiempo.
-No me apetece beber más por ahora, siento nauseas...
-Ve a vomitar y empezamos de nuevo.
Obedecí.
-Voy a alegrarte el paladar con una historia menos visceral- me propuso.
Yo me sentía enfermo.

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8 Agosto 2006

CUENTO 8 - Pimporrete y sus muchachos se van de excursión a la vagina de Superwoman

Al Toni, la frase es suya

Esta es un historia dura, dura y sangrienta como lo son todas las historias de guerra...
La batalla había sido larga y estúpida.
Dos de los chicos de la compañía del sargento Pimporrete se habían matado entre ellos por error.
La compañía trescientos veintinueve de zapadores era un desastre, la mayoría de los muchachos eran novatos y el sargento andaba un poco hasta los cojones de todos ellos.
"Menuda panda de subnormales", solía pensar a menudo, "¿porqué tiene que pasarme esto a mí, Señor?"...
Llovía mucho cuando llegaron a la base, metieron a los dos cadáveres en plástico para repatriarlos cuanto antes, el capitán pidió responsabilidades al sargento Pimporrete, este sólo le pudo contar la verdad.
-Señor, esos malditos monos nos atacaron por sorpresa, los soldados Villaespesa y Sánchez se pusieron nerviosos y empezaron a darle al gatillo sin mirar hacia donde disparaban, fue una suerte que sólo murieran ellos dos, señor, murieron como auténticos imbéciles, señor, no existen los héroes en mi batallón.
Esto no es un parvulario, aquí no se viene a jugar, y toda esa panda de... -se contuvo como pudo- ...muchahcos, parece que ni siquiera hayan pasado la instrucción, señor.
-Quiero un informe por escrito para mañana Pimporrete, ¡todos se le mueren a usted, joder!... puede marcharse, sargento.
"Mierda de guerra y mierda de soldados, estos cabrones acabarán jodiendome la carrera..." pensaba mientras caminaba bajo la lluvia.
Aquella noche el sargento Pimporrete no durmió muy bien, el monzón del verano regaba a la jungla sin piedad y la lluvia hacía ruido contra el techo de uralita del barracón de los oficiales.
El destino que tenían al día siguiente no arreglaba mucho las cosas, desactivar minas en una zona muy peligrosa del bando enemigo, Pimporrete se cagó en Dios.
Al medio día estaban en el objetivo.
Los muchachos estaban muy nerviosos.
-Muy bien, quiero que Cruz y Gandía se arrastren unos cuantos metros y que comprueben como está el terreno.- dijo el sargento.
Los soldados no se presentaban.
-¿Se puede saber dónde cojones están Cruz y Gandía?- los dos aparecieron de detras de unos matorrales.
-Señor, creemos que eso puede ser extremadamente peligroso...- dijo Cruz.
-Podríamos morir por mucho cuidado que tengamos... -añadió Gandía.
-¡Pero...! ¡me importa un cojón vuestra opinión!, ¡esto es una maldita orden!¡arrastraos y moved los culos!
-Nos negamos en redondo, señor, ya lo hemos hablado con toda la tropa y nadie va a obedecer sus ordenes, consideramos esta misión un suicidio, por lo tanto hemos decidido que preferimos someternos a un consejo de guerra antes que morir hechos pedacitos, señor.- hablaba Cruz. Pimporrete no podía dar crédito a lo que oía...
-¡Pero...!¡esto es insubordinación! ¡qué clase de maricones estais hechos! ¡sois soldados, cojones!
¡no se viene a la guerra a coger margaritas, hijos de puta!- los soldados permanecían en sus trece y allí nadie movía un dedo.
-¡Mecago en la puta! ¡acabareis todos fusilados contra un paredón, niñatos de mierda!
-Es más rápido y menos doloroso, señor, aquí nadie está dispuesto a morir por nada, ni banderas, ni patrias y muchísimo menos por usted, que es un grosero y además huele mal, señor.- continuó Gandía y el resto de la tropa apoyó la moción con comentarios por lo bajo y asentando con las cabezas.
-¡Hijos de puta! ¿porqué tiene que pasarme esto a mí, Dios mío! ¡jodido maricón misericordioso, dime que esto no está pasando, joder!- clamaba al cielo Pimporrete, pero sus muchachos no movían un dedo.
El sargento agarró su fusil y se fue arrastrándose maldiciendo y cagándose en todo hacia la posición que había señalado a Curz y Gandía, a los diez metros su codo rozó un cable y su cuerpo entero estalló por los aires, la lluvia seguía cayendo sobre los restos humeantes, cuando Cruz fue a recoger lo que quedaba de Pimporrete, aún respiraba, un tronco sin piernas ni brazos y con la masa intestinal calcinada desparramada por la hierba.
-Se lo advertí, sargento, ya le dijimos que esto era muy peligroso...-le dijo Cruz.
-Jodida...jodida mamona...-balbuceó Pimporrete y expiró.
Cruz regresó con el resto de los muchachos que se sentaron bajo un gran árbol, encendieron unos pitillos y sacaron una vieja baraja de cartas para jugar unas partidas al "mus".

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8 Agosto 2006

CUENTO 7 - Una de romanos

...Según parece era el año trescientos antes de Cristo, el Imperio Romano estaba en su mayor apogeo, los romanos eran los dueños y señores de toda la Europa actual y gran parte de África y Asia.
Eran los putos amos y lo tenían todo bajo control.
En aquellos tiempos nadie bebía coca-cola ni comía hamburguesas, tampoco usaban Levi_s, pero todos hablaban latín de mejor o peor modo.
Titus Sullus era de los que lo hablaban bien, hijo de patricios, había sido educado como soldado, y participó en las campañas militares más importantes de la época, salió victorioso de mil y una batallas y ahora por fin se dedicaba a la política, era senador en Roma.
Su cuerpo de fornido guerrero hacía ya algunos años que se había cubierto de grasa, las orgías y el exceso de vino habían dado cuenta de él, y ahora era más un orondo servidor del César, un gordo repugnante al que le gustaban los mancebos más que a un tonto una pluma, que el apuesto centurión que lideraba legiones enteras antaño.
Todos sabemos de la bisexualidad romana, pero Titus Sullus sentía una especial debilidad por los muchachos, adoraba sus culos prietos, cuanto más jovencitos mejor, le encantaba catarlos, tenía a sus favoritos en el burdel, criados desde pequeños especialmente para él, traídos de todos los rincones del mundo, cuando no andaba aprobando leyes andaba rompiendo culos, a todas horas, era un vicioso de cuidado, hasta sus dos hijos y su esposa habían probado en sus carnes el pene gordo del senador...
Soñaba con desvirgar agujeros a todas horas, ya fuera dormido o despierto, tanto era así, que poco a poco fue olvidándose de sus ocupaciones como político y su entretenimiento se convirtió en algo enfermizo, algo que le obsesionaba y para lo que sólo vivía, se volvió delicado y nunca probaba las mismas nalgas más de dos veces...
Su atrevimiento llegó a tal punto que incluso fantaseaba con destrozarle el culo al mismísimo Emperador, se veía a sí mismo agarrado a los laureles del César y embistiendo sin piedad la grupa del primogénito de los dioses...
Titus Sullus parecía un animal en continuo celo, sus conocidos y sus amigos lo evitaban, sus temas de conversación eran siempre los mismos, y algunos ya le tenían miedo, en casa, los esclavos siempre iban pegados de espaldas a la pared, hasta los eunucos temían por sus ojetes, porque si su amo pasaba cerca de ellos sabían lo que les podría suceder, cuando eran follados por segunda vez, suspiraban aliviados, la lujuria se dibujaba constantemente en sus ojos y los rumores de sus vicios llegaron incluso hasta oídos del Emperador que le invitó una noche a palacio para ver que podía hacer por él, ya que en el pasado habían sido amigos y se sentía en deuda con Titus, porque en muchas ocasiones, este le había sacado de apuros en algunas de las campañas militares de antaño.
César había pedido a sus guardias que les dejaran sólos y los dos amigos cenaron dos buenos corderos y el mejor vino traído de las galias.
-Dime, amigo Titus Sullus, ¿es verdad que has abandonado tus ocupaciones políticas como senador?- preguntó el César.
-Oh, Cayo, son exageraciones, tú me conoces bien y sabes que siempre he cumplido con mis obligaciones, es sólo que... -Titus estaba nervioso y ansioso, César lo miraba con rareza.
-¿Qué, amigo mío?- preguntó el Emperador.
-...Que me vuelven loco los culos, oh, César, no puedo vivir sin ellos, me paso el día jodiendo, mi señor...- dijo Titus con preocupación.
-Bueno, a mi también me gustan los culos, querido amigo, pero no podemos dejarnos cegar por el placer, hay más cosas en la vida, como servir con orgullo al Imperio y...
-Para mi ya no, Oh, Cayo, para mí ya no existe nada más...- en ese momento el César cayó sumido de improvisto en un pesado sueño, y era que, Titus, cegado por su enfermedad, había comprado un potente somnífero en polvo en cuanto se enteró de su audiencia con el César, lo había vertido en su copa sin que este se diera cuenta y en cuanto vió a su amigo dormido comenzó a alzarse la toga para cumplir así sus fantasías, sin importarle las consecuencias.
De este modo lo montó, lo montó con tal pasión y durante tanto tiempo, que los efectos de la droga pasaron y el César se despertó con la polla de Titus Sullus metida en el culo.
-¡Guardias! ¡a mi la guardia, por Urano!- gritaba Cayo intentando quitárselo de encima...
cuando los guardias entraron, les costó sudor y lágrimas poder desengancharlos, Titus no paraba de embestirlo, era un perro rabioso que se derramaba una y otra vez en aquel oscuro objeto de deseo...
por fín, uno de los guardias le dio repetidas veces con el escudo en la cabeza y consiguió que Titus perdiera el conocimiento. El culo del César sangraba y nadie comprendía muy bien lo que había pasado.
Ese mismo fin de semana había un espectáculo especial en el Circo de Roma, los leones solamente comerían un único plato, era Titus Sullus, el barrigón vicioso totalmente desquiciado, riendo como un loco, el Coliseo estaba abarrotado, no quedaba ni una sola localidad libre, la reja de los leones se abrió, los animales salieron al patio del circo y todo el mundo pudo ver, todo el mundo incluido el César, pudieron ver como Titus Sullus intentó montar a uno de los leones y como lo consiguió hasta que los otros se le abalanzaron y empezaron a devorarlo.
El dedo gordo de la mano de Titus se introducía en los anos de los animales que le comían vivo mientras dejaban sus despojos desparramados por el suelo, ensuciando a la arena con su sangre, la sangre de Titus Sullus, para mayor gloria del Imperio.

-

-Un tipo perseverante el tal Titus... ¡olé sus cojones!- brindé con El Tiempo.
-¡Porque también le rompan "el orto" al presidente de nuestro gobierno!- añadí después, y brindamos otra vez.
-Como ves, siempre han habido hombres jodidos a lo largo y ancho de la historia, en todos los sentidos que abarca el término- dijo El Tiempo con mucho sarcasmo.
Estuvimos divagando un buen rato, el alcohol y el tabaco mermaban, esto parecía darle mayor inspiración a la hora de contar los relatos, ya andábamos algo borrachos los dos cuando comenzó con la siguiente historia.

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Miguel Ángel Lizaranzu

Lucena, España
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Liza y el escuadrón de 1ºC (por Mori) La cafetería era roja, de madera, con luces cálidas envolviéndolo todo, sonaba una canción en la caja de música, "La carta" de los Enemigos, los clientes sorbían café, las dos camareras charlaban sobre algo sin importancia, hacía una tarde rara y el cielo anaranjado comenzaba a bostezar. En realidad todos estaban comenzando a bostezar, el día lo exigía a gritos.

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