Categoría: Los cuentos que el Tiempo no contó por falta de ídem
8 Agosto 2006
Carolina Semprús abrió los ojos y llenó a su habitación de electricidad estática.
había matado a uno de sus sueños, las siestas y los amaneceres se habían convertido en asesinos impasibles.
aquel había sido bueno, un sueño cargado de la mágica incoherencia que acompaña a dichos acontecimientos.
no pudo salvar sino la viveza de la sensación en los primeros minutos de la mañana, lo demás se iría para siempre, a pesar de que la quinta esencia de la mentira ya formase parte de ella.
En la fiesta que imaginó su cerebro, estaban muchos amigos del pasado, amigos con los que ya no se relacionaba, en una boda, en una celebración de todo lo que se había terminado.
Carolina Semprús estaba en varios planos a la vez, era una diosa que controlaba su sueño, aunque no interfería para nada en los acontecimientos que se sucedían, en las vidas de sus protagonistas, sus queridos amigos muertos...
aquellos queridos amores, aquellos queridos momentos que parecían restregar su perfume por la espalda de Carolina queriendo recrear un delicioso y amargo dolor.
Carolina negó seis veces: "no, no, no, no, no, no..."
y los personajes habitantes de aquel sueño, bailaban y afirmaban con la cabeza, seis, diez, veintiuna veces : "Sí".
una amiga, que devorada por la pasión se olvidó de ella y de su alma, la recogío por sorpresa patinando y la hizo bailar con ella dejando atrás los rencores y los malos momentos, regalándole sonrisas y abrazos, Carolina puede que se sintiera feliz, ya no importaba nada, porque patinaba y bailaba con una magia rencorosa de la que hacía años no sabía nada.
se perdió en los libros que le abrieron los ojos y la martirizaron, volvió a sentir la primera emoción, la primitiva y graciosa emoción de identificarse con extraños, en una "nana", mojada por charcos caleidoscópicos, y la canción continuaba.
en la boda, se casaban una amiga rencorosa y un antiguo amante del que tampoco sabía gran cosa.
cuando Carolina se despertó, el crimen se acababa de cometer.
servido por Miguel Ángel
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8 Agosto 2006
3 de agosto de 2003, Sevilla
...los hombres estaban nerviosos por echarse a la mar, impacientes por sentir al caparazón salado de sus labios.
el navío parecía un tanque blindado, una extraña armadura sin recuerdos, fría, con pocos sentimientos, y el sudor y los picores en la nuca, se esparcían como una epidemia entre la tripulación, entre todos los hombres, novatos y veteranos en el arte de surcar líquidos.
el sol se bañaba con la tarde, las aguas pausadas, el apestoso aliento de los marineros y el gran cadáver de moby dick que se pudría bajo las aguas, toda una indescriptible sensación de no tener nada que perder en la barriga, acompañaban como polizones al principio del viaje.
yo nunca estuve allí, sin embargo, lo imaginaré lo mejor que pueda.
el momento rebosaba la literatura, y todos sabíamos que aquello no duraría mucho, el extraño ferry ya había partido, los hombres: rascando y secándose los sudores y la tarde, nadie sabe aún por qué razón, continuó haciéndose tarde, y al final, firmó como noche.
ninguno de ellos tuvo la menor oportunidad, todos eran marineros por alguna razón que no encajaba, y con o sin callos en las manos, sus miradas decían que eran marineros, hombres nerviosos, muchachos con mal aliento, la bazofia que siempre olvidarían las olas, y las olas siempre olvidaban mucha bazofia.
el viaje arrancaba de mala manera, más de uno acabó vomitando fuego y pus, hombres demasiado blandos para el recorrido que aguardaba, hombres demasiado blancos para un viaje tan soleado...
el tesoro permanecía escondido, ansioso de manos rotas, en el mismo lugar de hacía ya diez siglos, todo lleno de polvo y de arañas, de morbo y de monedas relucientes.
la leyenda ya estaba hecha; tan sólo quedaba "el qué hacer": espabilarse y recoger.
a media noche, en el segundo día de viaje, los marineros tomaron el tentempié del ron más barato que les habían vendido en el puerto, entre tanto delirio, fuego y noche, el loro del capitán les pareció una sirena varada en cubierta, y algunos se masturbaron pensando en ello.
los más nuevos, ebrios de ron, decían con tristeza frases anacrónicas: "los romanos se lo esnifaron todo"...
"ya sé que en nuestro siglo ni hay tesoros ni hay piratas, pero espera con paciencia a que pase la edad media, chico, que fliparás toda la mierda"...
y efectivamente sonó el reloj del tiempo y transcurrió su prudencia.
el saqueo y la piratería, aliados con la realeza británica, inspiraron los relatos más torpes y también los más certeros.
la tripulación, esperaba ansiosa, cualquier palabra amable del capitán, pero también eran conscientes de que esto, jamás ocurriría.
moby dick se pudría entre oxigeno, hidrógeno y sodio, sabía en lo más profundo de su cadáver que lo bueno no era tan malo, si hubiera tenido estos recursos en su época, quizás hubiera desarrollado un poco más el tema del sudor y del picor que siempre tanto odiaba...
lo que en otros tiempos se llamaba "rigor", pasó a confundirse con una fiesta de epilépticos pastilleros, la ballena blanca como sus huesos, en pleno proceso de descomposición, vacía incluso de tripas (y decía la leyenda que sin tripas ya nunca habría corazón...) y con el corazón podrido, imagínense los genitales... el barco avanzaba y la tripulación no, el capitán en su papel de chico malo,
de tipo duro-durísimo, curtido en mil y una batallas, resultó ser al final un maniquí de plástico robado en una tienda de lencería para señoras.
los muchachos se sintieron decepcionados, y el tanatorio líquido, la alfombra de babas que era la mar, no les dio ninguna respuesta, los dejó en la mitad de si misma, con el loro del capitán convertido en fulana sin plumas, las botellas del ron vacías y mil y una noches para echar de menos a la pálida faz de un cetáceo que ni cortaba ni pinchaba nada en estos asuntos.
servido por Miguel Ángel
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8 Agosto 2006
30 junio de 2003, Sevilla
No tenía por que ocurrir nada, pero ocurrió.
El día se había levantado caprichoso, era uno de esos días calurosos, pesados, húmedos y semi-sofocantes.
La velocidad y el tocino se habían aliado para complicar aún más su rareza.
Pero no se quedó ahí la cosa. La situación se volvió más estúpida si cabe.
Los arquitectos pretendían construir ese día las casas por el tejado, frente a la perplejidad de los albañiles que veían impotentes como cada ladrillo que pretendían ubicar en el aire se les caía al suelo una y otra vez, aunque, claro, el patrón es el que manda y miles de ladrillos fueron desperdiciados en aquel día confuso.
Los monarcas del país, en un arrebato inuasual en su casta "casta", abrieron el dormitorio real para que los vagabundos más andrajosos de la capital fornicasen e hicieran sus necesidades en la almoada de la reina, nadie comprendía mucho, pero si lo habían decidido sus majestades, por algo sería.
Judíos y Palestinos firmaron un pacto de intercambio de parejas, los unos se follarían a las mujeres de los otros y viceversa, al día siguiente podría ser el fin del mundo, pero ese día se había levantado de un modo idiota y ni eso ni nada importaba mucho realmente.
Alfredo "el rano", el hombre más "ciego" de la ciudad, no notó gran cosa, para él, lo surrealista era la rutina diaria de cada día, bebía como un cosaco desde las doce del medio día y paraba cuando caía desfallecido al suelo.
Le gustaba oir a los "Ramones", pero como no tenía aparato de música se conformaba con cantar las letras él mismo. Las había memorizado todas en su adolescencia, tenía veintisiete años y desde los dieciseis tarareaba "Sheena is a punk rocker" y "We want the airwaves".
Vivía para beber y bebía para vivir. Alfredo era sencillo, un borracho del copón divino, pero sencillo.
El dinero, aunque fuera poco, lo sacaba de una paga que le daba el estado por inútil.
Había demostrado en los juzgados que era un ser antisocial y que no estaba loco, nadie sabía como lo había hecho, Alfredo tenía mucha labia cuando quería...
El caso era que aunque el día fuese muy tonto, Alfredo no notaba la diferencia.
Había cien monjas con vibradores atados a sus cinturas follandose entre ellas en la parada del autobús, Alfredo pasó por su lado y contempló la escena, le pareció de lo más natural... ni se inmutó, el cabrón...
A eso de las dos y cuarto pasó cerca del palacio real y echó una meada en la almoada de la reina, como si tal cosa, le tocó las tetas a la infanta y se fue a buscar un bar.
Se bebió doce cervezas.
El camarero estaba ahorcado del ventilador y cantaba "María la portuguesa", desde allí, dando vueltas, le decía a Alfredo que se sirviera él mismo y eso hacía.
"No pienso pagarlas", le dijo Alfredo, pero al camarero no parecía importarle mucho.
Desde allí, cogió un autobús que le llevó hacia cualquier lugar, conducía un mono vestido de botones.
Alfredo no pagó el billete, se bajó donde le salió de la polla, y en la misma parada había varios albañiles llorando por la cantidad de ladrillos rotos que recogían del suelo, tampoco le sorprendió esto.
Encendió un cigarrillo y se quemó el bigote con el mechero, después de cagarse en dios, continuó caminando.
"Otro día aburrido", pensó, "voy a beber un poco más", y eso hizo.
El siguiente antro, tenía nombre y apellidos :"Taberna azul de Barba-blanca", otras doce cervezas.
"Si sigo a este ritmo, me fundo la paga en dos días, luego tendría que gorronear y eso sería más difícil..."
A "el rano" le daba mucho coraje gorronear, nadie sabía porqué, ya que le encantaba irse de los bares sin pagar, aún a riesgo de que lo cogieran y le dieran de hostias.
A pesar de que Alfredo "el rano" fuera un hombre difícil de comprender, a la misma hora George Bush Jr. salía en todos los televisores chupandole la polla a los propietarios de unas conocidas marcas de motos y de refrescos, via satélite, pero esto a Alfredo también le sudaba el nabo.
El día mandaba güevos, pero más mandaban los huevos de Alfredo.
Con todo el cebollón en la cabeza, Alfredo no se preguntaba porqué el dueño del "Barba-azul", rodaba una "snuff-movie" en la barra de su garito con público baboso presente ni porqué a la protagonista, una niña de unos diez años, parecía gustarle tanto.
Él cantaba "Blitzkrieg Bop" y además lo hacía bien, la voz de Joey Ramone, no era fácil de imitar.
servido por Miguel Ángel
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8 Agosto 2006
18 de junio de 2003, Sevilla
A las Psicolettes, corto gracioso donde los haya
"Las elegidas hijas de Saturno" eran un grupo de lesbianas frustradas que se dedicaban a la caza y capa del macho.
Unas "zumbadas de la cabeza" que llevaban en sus currículums más de dos mil castraciones en menos de un año.
Tenían a la policía en jaque, y a los cojones de todos los hombres del país en la garganta.
Actuaban por toda la nación y su "modus operandi" nunca seguía ningún plan específico, aunque los resultados siempre eran satisfactorios para aquellos monstruitos ansiosos siempre de más trofeos colgantes.
Con los cojones hacían collares, lámparas y todo tipo de adornos macabros y humillantes que posteriormente vendían en mercadillos portátiles en las ferias del orgullo gay.
La policía nacional había hecho varias redadas y más de doscientos cojones anudados en bolsas de escroto habían sido interceptados en este tipo de eventos clandestinos.
Eran una noticia para el mundo entero, las guerras y los atentados terroristas ya no subían las audiencias de las cadenas de televisión, los programas basura estaban acabados, ahora el morbo estaba servido en las noticias que aportaban a diario "Las elegidas hijas de Saturno".
Lo mismo castraban a un político de las altas esferas que a un pobre vagabundo, negros, blancos, caucásicos, árabes... ningún genital estaba a salvo de la malicia y el rencor que supuraban las navajas de las bolleras del infierno...
Su último golpe había sido de lo más cruel, habían secuestrado al maestro Rocco Siffredi, aprovechando su anunciada retirada como actor de cine porno y su presencia en el último festival de cine erótico de la ciudad condal, nuestras chicas malas se hicieron pasar por ardientes fans del "genio" del cipote, y entre mentiras y más mentiras lo convencieron para llevarlo hasta un motel donde no sólo le privaron de sus dos mejores amigas, sino que además le amputaron el pene y se lo metieron en la boca
El pobre Rocco, impotente y con las muñecas atadas, no pudo sacar el monstruoso pene de su boca y murió asfixiado.
Miles de fans se suicidaron, muchas mujeres lloraron aquella noche, muchos homosexuales, muchos culos... lágrimas y más lágrimas. El mundo entero se vistió de luto durante semanas.
Una gran pérdida sin duda. Aquello estaba yendo demasiado lejos, vale que castrasen a un político importante, a un vagabundo o incluso a un marroquí, pero ¿al gran dios del porno Rocco Siffredi?, no, por dios, por ahí no, señoras mías, ¡por ahí no pasaremos jamás!.
Dejaba atrás a una buena mujer y a tres hijos.
La situación empeoró, cientos de partidas organizadas de ciudadanos temerosos del corte definitivo, se podían observar por las noches en las ciudades, antorchas en mano, persiguiendo y buscando "a la bestia".
"Las elegidas hijas de Saturno", a su vez ganaban nuevas adeptas, mujeres maltratadas, mujeres marginadas por la sociedad, o simplemente mujeres ansiosas por capar hombres se unían a sus filas.
Era un caos, la guerra de los sexos en su máximo apogeo...
Algunos fanáticos se dedicaban a la violación indiscriminada y al arrancamiento de clítoris a mordiscos, la violencia sangraba de nuevo.
Kavin Hleiin sacó unos nuevos calzoncillos con acorazado protector, "cinturon de castidad para hombres", se vendieron millones de ejemplares, pero "Las elegidas hijas de Saturno" también manejaban el soplete, todo era inútil.
El índice de natalidad descendió brutalmente, y las nacidas hembras eran arrojadas a los vertederos por sus padres, temerosos de que las futuras Elektras acabasen convertidas en sus peores enemigos.
Las Chicas habían traído la ley de la selva a la ciudad, la anarquía se apoderaba poco a poco de todos, personas con testículos o sin ellos, por primera vez conocieron de cerca lo que era el miedo... algún que otro empresario aprovechó el tirón y resucitó al espíritu original de los niños cantores de Viena, organizando grandes conciertos de "castratis", pero fue un gran fracaso, la multitud encabronada, tenía cosas mejores en las que pensar que el plantearse asistir a un concierto de capados...
La historia no termina aquí, querido lector, hay miles de páginas para rellenar, pero no seré yo el que lo cuente, quiero que reflexiones sobre el poder de los testículos, el poder de los coños...
la polla que mece la cuna es la polla que domina el mundo. El higo que supura y capa es el higo que controla el mundo. Sed buenas personas, por favor, no me hagáis poner de mala leche. Buenas noches, damas y caballeros.
servido por Miguel Ángel
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8 Agosto 2006
Era un cálido mes de Julio del año 1991, en Baena. Miguel, Alberto y Kiko fumaban a escondidas en una comida campera, en un chalet a las afueras del pueblo, los adultos ya estaban ciegos, y ellos, de unos quince años cada uno, habían robado unas cuantas birras y las saboreaban con el paquete de tabaco que Kiko compró hacía unos días.
Miguel tosía, no sabía tragarse el humo, los otros dos se reían de él.
-Eres un mierda, tío, para ser un auténtico "hombre" tienes que saber fumar bien, yo se hacer incluso circulos...-y Kiko escupió dos bonitos redondelitos de humo.
-¿Os habeis fijado en las tetas que se le han puesto a Begoña?- preguntó Alberto.
Begoña era la hija de uno de los dueños del chalet, la más desarrollada con respecto al resto de jovencitas que había en la fiesta.
-Yo me haría una buena cubana con ellas... -dijo Miguel.
-Cállate, mierdecilla, tú ni siquiera tienes pelos en los huevos... -lo calló Kiko.
-¿Qué no?, ¿y esto qué son?- y Miguel se echó a un lado de la ingle las bermudas y les mostró un manojillo de pelos, los otros dos reían.
-Eso no son pelos, chaval, esto son pelos...- y Alberto sacó un buen manojo florido de ellos por su entrepierna.
-Mierda, me está subiendo la cerveza, vayamos a por más...- Miguel era el más bajito de los tres, aparentaba tener doce años físicamente, le decían "la figurilla que escapó del futbolín", pero le encantaba dárselas de "cabrón" y de "hombre", así que regresó a la fiesta y abrió disimuladamente la nevera, cogió tres "tercios" de cerveza, el padre de Begoña se le acercó.
-Muy pronto empezáis vosotros con "la priva"...
-¿Y...?
-Nada, nada, que la disfrutes, chaval, pero procura no vomitar en el jardín...
"Espero que no lo chive a mis viejos..." pensó Miguel, y regresó junto a sus amigos, en el camino se tropezó con Begoña que le dedicó una bonita sonrisa, su polla golpeó brutalmente en el calzoncillo por dentro, alterado aceleró el paso y se lo contó a los otros dos.
-Tíos, me he cruzado con Begoña, se me ha insinuado, ¡lo juro!, esa perra quiere algo...
-Joder... lo sabía, lo sabía... esa maldita calienta braguetas seguro que quiere chuparmela...- dijo Kiko emocionado.
-Es a mí ha quien se ha insinuado...- agregó Miguel.
-Ella me desea a mí, gilipollas, un tío con tan pocos pelos en la polla no tiene ninguna posibilidad con una tipa como ella...- dijo Kiko.
-Eres un puto marica, me ha mirado a mí, hijodeputa...- Alberto les observaba en silencio.
-Calmaos, mariconas... tengo un plan perfecto para que nos la podamos follar los tres- les interrumpió, Kiko y Miguel guardaron silencio.
Alberto dió un buen trago a la cerveza y repartió tres cigarrillos.
-Me han contado algo que dicen que es infalible...
-¿Quién lo dice?- preguntó Miguel.
-La gente lo dice, subnormal, y la gente sabe de lo que se habla por ahí...
-¿Por dónde?
-Este tío es gilipollas... ¡quieres dejar de interrumpir!- Miguel cerró el pico y Alberto continuó con su propuesta.
-La gente... dice por ahí, que si a una tía le echas aspirinas en la coca-cola se vuelven super cachondas, con unas ganas locas de follar...
-¿Y...?
-...Pues que al primer tío que tienen a mano se lo follan y puedes hacer con ella todo lo que quieras...
-¡Dios!, ¡si eso es verdad podremos joder con esa guarra hasta reventarla!- Se emocionó de nuevo Kiko.
-Eso es, muchachos, eso es...
Miguel dio una fuerte calada al cigarrillo, excitado, nervioso, no se atragantó con el humo.
-Yo me pido darle por culo- sentenció.
-A mí que me la chupe, que me la chupe hasta que se me gaste, ¡qué le salga la leche por las orejas! ¡y luego me la follaré de mil posturas diferentes!- añadió Kiko.
- Lo que queráis, pero como la idea ha sido mía, yo tengo que ser el primero.
Los otros dos dudaron unos momentos, luego aceptaron.
-De acuerdo, ¿pero de dónde vamos a sacar las aspirinas?- preguntó Miguel.
- Diremos que nos duele la cabeza, supongo que habrá algún botiquín por la casa, una vez que tengamos las aspirinas hacemos como que nos las tomamos y luego servimos un vaso de cocacola con las pastillas dentro y se lo ofrecemos a Begoña, ¡hace calor, no puede decir que no!, ¡a ella tienen que gustarle los refrescos por cojones!- dijo Alberto emocionado también.
-¿Y si no le gustan los refrescos?- preguntó Miguel inocentemente.
-¡Pues si no le gustan los refrescos la violamos a la fuerza con su padre delante, mamón!- le respondió Kiko.
-De acuerdo, vamos pues...-
-Pero no olvidéis que el primero soy yo- dijo Alberto y Miguel y Kiko y Alberto terminaron los botellines de un sólo trago.
En el chalet, la gente no se percataba de que los chavales ya iban casi a la misma altura que ellos, sus cuerpos jóvenes y desacostumbrados asimilaban el alcohol peor, por muy poca cantidad que fuera, y estában eufóricos, y seguros de sí mismos, y no tenían miedo a nada en ese momento, y eran "hombres" e iban a hacer lo que tenían que hacer.
Miguel se dirigió a hacia uno de los adultos, "me duele la cabeza, bueno, nos duele la cabeza, no tendréis por casualidad una aspirina?", el adulto, bastante borracho, sonrió.
-¿Demasiada cerveza para unos pipiolos tan chiquitos, no?
-Posiblemente- contestó Miguel serio.
El tipo fue a uno de los servicios que tenía la casa y empezó a rebuscar en el botiquín.
-...Agua Oxigenada...jarabe de la tos...alcohol, vendas, tiritas...esparadrapos... lo siento, chicos, no queda ni una puta pastilla...
Los pies de los tres arañaron las zapatillas deportivas por dentro a la vez que cerraban los ojos.
-No puede ser, hombre, mira bien, seguro que hay aspirinas... mira en los cajones por Dios, nos duele a rabiar, joder, mira bien...- dijo Alberto.
-Os estoy diciendo que no hay aspirinas, coño, no haber bebido, ahora toca joderse, si no sabéis mearla no os la traguéis...- y el tipo se marchó dando camballadas por el salón.
-¡Mecagüen sus muertos!, ¡este cabrón nos ha jodido la fiesta!- dijo Kiko.
-Esto no nos puede pasar a nosotros... ¿da lo mismo si le echamos jarabe en el refresco?- preguntó nervioso Miguel a Alberto.
-... De jarabe no me han dicho nada... no lo sé, joder... vamos a probar...
Kiko trajo un vaso con el refresco, Miguel echó tres dedos de jarabe para la tos con sabor a fresa, Alberto lo removió con una cuchara, y torpes y ansiosos se dispusieron a buscar a Begoña.
La encontraron en el jardín, charlando con sus amigas, sus tetas eran firmes y bien desarrolladas, los tres babeaban.
-Toma, Begoña, un refresquito de Cola, que sabemos que te gusta, para que veas que te cuidamos...-le dijo Kiko en un tono de conquistador patético.
Las otras niñas se reían, pero ellos estaban ciegos y les daba igual, la imagen del chochito prieto de Begoña no se apartaba de sus mentes.
Begoña dió un trago entre risas, los tres esperaban la reacción, estaban empalmados hasta los sobacos y se les notaba...
-¿Muy dulce, no?- dijo Begoña, pero la reacción esperada no era esa, Begoña no se arrodillaba ni les chupaba las pollas.
- Bueno, chicos, me voy, mi padre me lleva en el coche al pueblo, tengo que estudiar, ya nos veremos... ah, y gracias por el refresco.
Y así, Begoña montó en el coche de su padre con sus amigas y saludándolos desde el coche se despidió de los erectos Miguel, Alberto y Kiko.
Media hora más tarde los tres estaban en el depósito de agua municipal haciéndose pajas como locos pensando en lo que pudo haber sido y nunca fué.
-¡AAAh!, ¡Begoña, perra! ¡se que te gusta! ¡muévete más!
-¡Toma, toma! ¡por el culo, por el culo, zorra!
-¡Siii, nena!, ¡trágatelo todo!
Desde aquel día, durante un par de inútiles años más, aparte de preservativos, siempre llevaron tres aspirinas cada uno en el interior de sus carteras. No servían de mucho, pero vacilaba "taco"... Begoña tuvo esa noche una extraña diarrea, suave y dulzona diarrea...
servido por Miguel Ángel
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8 Agosto 2006
23 de abril de 2003
Estaba Miguel de Cervantes pasando más hambre que un tonto en pleno siglo quince, "Las andanzas del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha", había sido un éxito, pero el no veía ni una puñetera moneda y el estómago le rugía por dentro y su única preocupación era dejar de perder peso, porque encima algún gracioso le había sacado una continuación a su libro, y él, hombre orgulloso donde los hubiera, se veía forzado a continuarlo para darle en el hocico a aquel mal nacido, eso le suponía un gran esfuerzo, porque tenía hambre, incluso deliraba, tenía alucinaciones que reflejaba en sus escritos y viajaba al Parnaso con sus poetas preferidos.
Así, fueron muchos los testigos que pudieron ver al ilustre muerto de hambre en Alcalá de Henares, en Sevilla y en las calles de Córdoba hablando sólo.
Eran tiempos difíciles, y ni siquiera trabajar para la corona o haber luchado a las ordenes de su majestad el rey le servían de mucho a un pobre hombre... hombre manco para mayor cruz.
"Tengo hambre..." y esa era la verdad.
Ni siquiera podía pensar en folgar, porque cuando el cuerpo no se nutre, hasta la lívido se pierde, su personaje más conocido, don Alonso Quijano, el bueno, tenía mucho más de autobiográfico de lo que algunos se podían imaginar.
"Algún fi de puta estará sacando provecho de esto, y en tiempos futuros darán premios en mi nombre a gordos y a sebosos que seguramente tendrán el talento en el culo... esas criaturas no sabrán lo que es escribir porque seguramente jamás habrán pasado hambre, y se reirán y serán ricos, y yo aquí comiendome los mocos..."
la gente le observaba, pero no alcanzaban a comprender lo que decía el canijo.
La noche que murió Cervantes, don Quijote se le apareció entre sueños, le dijo algo al oído,... dicen que sonó un último pedo antes de expirar, pero no olía a nada.
servido por Miguel Ángel
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8 Agosto 2006
Todo era más fácil con la lluvia de fondo.
Había demasiada calidad en aquellas palabras, y en ocasiones, el artista no estaba a la altura de ellas.
Cada una parecía tener mil significados por sí sola, aisladas, lejos las unas de las otras, eran una maraña de perfección y él ni siquiera sabía como lo había hecho.
"Soy poeta, pero también soy un borracho, de modo que a veces ocurren estas cosas..." ..."no sé como lo hago, no sé cual es mi secreto..."
La crítica estaba conmocionada, no tenían por donde atacarle, porque aquello era realmente bueno.
Los últimos recitales provocaban todo tipo de emociones en el público, reacciones que iban desde la euforia hasta la más honda tristeza, habían desmayos, gritos, carcajadas, incluso un sector más místico que entraban en éxtasis y tenían todo tipo de revelaciones.
Era indescriptible, era increíble, había que estar allí para vivir semejante experiencia.
El dinero le llegaba a espuertas y las editoriales se peleaban para que el poeta firmase sus contratos de publicación.
Había triunfado, era el amo y señor de la poesía y nadie podía destronarlo, nadie.
Lo copiaban, lo imitaban, pero ninguno estaba a la altura, su arte era EL ARTE, ilimitado, iluminado, eterno, inmortal, el mundo y sus habitantes podían desaparecer, pero aquellas palabras ya nunca se irían, porque formaban parte del universo, eran DIOS.
Era una noche lluviosa, de esas que tanto le gustaban a él, había pasado algún tiempo desde su gran triunfo, y su obra estaba siendo traducida a todos los idiomas, se había casado con una modelo india, la mujer más guapa del mundo según la revista "Vanidosa Fair", era simple, pero estaba muy buena, y el poeta pensaba que se lo merecía todo, hasta los caprichos más refinados.
Esa tarde había bebido a conciencia, había estado tomando copas hasta desfallecer con su grupo de "fans de la muerte", los incondicionales, el grupo de diez personas que le acompañaban y pagaban sus vicios, y también estaba su chica.
Ya de madrugada se quedaron solos en el local, y el poeta con una mierda considerable en el cuerpo le propuso algo.
-¿Sabes?, es mentira eso de que no tengo secreto, sí que lo hay, mi arte tiene truco, preciosa...
¿quieres saber la verdad?... yo te la mostraré... acompáñame...
Salieron del local y cogieron un taxi, el cual les llevó hasta el estudio de trabajo del poeta, donde nadie entraba ni salía a excepción de él.
Pagó el taxi y dejó una propina que superaba el sueldo del mes del taxista.
-Esto es para que invites a tu mujer a cenar...
Entre risas y tropiezos llegaron hasta la puerta, el poeta metió la llave en la cerradura y abrió la puerta, pasaron adentro.
-¡Tachaaán!, he aquí mi santuario, nena, nadie ha puesto jamás sus pies aquí, pero yo te quiero, nena, y por eso te lo cuento... ey, chicos, salid a conocer a mi chica...
Tenía una sonrisa de idiota tatuada en los labios, se encendieron unas luces cálidas, había miles de papeles por toda la estancia, muchos bolígrafos y plumas y tinta china, entonces, desde detrás del escritorio, aparecieron unos curiosos personajes, diez negritos de unos quince centímetros se asomaron tímidamente, la mujer más guapa del mundo no daba crédito a lo que veían sus ojos, "demasiadas drogas", pensó, "seguro que me he pasado con los ácidos...", pero eran reales, aquellas personitas estaban allí, con sus gafas de intelectuales y sus chalecos sin mangas a rombos, tenían pinta de estar enfadados con el poeta.
-Estos son Tom, Miles, Sam, Denzel, Will, Morgan, Sidney, Alexandro, Compay y el viejo Kunta, aunque yo les llamo cariñosamente mis "diez negritos"...
El poeta les tiró un beso.
-Lo sabía... sabía que no podíamos confiar en un borracho de mierda... ¿y sabeis porqué?, porque los borrachos de mierda como este, tarde o temprano la acaban jodiendo...- dijo el viejo Kunta, el negrito más mayor...
-Hijo de puta... ¡lo has echado todo a peder, maldito subnormal!- añadió Denzel.
-Ey, chicos... vamos no es para tanto, es mi chica, ella guardará el secreto... ella es... ¡la mujer más guapa del mundo!, ¡seguro que puede hacerlo!
-¡Sólo tenías que poner la cara, ser un puto figurín y mantener la bocaza cerrada!, pero no, ¡tú tenías que ir más allá!, ¡nos ha jodido este gilipollas!, ¡los humanos lo tienen que fastidiar todo!- dijo Tom.
-¿Son... son extraterrestres?- preguntó la mujer más bonita del mundo...
-Somos diez negritos, puta, somos los mejores artistas de todos los tiempos y tu estás casada con un retrasado de mierda...
-Se acabó, nos marchamos, "las musas" te dicen adiós, a ver como te las averiguas ahora, cabrón, ni siquiera sabes escribir la "O" con un canuto, ya encontraremos a alguien que no sea un pretencioso esnob y que esté a nuestra altura, jódete, mamona...
Los negritos comenzaron a hacer sus pequeños equipajes, el poeta suplicaba.
-Vamos, chicos, no podéis hacerme esto... yo no quería disgustaros, sólo quería presentaros a mi chica, creía que sería una buena idea...no.. no os marchéis por favor... yo...yo...
-¡Aparta de nuestro camino, idiota!, ¡tu aliento apesta a perro muerto!- se indignó Miles.
Los enanitos salieron de uno en uno y en fila india, desapareciendo bajo la cortina de lluvia.
-Chicos, por favoor... lo sientoo- lloriqueaba el borracho, pero los diez negritos ya se habían marchado.
-No puedo creer que acabe de pasar lo que ha pasado...- dijo la guapa.
-¡Pues ha pasado! ¡y todo se ha ido al carajo por tu culpa, perra!- el poeta abofeteó a su chica, luego se fue a un rincón a llorar, acurrucando sobre su propio cuerpo.
-¡Guau!- dijo ella- ¡eso ha sido realmente bueno....!
servido por Miguel Ángel
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8 Agosto 2006
21 de abril de 2003, Sevilla
Rosendo Bomón bajó a la cocina a dar de comer a sus gatos.
Mizifú, Garfield y Fritz lo esperaban ansiosos, Rosendo sacó un par de latas y se las echó en sus cuencos.
"Zafiro", "comida para gatos", las latas más baratas del supermercado, ricas en proteínas y en no sé cuantas chorradas más.
Rosendo probó un poco con una cucharita de café, lo saboreó, y no pareció desagradarle, comió un poco más mientras los animales devoraban lo suyo.
Cuando Rosendo se acomodó en su sofá y encendió la tele, algo extraño comenzó a producirse en su cabeza.
Una voz cálida y suave de mujer empezó a hablarle.
-Rosendo, Rosendo soy yo, Dios...
Rosendo miró hacia ambos lados y a sus espaldas, bajó el volumen del televisor y se quedó inmóvil durante unos segundos.
-¿Qué?...
-Que soy yo, Dios, ¿qué te pasa, hombre, ya te has olvidado de mí?
-¿Cómo?
Rosendo Bomón no comprendía.
-He vuelto, chico, quiero que seas feliz, Rosendo, quiero que tu vida sea una fiesta continua...
Cuando Rosendo era pequeño también oía voces, voces a las que tenía miedo, le resonaban por dentro y le decían lo que tenía que hacer, pero eso fue hace ya mucho tiempo, Rosendo tenía cincuenta y dos años y estaba divorciado y prejubilado, sólo con sus tres gatos en una casucha vieja y destartalada, pero aquella voz era dulce y amigable, incluso sexy, ¿sería realmente aquella la voz de Dios?... Rosendo se empezó a poner cachondo.
-Señor, sigue hablando por favor...
-Tutéame, hombre, ¿sabes?, me caes muy bien, y es por eso que te he elegido a tí para que seas dichoso y feliz y... ¿pero que estás haciendo?, ¡serás cerdo!, ¡deja de manosearte inmediatamente o te dejo de hablar!
Rosendo se guardó el cipote en su pijama.
-¿Te crees que no te veo?, ¿es que acaso ignoras que yo estoy en todas partes?
-Lo siento, Dios, es tu voz... es muy excitante y yo llevo demasiado tiempo sin hembra...
-Mujeres, se dice mujeres, burro, y esa no es razón suficiente para que te pongas a hacerte un pajote, ten un poco de respeto por mí, tan poco es pedir tanto...
-Lo siento de veras...
Los gatitos ya habían comido, observaban con curiosidad como su amo hablaba sólo.
-¿Qué era lo que me estabas diciendo?
-Te contaba que me caes bien, y que por eso te he elegido, voy a hacer que tus sueños se hagan realidad...
-Dios, no te ofendas, pero yo no tengo ningún sueño...
-Alguno habrá por ahí, hombre... a ver, dime que es lo que te apetecería hacer...
Rosendo pensó durante un momento, pero se encontraba en blanco.
-¡Algo querrás hacer, joder! ¡no puedes tener una vida tan vacía y aburrida!
-Lamentablemente es así, mi vida no vale una mierda...
En ese momento sonó el timbre, Rosendo se incorporó y caminó hasta la puerta para observar por la mirilla, era Sebastián, el cartero "vacilón" del distrito, un tipo chulo y desagradable, Rosendo no lo tragaba, era un mal educado.
-¿Y qué me dices de eso, eh, Rosendo?, ¿no es ese Sebastián, el cartero idiota al que tanto odias?, ¿eh?, abrele la puerta a ver que te cuenta ese mamón...
Rosendo obedeció, abrió el pestillo y se encontró cara a cara con el cartero que mascaba chicle y ni siquiera le miraba a los ojos.
-Carta certificada, firme "aquí" y "aquí".
El cartero le sacó unos papeles de correos, ni siquiera le había ofrecido su bolígrafo...
-Agarra a ese cabrón por el cuello y cárgatelo, Rosendo, no merece otra cosa, vamos, hazme caso, si ese tipo le cae mal hasta a Dios, no debe de ser tan malo lo que estas pensando hacer con él...
Rosendo agarró por el cuello al cartero y lo metió con violencia dentro de su casa, el tipo se resistía, pero Rosendo era fuerte y lo tenía bien pillado por las pelotas, cerró la puerta y le golpeó repetidas veces en la cara, luego cogió una cabeza de marmol de Beethoven que tenía sobre una mesita y le machacó la cabeza.
-Muy bien, eso es, ¿te sientes mejor?, ¿eres más feliz ahora, Rosendo?
-¡Si!,¡ Dios, me siento como nuevo..!
-Pues cercionate, hombre, cercionate de que no respira, vamos a la cocina...
Rosendo miró en uno de los cajones de la cocina, cogió un trinchante y regresó al recibidor, empezó a usarlo con el cuerpo tirado del cartero, le daba con mucha rabia y el suelo y las paredes estaban salpicados de sangre.
-¿Qué me dices a eso?, ¿está muerto el tío o no?, ¡muy bien, Rosendo!, ahora que te sientes mejor, ¿qué tal un trago para celebrarlo?, sí, ya sé que dejaste la bebida hace mucho tiempo, pero, ¿acaso no merece este acontecimiento un buen brindis?, ¡pues que sean dos copas!, ¡una por tí y la otra por mí!, ¡muy bien, Rosendo!
Rosendo sirvió whiski en dos vasos anchos y se los trincó del tirón.
-¡Eres el puto amo, Rosendo, el puto amo, sí señor!... ¿qué te apetece ahora?, ¿follar?, ¿fiesta?, ¡tú te lo mereces todo, amigo mío, y yo estoy aquí para servirte!
-Dioos... acabo de matar a un hombre...
-¡Y yo te he dado permiso!, ¿no?, ¡así que nada de remordimientos!, ¡encierra a ese cadáver en el sótano con los tres mininos y no les des de comer en una semana!, ¡verás como ellos darán cuenta de las tripas de ese hijo de puta!
Eso hizo, aunque sintió cierta pena por sus gatos, Rosendo obedeció a la voz de Dios, luego limpió la sangre.
-¿Qué más le apetece hacer a mi elegido?
-Bueno... como te decía, llevo muchísimo tiempo sin pegar un buen polvo y...
-...Y te apetecería echar unos buenos casquetes, ¿no es así?, pues vámonos de fiesta, Rosendo, cámbiate de ropa y agarra el coche.
Dos horas más tarde estaba rondando por las afueras del parque Abraham, la zona de prostitución de la ciudad, Rosendo le había echado el ojo a una mulata y paró después de algunas vueltas junto a ella.
-Hola, guapo, ¿te apetecería que te sacara el alma por la punta del pijo?
-Sube.
Paró el coche en un descampado y la mulata ya había empezado a trabajarle la polla.
Rosendo se corrió al segundo chupetón, eran muchos años sin catar hembra y...
-Tu eres de los rápidos, ¿verdad mi amol?, son tres mil...
-Espera, quiero follarte... follarte por el culo...
-Uy, eso te va a salir algo más caro, quinse mil, y despasito, cariño...
Rosendo sacó el dinero, la chica se bajo las bragas y se subió la corta minifalda, puso un condón al capullo de Rosendo y sacó un bote de vaselina anestésica de su bolso, se lo untó en el culo y comenzó la cabalgada, tampoco duro mucho, al tercer empujón Rosendo se había derramado de nuevo.
-Ha sido un plaser conoserte, mi amol, un plaser muy corto- y la chica empezó a reír mientras se vestía.
-Qué cabrona, ¿vas a dejar que te humille de esa forma, Rosendo?, yo no se lo permitiría... dale a esa zorra su merecido..., y encima se lleva tu dinero...
-¿A dónde crees que vas, puta asquerosa?
Rosendo cogió del cuello a la chica y se lo partió en un sonoro crujido, luego se bajó los pantalones del todo y violó al cadáver.
Cuando terminó guardó su dinero y escondió al cuerpo sin vida entre unos arbustos.
-Ese es mi chico, has hecho lo que debías, y nadie se preocupará porque haya una puta menos en el mundo, Rosendo, monta en el coche y acelera, la noche no ha hecho más que empezar...
La noche, efectivamente siguió, cargada de excesos para Rosendo Bomón, hizo cuanto se le antojó, y con el respaldo de Dios, cuando llegó a su casa al día siguiente, la voz de Dios había desaparecido, y aunque la buscó hasta en los cajones de la cómoda, no apreció, Rosendo se quedó sentado junto al cadáver mordisqueado por sus gatos del cartero vacilón, con un pensamiento en la cabeza...
-Dios... tenías que ser mujer... siempre habéis sido mi ruina, cabrona... perra... puerca...
y se quedó dormido.
servido por Miguel Ángel
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