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La Coctelera

Miguel Ángel Lizaranzu

RELATOS Y POESÍA - - Mantenimiento y actualizaciones: AGUSTÍN LÓPEZ

8 Agosto 2006

02 - Lo que importa no estaba allí

Todo era más fácil con la lluvia de fondo.
Había demasiada calidad en aquellas palabras, y en ocasiones, el artista no estaba a la altura de ellas.
Cada una parecía tener mil significados por sí sola, aisladas, lejos las unas de las otras, eran una maraña de perfección y él ni siquiera sabía como lo había hecho.
"Soy poeta, pero también soy un borracho, de modo que a veces ocurren estas cosas..." ..."no sé como lo hago, no sé cual es mi secreto..."
La crítica estaba conmocionada, no tenían por donde atacarle, porque aquello era realmente bueno.
Los últimos recitales provocaban todo tipo de emociones en el público, reacciones que iban desde la euforia hasta la más honda tristeza, habían desmayos, gritos, carcajadas, incluso un sector más místico que entraban en éxtasis y tenían todo tipo de revelaciones.
Era indescriptible, era increíble, había que estar allí para vivir semejante experiencia.
El dinero le llegaba a espuertas y las editoriales se peleaban para que el poeta firmase sus contratos de publicación.
Había triunfado, era el amo y señor de la poesía y nadie podía destronarlo, nadie.
Lo copiaban, lo imitaban, pero ninguno estaba a la altura, su arte era EL ARTE, ilimitado, iluminado, eterno, inmortal, el mundo y sus habitantes podían desaparecer, pero aquellas palabras ya nunca se irían, porque formaban parte del universo, eran DIOS.
Era una noche lluviosa, de esas que tanto le gustaban a él, había pasado algún tiempo desde su gran triunfo, y su obra estaba siendo traducida a todos los idiomas, se había casado con una modelo india, la mujer más guapa del mundo según la revista "Vanidosa Fair", era simple, pero estaba muy buena, y el poeta pensaba que se lo merecía todo, hasta los caprichos más refinados.
Esa tarde había bebido a conciencia, había estado tomando copas hasta desfallecer con su grupo de "fans de la muerte", los incondicionales, el grupo de diez personas que le acompañaban y pagaban sus vicios, y también estaba su chica.
Ya de madrugada se quedaron solos en el local, y el poeta con una mierda considerable en el cuerpo le propuso algo.
-¿Sabes?, es mentira eso de que no tengo secreto, sí que lo hay, mi arte tiene truco, preciosa...
¿quieres saber la verdad?... yo te la mostraré... acompáñame...
Salieron del local y cogieron un taxi, el cual les llevó hasta el estudio de trabajo del poeta, donde nadie entraba ni salía a excepción de él.
Pagó el taxi y dejó una propina que superaba el sueldo del mes del taxista.
-Esto es para que invites a tu mujer a cenar...
Entre risas y tropiezos llegaron hasta la puerta, el poeta metió la llave en la cerradura y abrió la puerta, pasaron adentro.
-¡Tachaaán!, he aquí mi santuario, nena, nadie ha puesto jamás sus pies aquí, pero yo te quiero, nena, y por eso te lo cuento... ey, chicos, salid a conocer a mi chica...
Tenía una sonrisa de idiota tatuada en los labios, se encendieron unas luces cálidas, había miles de papeles por toda la estancia, muchos bolígrafos y plumas y tinta china, entonces, desde detrás del escritorio, aparecieron unos curiosos personajes, diez negritos de unos quince centímetros se asomaron tímidamente, la mujer más guapa del mundo no daba crédito a lo que veían sus ojos, "demasiadas drogas", pensó, "seguro que me he pasado con los ácidos...", pero eran reales, aquellas personitas estaban allí, con sus gafas de intelectuales y sus chalecos sin mangas a rombos, tenían pinta de estar enfadados con el poeta.
-Estos son Tom, Miles, Sam, Denzel, Will, Morgan, Sidney, Alexandro, Compay y el viejo Kunta, aunque yo les llamo cariñosamente mis "diez negritos"...
El poeta les tiró un beso.
-Lo sabía... sabía que no podíamos confiar en un borracho de mierda... ¿y sabeis porqué?, porque los borrachos de mierda como este, tarde o temprano la acaban jodiendo...- dijo el viejo Kunta, el negrito más mayor...
-Hijo de puta... ¡lo has echado todo a peder, maldito subnormal!- añadió Denzel.
-Ey, chicos... vamos no es para tanto, es mi chica, ella guardará el secreto... ella es... ¡la mujer más guapa del mundo!, ¡seguro que puede hacerlo!
-¡Sólo tenías que poner la cara, ser un puto figurín y mantener la bocaza cerrada!, pero no, ¡tú tenías que ir más allá!, ¡nos ha jodido este gilipollas!, ¡los humanos lo tienen que fastidiar todo!- dijo Tom.
-¿Son... son extraterrestres?- preguntó la mujer más bonita del mundo...
-Somos diez negritos, puta, somos los mejores artistas de todos los tiempos y tu estás casada con un retrasado de mierda...
-Se acabó, nos marchamos, "las musas" te dicen adiós, a ver como te las averiguas ahora, cabrón, ni siquiera sabes escribir la "O" con un canuto, ya encontraremos a alguien que no sea un pretencioso esnob y que esté a nuestra altura, jódete, mamona...
Los negritos comenzaron a hacer sus pequeños equipajes, el poeta suplicaba.
-Vamos, chicos, no podéis hacerme esto... yo no quería disgustaros, sólo quería presentaros a mi chica, creía que sería una buena idea...no.. no os marchéis por favor... yo...yo...
-¡Aparta de nuestro camino, idiota!, ¡tu aliento apesta a perro muerto!- se indignó Miles.
Los enanitos salieron de uno en uno y en fila india, desapareciendo bajo la cortina de lluvia.
-Chicos, por favoor... lo sientoo- lloriqueaba el borracho, pero los diez negritos ya se habían marchado.
-No puedo creer que acabe de pasar lo que ha pasado...- dijo la guapa.
-¡Pues ha pasado! ¡y todo se ha ido al carajo por tu culpa, perra!- el poeta abofeteó a su chica, luego se fue a un rincón a llorar, acurrucando sobre su propio cuerpo.
-¡Guau!- dijo ella- ¡eso ha sido realmente bueno....!

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Miguel Ángel Lizaranzu

Lucena, España
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Liza y el escuadrón de 1ºC (por Mori) La cafetería era roja, de madera, con luces cálidas envolviéndolo todo, sonaba una canción en la caja de música, "La carta" de los Enemigos, los clientes sorbían café, las dos camareras charlaban sobre algo sin importancia, hacía una tarde rara y el cielo anaranjado comenzaba a bostezar. En realidad todos estaban comenzando a bostezar, el día lo exigía a gritos.

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