03 - El último pedo de Miguel de Cervantes no tenía sustancia
23 de abril de 2003
Estaba Miguel de Cervantes pasando más hambre que un tonto en pleno siglo quince, "Las andanzas del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha", había sido un éxito, pero el no veía ni una puñetera moneda y el estómago le rugía por dentro y su única preocupación era dejar de perder peso, porque encima algún gracioso le había sacado una continuación a su libro, y él, hombre orgulloso donde los hubiera, se veía forzado a continuarlo para darle en el hocico a aquel mal nacido, eso le suponía un gran esfuerzo, porque tenía hambre, incluso deliraba, tenía alucinaciones que reflejaba en sus escritos y viajaba al Parnaso con sus poetas preferidos.
Así, fueron muchos los testigos que pudieron ver al ilustre muerto de hambre en Alcalá de Henares, en Sevilla y en las calles de Córdoba hablando sólo.
Eran tiempos difíciles, y ni siquiera trabajar para la corona o haber luchado a las ordenes de su majestad el rey le servían de mucho a un pobre hombre... hombre manco para mayor cruz.
"Tengo hambre..." y esa era la verdad.
Ni siquiera podía pensar en folgar, porque cuando el cuerpo no se nutre, hasta la lívido se pierde, su personaje más conocido, don Alonso Quijano, el bueno, tenía mucho más de autobiográfico de lo que algunos se podían imaginar.
"Algún fi de puta estará sacando provecho de esto, y en tiempos futuros darán premios en mi nombre a gordos y a sebosos que seguramente tendrán el talento en el culo... esas criaturas no sabrán lo que es escribir porque seguramente jamás habrán pasado hambre, y se reirán y serán ricos, y yo aquí comiendome los mocos..."
la gente le observaba, pero no alcanzaban a comprender lo que decía el canijo.
La noche que murió Cervantes, don Quijote se le apareció entre sueños, le dijo algo al oído,... dicen que sonó un último pedo antes de expirar, pero no olía a nada.
