04 - Dolores de cabezas (o Por un puñado de aspirinas)
Era un cálido mes de Julio del año 1991, en Baena. Miguel, Alberto y Kiko fumaban a escondidas en una comida campera, en un chalet a las afueras del pueblo, los adultos ya estaban ciegos, y ellos, de unos quince años cada uno, habían robado unas cuantas birras y las saboreaban con el paquete de tabaco que Kiko compró hacía unos días.
Miguel tosía, no sabía tragarse el humo, los otros dos se reían de él.
-Eres un mierda, tío, para ser un auténtico "hombre" tienes que saber fumar bien, yo se hacer incluso circulos...-y Kiko escupió dos bonitos redondelitos de humo.
-¿Os habeis fijado en las tetas que se le han puesto a Begoña?- preguntó Alberto.
Begoña era la hija de uno de los dueños del chalet, la más desarrollada con respecto al resto de jovencitas que había en la fiesta.
-Yo me haría una buena cubana con ellas... -dijo Miguel.
-Cállate, mierdecilla, tú ni siquiera tienes pelos en los huevos... -lo calló Kiko.
-¿Qué no?, ¿y esto qué son?- y Miguel se echó a un lado de la ingle las bermudas y les mostró un manojillo de pelos, los otros dos reían.
-Eso no son pelos, chaval, esto son pelos...- y Alberto sacó un buen manojo florido de ellos por su entrepierna.
-Mierda, me está subiendo la cerveza, vayamos a por más...- Miguel era el más bajito de los tres, aparentaba tener doce años físicamente, le decían "la figurilla que escapó del futbolín", pero le encantaba dárselas de "cabrón" y de "hombre", así que regresó a la fiesta y abrió disimuladamente la nevera, cogió tres "tercios" de cerveza, el padre de Begoña se le acercó.
-Muy pronto empezáis vosotros con "la priva"...
-¿Y...?
-Nada, nada, que la disfrutes, chaval, pero procura no vomitar en el jardín...
"Espero que no lo chive a mis viejos..." pensó Miguel, y regresó junto a sus amigos, en el camino se tropezó con Begoña que le dedicó una bonita sonrisa, su polla golpeó brutalmente en el calzoncillo por dentro, alterado aceleró el paso y se lo contó a los otros dos.
-Tíos, me he cruzado con Begoña, se me ha insinuado, ¡lo juro!, esa perra quiere algo...
-Joder... lo sabía, lo sabía... esa maldita calienta braguetas seguro que quiere chuparmela...- dijo Kiko emocionado.
-Es a mí ha quien se ha insinuado...- agregó Miguel.
-Ella me desea a mí, gilipollas, un tío con tan pocos pelos en la polla no tiene ninguna posibilidad con una tipa como ella...- dijo Kiko.
-Eres un puto marica, me ha mirado a mí, hijodeputa...- Alberto les observaba en silencio.
-Calmaos, mariconas... tengo un plan perfecto para que nos la podamos follar los tres- les interrumpió, Kiko y Miguel guardaron silencio.
Alberto dió un buen trago a la cerveza y repartió tres cigarrillos.
-Me han contado algo que dicen que es infalible...
-¿Quién lo dice?- preguntó Miguel.
-La gente lo dice, subnormal, y la gente sabe de lo que se habla por ahí...
-¿Por dónde?
-Este tío es gilipollas... ¡quieres dejar de interrumpir!- Miguel cerró el pico y Alberto continuó con su propuesta.
-La gente... dice por ahí, que si a una tía le echas aspirinas en la coca-cola se vuelven super cachondas, con unas ganas locas de follar...
-¿Y...?
-...Pues que al primer tío que tienen a mano se lo follan y puedes hacer con ella todo lo que quieras...
-¡Dios!, ¡si eso es verdad podremos joder con esa guarra hasta reventarla!- Se emocionó de nuevo Kiko.
-Eso es, muchachos, eso es...
Miguel dio una fuerte calada al cigarrillo, excitado, nervioso, no se atragantó con el humo.
-Yo me pido darle por culo- sentenció.
-A mí que me la chupe, que me la chupe hasta que se me gaste, ¡qué le salga la leche por las orejas! ¡y luego me la follaré de mil posturas diferentes!- añadió Kiko.
- Lo que queráis, pero como la idea ha sido mía, yo tengo que ser el primero.
Los otros dos dudaron unos momentos, luego aceptaron.
-De acuerdo, ¿pero de dónde vamos a sacar las aspirinas?- preguntó Miguel.
- Diremos que nos duele la cabeza, supongo que habrá algún botiquín por la casa, una vez que tengamos las aspirinas hacemos como que nos las tomamos y luego servimos un vaso de cocacola con las pastillas dentro y se lo ofrecemos a Begoña, ¡hace calor, no puede decir que no!, ¡a ella tienen que gustarle los refrescos por cojones!- dijo Alberto emocionado también.
-¿Y si no le gustan los refrescos?- preguntó Miguel inocentemente.
-¡Pues si no le gustan los refrescos la violamos a la fuerza con su padre delante, mamón!- le respondió Kiko.
-De acuerdo, vamos pues...-
-Pero no olvidéis que el primero soy yo- dijo Alberto y Miguel y Kiko y Alberto terminaron los botellines de un sólo trago.
En el chalet, la gente no se percataba de que los chavales ya iban casi a la misma altura que ellos, sus cuerpos jóvenes y desacostumbrados asimilaban el alcohol peor, por muy poca cantidad que fuera, y estában eufóricos, y seguros de sí mismos, y no tenían miedo a nada en ese momento, y eran "hombres" e iban a hacer lo que tenían que hacer.
Miguel se dirigió a hacia uno de los adultos, "me duele la cabeza, bueno, nos duele la cabeza, no tendréis por casualidad una aspirina?", el adulto, bastante borracho, sonrió.
-¿Demasiada cerveza para unos pipiolos tan chiquitos, no?
-Posiblemente- contestó Miguel serio.
El tipo fue a uno de los servicios que tenía la casa y empezó a rebuscar en el botiquín.
-...Agua Oxigenada...jarabe de la tos...alcohol, vendas, tiritas...esparadrapos... lo siento, chicos, no queda ni una puta pastilla...
Los pies de los tres arañaron las zapatillas deportivas por dentro a la vez que cerraban los ojos.
-No puede ser, hombre, mira bien, seguro que hay aspirinas... mira en los cajones por Dios, nos duele a rabiar, joder, mira bien...- dijo Alberto.
-Os estoy diciendo que no hay aspirinas, coño, no haber bebido, ahora toca joderse, si no sabéis mearla no os la traguéis...- y el tipo se marchó dando camballadas por el salón.
-¡Mecagüen sus muertos!, ¡este cabrón nos ha jodido la fiesta!- dijo Kiko.
-Esto no nos puede pasar a nosotros... ¿da lo mismo si le echamos jarabe en el refresco?- preguntó nervioso Miguel a Alberto.
-... De jarabe no me han dicho nada... no lo sé, joder... vamos a probar...
Kiko trajo un vaso con el refresco, Miguel echó tres dedos de jarabe para la tos con sabor a fresa, Alberto lo removió con una cuchara, y torpes y ansiosos se dispusieron a buscar a Begoña.
La encontraron en el jardín, charlando con sus amigas, sus tetas eran firmes y bien desarrolladas, los tres babeaban.
-Toma, Begoña, un refresquito de Cola, que sabemos que te gusta, para que veas que te cuidamos...-le dijo Kiko en un tono de conquistador patético.
Las otras niñas se reían, pero ellos estaban ciegos y les daba igual, la imagen del chochito prieto de Begoña no se apartaba de sus mentes.
Begoña dió un trago entre risas, los tres esperaban la reacción, estaban empalmados hasta los sobacos y se les notaba...
-¿Muy dulce, no?- dijo Begoña, pero la reacción esperada no era esa, Begoña no se arrodillaba ni les chupaba las pollas.
- Bueno, chicos, me voy, mi padre me lleva en el coche al pueblo, tengo que estudiar, ya nos veremos... ah, y gracias por el refresco.
Y así, Begoña montó en el coche de su padre con sus amigas y saludándolos desde el coche se despidió de los erectos Miguel, Alberto y Kiko.
Media hora más tarde los tres estaban en el depósito de agua municipal haciéndose pajas como locos pensando en lo que pudo haber sido y nunca fué.
-¡AAAh!, ¡Begoña, perra! ¡se que te gusta! ¡muévete más!
-¡Toma, toma! ¡por el culo, por el culo, zorra!
-¡Siii, nena!, ¡trágatelo todo!
Desde aquel día, durante un par de inútiles años más, aparte de preservativos, siempre llevaron tres aspirinas cada uno en el interior de sus carteras. No servían de mucho, pero vacilaba "taco"... Begoña tuvo esa noche una extraña diarrea, suave y dulzona diarrea...

Mejicana dijo
bah, imberbes malandrines, menos mal que no les funcionó su receta.. guacalaaaaa
En esto no tengo sentido del humor
17 Diciembre 2006 | 07:02 PM