07 - Leyendas de mar y ron barato
3 de agosto de 2003, Sevilla
...los hombres estaban nerviosos por echarse a la mar, impacientes por sentir al caparazón salado de sus labios.
el navío parecía un tanque blindado, una extraña armadura sin recuerdos, fría, con pocos sentimientos, y el sudor y los picores en la nuca, se esparcían como una epidemia entre la tripulación, entre todos los hombres, novatos y veteranos en el arte de surcar líquidos.
el sol se bañaba con la tarde, las aguas pausadas, el apestoso aliento de los marineros y el gran cadáver de moby dick que se pudría bajo las aguas, toda una indescriptible sensación de no tener nada que perder en la barriga, acompañaban como polizones al principio del viaje.
yo nunca estuve allí, sin embargo, lo imaginaré lo mejor que pueda.
el momento rebosaba la literatura, y todos sabíamos que aquello no duraría mucho, el extraño ferry ya había partido, los hombres: rascando y secándose los sudores y la tarde, nadie sabe aún por qué razón, continuó haciéndose tarde, y al final, firmó como noche.
ninguno de ellos tuvo la menor oportunidad, todos eran marineros por alguna razón que no encajaba, y con o sin callos en las manos, sus miradas decían que eran marineros, hombres nerviosos, muchachos con mal aliento, la bazofia que siempre olvidarían las olas, y las olas siempre olvidaban mucha bazofia.
el viaje arrancaba de mala manera, más de uno acabó vomitando fuego y pus, hombres demasiado blandos para el recorrido que aguardaba, hombres demasiado blancos para un viaje tan soleado...
el tesoro permanecía escondido, ansioso de manos rotas, en el mismo lugar de hacía ya diez siglos, todo lleno de polvo y de arañas, de morbo y de monedas relucientes.
la leyenda ya estaba hecha; tan sólo quedaba "el qué hacer": espabilarse y recoger.
a media noche, en el segundo día de viaje, los marineros tomaron el tentempié del ron más barato que les habían vendido en el puerto, entre tanto delirio, fuego y noche, el loro del capitán les pareció una sirena varada en cubierta, y algunos se masturbaron pensando en ello.
los más nuevos, ebrios de ron, decían con tristeza frases anacrónicas: "los romanos se lo esnifaron todo"...
"ya sé que en nuestro siglo ni hay tesoros ni hay piratas, pero espera con paciencia a que pase la edad media, chico, que fliparás toda la mierda"...
y efectivamente sonó el reloj del tiempo y transcurrió su prudencia.
el saqueo y la piratería, aliados con la realeza británica, inspiraron los relatos más torpes y también los más certeros.
la tripulación, esperaba ansiosa, cualquier palabra amable del capitán, pero también eran conscientes de que esto, jamás ocurriría.
moby dick se pudría entre oxigeno, hidrógeno y sodio, sabía en lo más profundo de su cadáver que lo bueno no era tan malo, si hubiera tenido estos recursos en su época, quizás hubiera desarrollado un poco más el tema del sudor y del picor que siempre tanto odiaba...
lo que en otros tiempos se llamaba "rigor", pasó a confundirse con una fiesta de epilépticos pastilleros, la ballena blanca como sus huesos, en pleno proceso de descomposición, vacía incluso de tripas (y decía la leyenda que sin tripas ya nunca habría corazón...) y con el corazón podrido, imagínense los genitales... el barco avanzaba y la tripulación no, el capitán en su papel de chico malo,
de tipo duro-durísimo, curtido en mil y una batallas, resultó ser al final un maniquí de plástico robado en una tienda de lencería para señoras.
los muchachos se sintieron decepcionados, y el tanatorio líquido, la alfombra de babas que era la mar, no les dio ninguna respuesta, los dejó en la mitad de si misma, con el loro del capitán convertido en fulana sin plumas, las botellas del ron vacías y mil y una noches para echar de menos a la pálida faz de un cetáceo que ni cortaba ni pinchaba nada en estos asuntos.
