01 - Dios visita a Rosendo Bomón
21 de abril de 2003, Sevilla
Rosendo Bomón bajó a la cocina a dar de comer a sus gatos.
Mizifú, Garfield y Fritz lo esperaban ansiosos, Rosendo sacó un par de latas y se las echó en sus cuencos.
"Zafiro", "comida para gatos", las latas más baratas del supermercado, ricas en proteínas y en no sé cuantas chorradas más.
Rosendo probó un poco con una cucharita de café, lo saboreó, y no pareció desagradarle, comió un poco más mientras los animales devoraban lo suyo.
Cuando Rosendo se acomodó en su sofá y encendió la tele, algo extraño comenzó a producirse en su cabeza.
Una voz cálida y suave de mujer empezó a hablarle.
-Rosendo, Rosendo soy yo, Dios...
Rosendo miró hacia ambos lados y a sus espaldas, bajó el volumen del televisor y se quedó inmóvil durante unos segundos.
-¿Qué?...
-Que soy yo, Dios, ¿qué te pasa, hombre, ya te has olvidado de mí?
-¿Cómo?
Rosendo Bomón no comprendía.
-He vuelto, chico, quiero que seas feliz, Rosendo, quiero que tu vida sea una fiesta continua...
Cuando Rosendo era pequeño también oía voces, voces a las que tenía miedo, le resonaban por dentro y le decían lo que tenía que hacer, pero eso fue hace ya mucho tiempo, Rosendo tenía cincuenta y dos años y estaba divorciado y prejubilado, sólo con sus tres gatos en una casucha vieja y destartalada, pero aquella voz era dulce y amigable, incluso sexy, ¿sería realmente aquella la voz de Dios?... Rosendo se empezó a poner cachondo.
-Señor, sigue hablando por favor...
-Tutéame, hombre, ¿sabes?, me caes muy bien, y es por eso que te he elegido a tí para que seas dichoso y feliz y... ¿pero que estás haciendo?, ¡serás cerdo!, ¡deja de manosearte inmediatamente o te dejo de hablar!
Rosendo se guardó el cipote en su pijama.
-¿Te crees que no te veo?, ¿es que acaso ignoras que yo estoy en todas partes?
-Lo siento, Dios, es tu voz... es muy excitante y yo llevo demasiado tiempo sin hembra...
-Mujeres, se dice mujeres, burro, y esa no es razón suficiente para que te pongas a hacerte un pajote, ten un poco de respeto por mí, tan poco es pedir tanto...
-Lo siento de veras...
Los gatitos ya habían comido, observaban con curiosidad como su amo hablaba sólo.
-¿Qué era lo que me estabas diciendo?
-Te contaba que me caes bien, y que por eso te he elegido, voy a hacer que tus sueños se hagan realidad...
-Dios, no te ofendas, pero yo no tengo ningún sueño...
-Alguno habrá por ahí, hombre... a ver, dime que es lo que te apetecería hacer...
Rosendo pensó durante un momento, pero se encontraba en blanco.
-¡Algo querrás hacer, joder! ¡no puedes tener una vida tan vacía y aburrida!
-Lamentablemente es así, mi vida no vale una mierda...
En ese momento sonó el timbre, Rosendo se incorporó y caminó hasta la puerta para observar por la mirilla, era Sebastián, el cartero "vacilón" del distrito, un tipo chulo y desagradable, Rosendo no lo tragaba, era un mal educado.
-¿Y qué me dices de eso, eh, Rosendo?, ¿no es ese Sebastián, el cartero idiota al que tanto odias?, ¿eh?, abrele la puerta a ver que te cuenta ese mamón...
Rosendo obedeció, abrió el pestillo y se encontró cara a cara con el cartero que mascaba chicle y ni siquiera le miraba a los ojos.
-Carta certificada, firme "aquí" y "aquí".
El cartero le sacó unos papeles de correos, ni siquiera le había ofrecido su bolígrafo...
-Agarra a ese cabrón por el cuello y cárgatelo, Rosendo, no merece otra cosa, vamos, hazme caso, si ese tipo le cae mal hasta a Dios, no debe de ser tan malo lo que estas pensando hacer con él...
Rosendo agarró por el cuello al cartero y lo metió con violencia dentro de su casa, el tipo se resistía, pero Rosendo era fuerte y lo tenía bien pillado por las pelotas, cerró la puerta y le golpeó repetidas veces en la cara, luego cogió una cabeza de marmol de Beethoven que tenía sobre una mesita y le machacó la cabeza.
-Muy bien, eso es, ¿te sientes mejor?, ¿eres más feliz ahora, Rosendo?
-¡Si!,¡ Dios, me siento como nuevo..!
-Pues cercionate, hombre, cercionate de que no respira, vamos a la cocina...
Rosendo miró en uno de los cajones de la cocina, cogió un trinchante y regresó al recibidor, empezó a usarlo con el cuerpo tirado del cartero, le daba con mucha rabia y el suelo y las paredes estaban salpicados de sangre.
-¿Qué me dices a eso?, ¿está muerto el tío o no?, ¡muy bien, Rosendo!, ahora que te sientes mejor, ¿qué tal un trago para celebrarlo?, sí, ya sé que dejaste la bebida hace mucho tiempo, pero, ¿acaso no merece este acontecimiento un buen brindis?, ¡pues que sean dos copas!, ¡una por tí y la otra por mí!, ¡muy bien, Rosendo!
Rosendo sirvió whiski en dos vasos anchos y se los trincó del tirón.
-¡Eres el puto amo, Rosendo, el puto amo, sí señor!... ¿qué te apetece ahora?, ¿follar?, ¿fiesta?, ¡tú te lo mereces todo, amigo mío, y yo estoy aquí para servirte!
-Dioos... acabo de matar a un hombre...
-¡Y yo te he dado permiso!, ¿no?, ¡así que nada de remordimientos!, ¡encierra a ese cadáver en el sótano con los tres mininos y no les des de comer en una semana!, ¡verás como ellos darán cuenta de las tripas de ese hijo de puta!
Eso hizo, aunque sintió cierta pena por sus gatos, Rosendo obedeció a la voz de Dios, luego limpió la sangre.
-¿Qué más le apetece hacer a mi elegido?
-Bueno... como te decía, llevo muchísimo tiempo sin pegar un buen polvo y...
-...Y te apetecería echar unos buenos casquetes, ¿no es así?, pues vámonos de fiesta, Rosendo, cámbiate de ropa y agarra el coche.
Dos horas más tarde estaba rondando por las afueras del parque Abraham, la zona de prostitución de la ciudad, Rosendo le había echado el ojo a una mulata y paró después de algunas vueltas junto a ella.
-Hola, guapo, ¿te apetecería que te sacara el alma por la punta del pijo?
-Sube.
Paró el coche en un descampado y la mulata ya había empezado a trabajarle la polla.
Rosendo se corrió al segundo chupetón, eran muchos años sin catar hembra y...
-Tu eres de los rápidos, ¿verdad mi amol?, son tres mil...
-Espera, quiero follarte... follarte por el culo...
-Uy, eso te va a salir algo más caro, quinse mil, y despasito, cariño...
Rosendo sacó el dinero, la chica se bajo las bragas y se subió la corta minifalda, puso un condón al capullo de Rosendo y sacó un bote de vaselina anestésica de su bolso, se lo untó en el culo y comenzó la cabalgada, tampoco duro mucho, al tercer empujón Rosendo se había derramado de nuevo.
-Ha sido un plaser conoserte, mi amol, un plaser muy corto- y la chica empezó a reír mientras se vestía.
-Qué cabrona, ¿vas a dejar que te humille de esa forma, Rosendo?, yo no se lo permitiría... dale a esa zorra su merecido..., y encima se lleva tu dinero...
-¿A dónde crees que vas, puta asquerosa?
Rosendo cogió del cuello a la chica y se lo partió en un sonoro crujido, luego se bajó los pantalones del todo y violó al cadáver.
Cuando terminó guardó su dinero y escondió al cuerpo sin vida entre unos arbustos.
-Ese es mi chico, has hecho lo que debías, y nadie se preocupará porque haya una puta menos en el mundo, Rosendo, monta en el coche y acelera, la noche no ha hecho más que empezar...
La noche, efectivamente siguió, cargada de excesos para Rosendo Bomón, hizo cuanto se le antojó, y con el respaldo de Dios, cuando llegó a su casa al día siguiente, la voz de Dios había desaparecido, y aunque la buscó hasta en los cajones de la cómoda, no apreció, Rosendo se quedó sentado junto al cadáver mordisqueado por sus gatos del cartero vacilón, con un pensamiento en la cabeza...
-Dios... tenías que ser mujer... siempre habéis sido mi ruina, cabrona... perra... puerca...
y se quedó dormido.

Maga dijo
ouff qué buena narración. Vivo el estilo y de que sucede sucede... Claro que se sabe que el que se ostentaba Dios era el asqueroso chamuco, que sabe por donde agarrarte...
Un beso
17 Diciembre 2006 | 07:27 PM