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La Coctelera

Miguel Ángel Lizaranzu

RELATOS Y POESÍA - - Mantenimiento y actualizaciones: AGUSTÍN LÓPEZ

8 Agosto 2006

CUENTO 12 - Canción triste del ciber-viejo Andrés

29 de enero de 2003, Sevilla

En el año 3000, (por que el futuro ya no estaba en el 2000), el hombre era mucho más viejo que ahora y también algo más tonto. Las ondas de los antiguos aparatos de televisión, habían reducido el tamaño de su craneo, haciendo inútiles la mayoría de las partes de su cerebro, pensaba muy poco, y actuaba menos aún. Las máquinas se encargaban de todo.
La comodidad y la estupidez habían acabado con todo lo demás, la televisión mandaba y la gente estaba agilipollada hasta tal punto, que habían inventado sofisticados sistemas de limpieza, a través de los cuales no hacía falta ni levantarse del sitio para ir a cagar, todo se hacía en una especie de "ciber-sillones flotantes", y allí, automáticamente, se limpiaba y se reciclaba toda la "ciber-mierda". No se desperdiciaba nada, del culo al cerebro y viceversa...
La tele era el gran negocio, las ciudades estaban infestadas de gigantescas pantallas que retransmitían las 24 horas del día miles de canales a la vez, los libros eran solamente un burdo recuerdo, ya no quedaban ni en los museos, en el canal de cultura salía un tipo que los explicaba:
-Este holograma representa a un libro, una cosa que se utilizaba hace miles de años, ahora lo sustituye la televisión, todo está en la tele, nosotros pensamos por tí, ¡disfruta de la nueva cultura!
Y así todo. Los países tercermundistas seguían siendo la última mierda, pero tenían tele, no quedaba ni un sólo ser inteligente entre los humanos y los monos estaban aprendiendo a hablar.
Los androides soñaban con ovejas eléctricas y el hombre con ver el siguiente programa basura.
El alcohol y las drogas se habían sustituido por la tele, todo era perfecto, y en el trabajo había cadenas que se dedicaban a potenciar el rendimiento de los trabajadores en la producción, cuanto antes acabasen sus compromisos, antes podrían regresar a casa para seguir tragando mierda.
En fín, hasta los monos sabían hablar, ya digo...
Todo el mundo con su puta tele portátil enganchada a la cabeza para caminar, para hacer deporte, para follar, para trabajar, allí no paraba ni dios e incluso los vagabundos preferían un televisor a un buen cartón de vino.
Las jodidas guerras ya no eran una cuestión de petróleo ni de venta de refrescos, ahora se luchaba por las audiencias, y occidente colonizaba países pobres para imponerles sus putos programas y sus presentadores carismáticos de mierda, sus concursos paletos y sus tías tetudas con sonrisa artificial...
Igual que ahora, pero mucho más triste y con cabezas más pequeñitas.
En los "ciber-colegios" se enseñaba a los niños a ser buenos presentadores, buenos productores, buenos directores, buena carne de cañón de las audiencias y por supuesto, buenos picapleitos y buenos comecocos...
Andrés era un viejo del futuro como cualquier otro, agilipollado por la caja tonta, de esos a los que le gustaba dar la brasa a la juventud con el royo de que "en sus tiempos si que había buenos programas y no ahora"...
Había trabajado en el pasado como técnico de iluminación en un programa de lotería nacional, le encantaba fotografiar las bolitas del "ciber-bombo" con colores cálidos que invitaban a la confianza y a creer en la buena suerte, un profesional de la hostia, vamos.
Ahora estaba prejubilado, tenía ciento diez años y se había hecho varios implantes biónicos en la piel y también cambió su sangre en numerosas ocasiones, aparentaba ciento dos...
Andrés vivía sólo en un "ciber-asilo" que se había pagado con los ahorros de toda una vida, todo lleno de "ciber- monitores gigantescos". Él tenía reuniones con jóvenes aspirantes a técnicos de iluminación en su casa los miércoles y los viernes por las tardes. Les soltaba la charlita y les contaba sus hazañas como técnico en el programa de lotería y los trapos sucios de presentadores y azafatas del pasado, todo esto amenizado por los programas que retransmitían las treinta y seis horas(que es lo que duraba un día en el futuro) en las "ciber-pantallas" gigantes del salón.
-Jhonny Monroe sólo veía la tele diez horas al día, era un pringao que iba de listillo, se las daba de intelectual y afirmaba que pasaba veinte horas frente al monitor, pero todo era mentira, le dolía la cabeza constantemente, yo ni siquiera creo que llegara a las diez horas, era un maldito farol...
-¡OOOOOOOOOOOH!- se escandalizaban los jóvenes.
Luego, Andrés les tarareaba y les cantaba la canción de su programa
-"La suerte existe, tralalala, puede ser tuya, tralalala, compra boletos de lotería nacionaaaaal, tralala, tralala..."
Luego, sus discípulos aplaudían, y Andrés les dejaba ver durante una horas las cadenas de pago.
Los robotitos caseros servían refrescos y pastas de marcas patrocinadoras en los programas famosos y todos bebían y comían en una perfecta comunión. Andrés era así, un buen tipo, un gilipollas del futuro.
Un viernes por la tarde, un joven nuevo llegó unas horas antes de lo previsto.
-Las sesiones son de cinco a ocho- le dijo Andrés, observando que no llevaba ningún monitor portátil colgado de su cabeza- Pero puedes pasar y esperar hasta que vengan los demás...
El chaval entró, su cabeza era un poco más grande de lo habitual, aunque no mucho, pero Andrés también se fijó en este detalle.
El robotín sirvió una buena merienda de marca registrada, el chico no hablaba mucho, Andrés lo decía todo, hablaba y hablaba de aquellos maravillosos años en los que él había trabajado como "ciber-técnico" en uno de los millones de programas que había sobre lotería nacional.
El chico tenía una mirada extraña, como si le importara un puto huevo todo lo que le estaba contando Andrés...
El chaval terminó la merienda, echó un vistazo a la estancia y miró a los ojos de la vieja gloria.
Se levantó de improvisto, sacó una "ciber-pistola" de su espalda y empezó a disparar a la cara de Andrés, este cayó fulminado al suelo. La sangre había manchado la "ciber-moqueta" y los caretos de los robotitos. El chico abrió la puerta e hizo pasar a unos cuantos cámaras que esperaban fuera.
-De acuerdo, chaval, te vamos a tomar un plano medio rematándolo, date prisa que la "ciber-policía" ya está de camino...
-Poned un foco rojo al fondo para que la fotografía sea más cálida, tú sigue destrozándole la cara, eso gusta a la gente...
Y el chico empezó a patear la cara destrozada de Andrés.
-¿Qué tal si ahora violas al cadáver?
Y el chaval se folló al cuerpo muerto.
La policía llegó justo después de que el chico terminase, lo esposaron con unas ciber-esposas mientras los cámaras recogían todo el documento, él sonreía. Sabía que al siguiente día sería el principal protagonista del nuevo programa de asesinos jóvenes y rebeldes con la cabeza no tan pequeña del canal 69, en cuanto saliera de la "ciber-cárcel" tendría trabajo seguro, y no como técnico de iluminación, sino como presentador absoluto de alguno de los miles de programas de asesinos de técnicos de iluminación del pasado que fueron famosos.

-

El Tiempo sirvió más alcohol.
Yo necesitaba oír más de lo mismo, aquellos cuentos sin moraleja me estaban resucitando por dentro.
Hasta que punto podíamos llegar a ser imbéciles, el Tiempo me estaba dando respuestas a todas las preguntas que yo no hacía.
Allí, recostado en el sofá, me sentía bien por primera vez en mucho tiempo, y quería sentirme así siempre. Ya sabía que eso no ocurriría, pero era hermoso imaginarlo.
-¿Qué cojones te pasa, tío?, estás totalmente agilipollado... te estoy contando cuentos, no estás viendo la tele...
Sonreí, y el Tiempo también lo hizo.
- Uno de miedo, amigo, destrózame otro género...
-Está bien... este te va a poner los pelillos de los huevos de punta, muchacho, baja un poco la luz y atiende bien porque va a dar comienzo...

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Miguel Ángel Lizaranzu

Lucena, España
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Liza y el escuadrón de 1ºC (por Mori) La cafetería era roja, de madera, con luces cálidas envolviéndolo todo, sonaba una canción en la caja de música, "La carta" de los Enemigos, los clientes sorbían café, las dos camareras charlaban sobre algo sin importancia, hacía una tarde rara y el cielo anaranjado comenzaba a bostezar. En realidad todos estaban comenzando a bostezar, el día lo exigía a gritos.

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