CUENTO 9 - La venganza del troll Julián
17 de enero de 2003
-¡Guau! ¡esa si que me ha gustado, cabrón!, vas mejorándolo por momentos...
-Es el alcohol lo que hace que las cosas parezcan mejores, idiota...
A lo mejor tenía razón, me puse triste por un momento, luego volví a sonreír.
+bamos ya bastante cargados, aquello parecía una parodia de "Las mil y una noches", el maldito Tiempo sabía como hacérselo y contaba las cosas de modo que la atención recayese justo donde tenía que recaer, sin resaltar para nada detalles idiotas que no tenían importancia, era un buen narrador, el mejor cuenta cuentos del reino.... y el más borracho también.
-Voy a contarte ahora un cuento de ciencia y de ficción, de fantasía épica... vas a flipar toda la mierda tú sólo...
Y comenzó.
-
El troll Julián, era una criatura de lo más asquerosa, andaba todo el día con el moco colgando y lleno de porquería por todo el cuerpo.
Su aliento hedía a murete y eran pocos los compañeros que se le acercaban.
Los trolls eran unos seres guarros por naturaleza, pero Julián se llevaba la palma. Vivían en las zonas pantanosas de la Región Verde y, como todos los trolls, odiaba a muerte a David el gnomo.
David era un gnomo pequeñito de unos veinte centímetros de estatura y unos noventa y ocho años de edad. Siete veces más fuerte que cualquier ser humano normal y todo lleno de virtudes y bondades, con aquella larga barba de color blanco que tanto sacaba de quicio a Julián.
Odiaba a aquel cabrón porque tenía más amigos que nadie, porque era limpio y a todo el mundo caía bien, lo odiaba porque tenía una pareja estable y fija, lo odiaba porque todos los animalitos del bosque le obedecían sin rechistar, como si fuera un pequeño San Francisco de Asís. Era amigo de todos y siempre andaba haciendo favores a este y al de más allá, mientras que el pobre troll Julián, era solamente un bicho cortito de mente, un subnormal grande que apestaba...
Un buen día, David estaba jodiendo con Lisa, su compañera sentimental, en un claro que habían descubierto hacía poco en el bosque, les gustaba ir allí a mover sus culos, pero David era un gnomo precavido, no me refiero a que usara condones sino a que siempre traía consigo al zorro Listz, su más fiel amigo, este, aguardaba a que acabasen de follar mientras vigilaba atento.
El troll Julián se había percatado de esto, y durante una semana siguió a David en sus jodiendas. Julián se escondía entre la maleza y desde las sombras planeaba su venganza para acabar con aquel gnomo pequeñajo al que tanto odiaba.
Aprovechando un descuido del zorro, Julián le arreó un garrotazo en plena moyera y dejó sus sesos pegados en la porra. Murió en el acto. Tuvo suerte. David y Lisa no se daban cuenta de lo que se les venía encima, ellos continuaban moviendo sus pequeños culos, dichosos y confiados de que su fiel amigo velaba por la seguridad de ambos.
Julián los agarró con sus sucias manos y los mantuvo inmovilizados. Lisa gritaba mucho, de modo que no le dejó otra opción: la metió debajo de su sobaco y automáticamente perdió el conocimiento.
La dejó caer a sus pies y con una sonrisa bobalicona, sorbiéndose el moco, puso a David frente a su cara.
"Por fín eres mío, vas a sufrir muchooo..." , decía, y de nuevo volvía a sonreír.
Primero le arrancó un brazo, lentamente, retorciéndoselo. El crujir de los pequeños huesos y los gritos desesperados del gnomo se mezclaban con los ruidos habituales del bosque.
Luego le arrancó el otro. Después una pierna. Y por último, le arranco la única extremidad que le quedaba atada al cuerpo.
David lloraba, de dolor y de impotencia, no podía creer lo que le estaba pasando, ¿dónde estaban todos sus amigos ahora que los necesitaba?, Julián lo amenazó con pisotearlo si decía una sola palabra, así que David calló, mientras Julián desnudaba a Lisa, aún inconsciente.
-Disfruta del espectáculo, gnomo...- le dijo.
Restregó el moco con su mano a modo de lubricante, luego se la pasó por aquella polla repugnante y llena de microbios que ya tenía en erección, y procedió a penetrar el coño de la pequeña Lisa.
Cuando esta volvió en sí, ya era demasiado tarde, el capullo la estaba desgarrando, intentó gritar, pero Julián empujó con fuerza y la reventó por dentro, vagina, tripas, costillas, boca y ojos, se volvieron una masa sanguinolienta de pellejo que explotaba como un grano.
El troll se corrió, su semen salpicó en la cara a David, pero eso ya no le importaba, nunca antes había sentido tanto dolor junto. En realidad nunca había sentido el más mínimo dolor. David siempre fue feliz. Dejó de llorar, sorbió con su nariz y no le importó que se estuviera desangrando.
-Acaba conmigo de una vez, maldito troll- le dijo a Julián.
Y eso hizo. Empezó a pisotearlo como si fuera una pequeña rata sin patas, de nuevo el crujir de los huesos y la pulpa sanguinolienta.
-Siempre tuve curiosidad por ver de que color eran los gnomos por dentro- dijo Julian, y agarró su bastón y a los restos del zorro Lizst y se los echó al hombro rumbo a los pantanos de la Región Verde.
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-Eso ha sido muy duro, viejo... -observé triste de nuevo.
-Ya te digo... pregúntale a David el gnomo lo duro que fue...- respondió El Tiempo.
-No me apetece beber más por ahora, siento nauseas...
-Ve a vomitar y empezamos de nuevo.
Obedecí.
-Voy a alegrarte el paladar con una historia menos visceral- me propuso.
Yo me sentía enfermo.

Agustín dijo
Es una historia bastante guarra. Puede ser gracioso reirse de los personajes de nuestra infancia pero lo tuyo parece una obsesión.
Eres un puto obseso.
9 Agosto 2006 | 01:20 PM