Los cuentos del Tiempo - Introducción
11 de febrero de 2002, Sevilla

PREFACIO
Dios es una fabricación del sistema nervioso, como los colores, que tampoco existen
Estaba sentado en un banco del paseo fluvial, la ciudad amanecía y hacía un frío de cojones.
Carlos se me acercó por la espalda con el último litro de calimocho.
-Bebe, poeta- me dijo, él estaba mucho más borracho que yo, encendió un cigarrillo y yo dí un largo trago a la bebida.
-Se acabó el verano... -tosió y escupió en el suelo- este ha sido bueno...
-No ha estado mal- le respondí.
En realidad aquel fue el último verano, aquella había sido la última noche del último verano.
Desde el principio sabía que yo no acabaría bien y tampoco hice nada por evitarlo.
Caminé sólo hasta casa, los alucinógenos empezaron ha surtir efecto, veía rayas perpendiculares, circulos de colores, un gran pitido torturaba a mi cerebro por dentro, no quedaba nada por hacer excepto tumbarse en la cama y morir.
Vomité las mil horas de la noche retrete abajo, adiós, adiós.
Tumbarme en la cama fué aún peor. Vértigo. Todo me daba vueltas, cerraba los ojos pero seguía girando, me puse en pié como pude y me asomé a la ventana, el suelo me llamaba, más vértigo, el suelo me llamaba y mis ojos saltaban desde las cuencas para estrellarse contra el fondo una y otra vez, ensuciandose, llenandose de porquería. No podía respirar muy bien, pitidos en los bronquios, dí un par de aspiraciones al spray contra el asma que tenía en la mesita de noche, mala idea, definitivamente, aquello fue una mala idea, taquicardia, el pulso a mil por hora, miedo, ansiedad, la muerte, la muerte, la muerte...
Por la mañana me temblaba todo el cuerpo, no podía parar, intenté beber un vaso de leche, pero la mitad del contenido fue a parar fuera del vaso, imposible, era un pelele viejo que no podía hacer nada.
No desayuné hasta la noche, el cuerpo no me aceptó nada hasta que oscureció, estaba sólo en casa, mejor así, llamaron varias veces al teléfono, pero no contesté.
Miré mucho rato la bazofia que daban en la tele, había quitado la voz con el mando y me limitaba a mirar las imágenes tontas que se me mostraban mientras pensaba en nada, era una simbiosis total, el vacío devorandolo todo, vacío yo, vacía la tele, vacío mi culo y mi cerebro, vacía la habitación, el mundo vacío...
No quería hacer nada, vivir o morir me daban igual, no quería moverme... permanecí quieto muchas horas.
De madrugada sonó el timbre de la puerta, impertinente, intermitente, muchas veces seguidas, me levanté y me dirigí a abrir, era El Tiempo. Lo dejé entrar. Me contó un cuento.

ana dijo
jolin podrias decirme como puedo poner fotos en mi blog?? snif snif gracias
8 Agosto 2006 | 12:55 PM