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La Coctelera

Miguel Ángel Lizaranzu

RELATOS Y POESÍA - - Mantenimiento y actualizaciones: AGUSTÍN LÓPEZ

16 Agosto 2006

La fosa estrecha de Juan Simón - 3. Veinte euros de diesel

LA FOSA ESTRECHA DE JUAN SIMÓN

Capítulo 3 - Veinte euros de diesel

Habíamos enterrado el cuerpo de Mizifú en el huerto que Fritz tenía en la parte trasera del chalet, junto con los restos de otros cuerpos de jugadores que también tuvieron mala suerte tiempo atrás.
Jugar era sencillo, echar todo en el asador y ganar era otro asunto.
La suerte y la casualidad gastaban siempre sus propias reglas...

Íbamos camino de la ciudad, estaba a pocos kilómetros, conducía yo, un Nissan Almera de segunda mano que me había comprado trabajando los bares, a toda la velocidad que el camino permitía. El vehículo sonaba a gloria, porque aquel era el coche con más trucos en la carrocería y el motor desde el Coche Fantástico.
El cementerio quedó a nuestra derecha, entramos en los polígonos industriales. La ciudad se divisaba al fondo. Sus luces lejanas prometían ciertas cosas, cosas que no comprendíamos muy bien en aquel momento.
Fritz rompió el silencio.
- Ha sido duro.
- ¿Qué quieres decir? - le pregunté.
- Quiero decir que ha sido duro, Mizifú era un gran tipo.
- Ya ha quedado claro lo gran tipo que era - dijo Gran Gordo - ahora tendrá que explicárselo a los gusanos...
Paramos en la gasolinera que existía a la entrada del polígono. Estaba vacía.
Entramos decididos. Gran Gordo pidió veinte euros de diesel. En el pequeño mini-supermercado sólo estaba el empleado. El Gordo le dio el dinero y Félix metió la manguera del surtidor en el depósito del coche. Lo dejó llenándose y entró con nosotros en la pequeña tienda. Hacíamos como que hojeábamos las revistas, el empleado se estaba poniendo nervioso. Un tipo gordo de unos cincuenta y tantos años salió de la puerta de la oficina. Sabíamos quien era. Los cuatro nos fuimos a por él y empezamos a sacudirle. Cuando se cayó al suelo utilizamos las puntas de nuestros pies. El gordo le rompió los huevos. El empleado permanecía paralizado tras el mostrador. Aterrorizado. Sin mover ni un sólo músculo. El viejo se quejaba, nosotros ya habíamos terminado. Gran Gordo le levantó la cabeza y se despidió de él.
- Muérete, hijo de puta... - salimos y subimos al coche.
Y no hubo más conversación a lo largo del trayecto.

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1. Extraño prefacio
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servido por Miguel Ángel 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

pol iménez

pol iménez dijo

Que pasa, hermano soplapollas. Yo me voy a dejar de lamerte el culo y te voy a decir que eres más repetitivo que los cuadros de la virgen. jajajajaja, no te cages en mis muertos, que es una broma cariñosa.

Sigue así, que vas bien, pero dale menos a la cruz que se te nota cuando estás celebrándolo con baco.

Por lo demás, no se que decirte, si nos vemos cada poco y siempre hablamos de cosas relacionadas con tus paridos folios. Ah, veo que te vendo mal a raiz de la poca peña que comentan tus malcriados relatos.

Y si estás leyendo esto y no sabes quien soy, ya te vale...

1 pista: Hasta merzo del 2008 no podrás cagar tus fétidas lentejas en mi coche.

Un beso, chiquitín

14 Septiembre 2006 | 05:54 PM

Maga

Maga dijo

Liza, pasé a darte un abrazo, cuando ya toca a su fin el capítulo 06 de nuestra vida. Mis mejores augurios para ti en el año 07 que andes extático de felicidad y de $$$ que chingaos, también se necesita.

Un beso cariñoso amigo.

p.d. tu amigo del comentario anterior me hizo ruborizar. Dale una buena lección, jejeje.

31 Diciembre 2006 | 08:03 AM

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Miguel Ángel Lizaranzu

Lucena, España
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Liza y el escuadrón de 1ºC (por Mori) La cafetería era roja, de madera, con luces cálidas envolviéndolo todo, sonaba una canción en la caja de música, "La carta" de los Enemigos, los clientes sorbían café, las dos camareras charlaban sobre algo sin importancia, hacía una tarde rara y el cielo anaranjado comenzaba a bostezar. En realidad todos estaban comenzando a bostezar, el día lo exigía a gritos.

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