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La Coctelera

Miguel Ángel Lizaranzu

RELATOS Y POESÍA - - Mantenimiento y actualizaciones: AGUSTÍN LÓPEZ

22 Agosto 2006

La fosa estrecha de Juan Simón - 6. Cuatro jarras de cerveza

LA FOSA ESTRECHA DE JUAN SIMÓN

Capítulo 6 - Cuatro jarras de cerveza

Dejamos allí a La Iguana, con sus andares de chulo y su extraña manía de rascar en el cemento de los ladrillos para cuidar la estética de sus uñas.
Félix guardó el material en el bolsillo derecho de su camisa negra.
Obedeciendo sus consejos, paramos en el primer garito que había justo enfrente de su oficina, pedimos cuatro jarras de cerveza y empezamos a beber y a fumar.

Era un sitio de tapas aquel, pero nosotros entre bebidas no solíamos picar. Un sitio pequeño, pero con mesas enfrente de la barra donde te podías sentar a gusto, todo decorado con azulejos blancos y espejos medianos por encima de las mesas.
Estaba medio lleno, mucho viejo por allí, para mí siempre eran demasiados, viejos o jóvenes, me repugnaba relacionarme con el resto de la gente, aunque sin la presencia de la masa creo que tampoco podría vivir. El camarero era un tipo bajito que no paraba de contar chistes malos a los abuelos, que con ganas o sin ellas, los aplaudían todos. Por lo menos la cerveza era buena, era difícil encontrar una cerveza de barril que fuera buena en aquella zona.

- Creo que esta noche necesitaré un pedazo de coño... - dijo Gran Gordo.
- ¿Con lo de "pedazo" te refieres a un coñazo o a un trocito de coño? - preguntó Félix y reimos la gracia.
- Me refiero a que si no lo encuentro tendré que comprar el de tu hermana, gilipollas - y se rió también Gran Gordo.
Las conversaciones de coños eran las preferidas, había infinitas formas de auto humillarnos con ellas y de camino a todo el género femenino.
- Hay un sex-shop cerca de aquí que venden vaginas vibrantes a muy buen precio, en último caso podemos regalarte una, gordo... - siguió con la broma Félix.

- Que se joda, que se la menee, no pienso gastar mi dinero en un coño de goma para este cabrón-subnormal - dije yo.
- Conocí a unas niñas la otra noche en el Sunset - dijo Fritz - tal vez las encontremos más tarde allí. - Fritz siempre andaba conociendo niñas las noches de antes, por aquí y por allí...
- ¿Desde cuando vas tú por el Sunset? - pregunté, porque el antro era una discoteca carísima llena de niños bonitos que evitábamos siempre que podíamos.
- Cuando las ganas de joder aprietan, ni los culos de los muertos se respetan... - dijo Fritz.
- Sabia conclusión, compadre... sabia conclusión - concluí.
Fritz se había hecho a sí mismo poco a poco, en el colegio lo metieron en la clase de los retrasados, decían que era más tonto que Abundio, aunque sólo él sabía que aquella afirmación no era correcta.
Su padre era vendedor, un desgraciado, era representante de los negocios más inútiles que uno se pueda imaginar, y además era muy malo, tenía una paga del gobierno que recibía por su hijo, aunque Fritz, mas que tonto, era vago.
Un vividor enfermizo que las mataba callando... su falta de reacción ante los estímulos de la vida, lo convertía en sospechoso.
Vivir del cuento, estafar, no hacer grandes esfuerzos, la gente estaba en el mundo para dejarse arrancar el dinero que ganaban trabajando como cabrones, con esa filosofía ganó lo indecible, nunca había problemas de dinero con Fritz, si faltaba, él ponía.

Se hizo vendedor, como su padre, pero a diferencia de este, Fritz si que sabía como hacérselo, en su papel de "soy tonto, yo no sé nada", te podía vender la gilipollez más inútil del mundo como si fuera la novena maravilla. Era el más listo, y si no te andabas con ojo, te la metía doblada.
Los hígados se iban hinchando y los pulmones acrecentaban su número de mocos, las jarras menguaban, al igual que el tabaco, pedimos otra ronda y compramos más paquetes de cigarrillos.
Cada uno fumaba su propia marca, la misma mierda con distintos sabores, a la cerveza no le hacíamos tantos ascos, aunque yo sentía una especial debilidad por la negra.
Una pandilla de mocosos entró en el bar y pidieron varias jarras de submarinos, cerveza con un chupito de tequila y otro de menta en su interior, jugaban "al duro", un juego sencillo y entretenido, ideal para cogerse una buena cogorza. Rápido y barato. Los tipos iban lanzando la moneda contra la mesa por turnos, había unos vasos vacíos dispuestos en círculo, ganaba la partida el que metía la moneda en los vasos, cada vaso correspondía a un jugador, el jugador que recibía la moneda en su vaso tenía que beberse del tirón y con la moneda dentro el contenido, lleno hasta arriba, de alcohol. Si la moneda caía en el vaso del centro del círculo, entonces bebía él o hacía beber a quien quisiera, en pequeñas o en grandes cantidades, te podían tocar hasta siete u ocho vasos llenos para beber del tirón uno detrás de otro.
Yo llevaba años sin jugar, me dieron cierta envidia nostálgica, a su edad yo era todo un campeón.
Se picaban entre ellos, uno, que parecía el más pardillo, se estaba poniendo hasta las cejas, los otros reían, estaba claro que iban a por él.
El chaval no duró mucho, y a la cuarta ronda ya corría para vomitar al servicio.
- Putos niñatos, se creen que lo saben todo... - sentenció Gran Gordo. No hice ningún comentario, sabía que los putos críos éramos nosotros hacía unos cuantos años, y ahora tampoco sabíamos gran cosa, sabíamos como atarnos los cordones de los zapatos porque nos lo habían enseñado, sabíamos que si no comíamos no cagábamos, poco más, pero siempre quedaba bien soltar comentarios como el que había hecho Gran Gordo a una determinada edad, para marcar el territorio, para hacerse respetar. Sensación de poder y de seguridad. No servían para nada más.
El chavalito regresó del baño con la cara descompuesta, lo sentaron a su lado y le encendieron un cigarrillo en los labios, le colgaba como un salivajo, su cabeza apoyada contra la pared nada sabía ya.
El camarero dejó de contar chistes y se quedó mirando fijo hacia la mesa de los chavales. Entró en el servicio y oímos como tiraba de la cadena.
Apuramos las jarras, apagamos los cigarrillos y nos fuimos hacia otro lugar.

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1. Extraño prefacio
2. La ruleta rusa
3. Veinte euros de diesel
4. Gran Gordo


5. La Iguana, nuevas sensaciones

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1 comentario · Escribe aquí tu comentario

Moyano

Moyano dijo

Ole, Ole y Ole.
Vaya blog guapo. Ya era hora de que mi poeta maldito preferido tuviera su sitio en la red.
El rey de las noches perras nunca defrauda con su mundo lírico. Los que lo conocemos sabemos que aparte de eso es un crack como persona, siempre con una sonrisa para todo caminante de la noche y con una genialiadad para compartir.
Un fuerte abrazo para el poeta raro y para Agustín Junior.
MMoyano

23 Agosto 2006 | 06:25 PM

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Miguel Ángel Lizaranzu

Lucena, España
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Liza y el escuadrón de 1ºC (por Mori) La cafetería era roja, de madera, con luces cálidas envolviéndolo todo, sonaba una canción en la caja de música, "La carta" de los Enemigos, los clientes sorbían café, las dos camareras charlaban sobre algo sin importancia, hacía una tarde rara y el cielo anaranjado comenzaba a bostezar. En realidad todos estaban comenzando a bostezar, el día lo exigía a gritos.

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