La fosa estrecha de Juan Simón - 8. Pleamar
LA FOSA ESTRECHA DE JUAN SIMÓN
Capítulo 8 - Pleamar
Empezó a preocuparme la manera insistente en la que Gran Gordo chasqueaba su mechero.
Me acerqué a él y le susurré mientras Félix y Fritz charlaban.
- ¿Te pasa algo, gordo?
- Ya se me pasará.
Si el gordo se ponía nervioso, podíamos tener problemas. De momento, todo iba bien, aún no se había prendido fuego a los brazos...
- Voy a dar una vuelta.
- Vale, te esperamos aquí.
Gran Gordo salió por la puerta principal. Ninguno de nosotros lo acompañó. Ya vendría.
Pedí otra cerveza triple, sin copa esta vez, y nos fuimos hacia el centro, donde mejor sonaba la música.
En la pantalla del televisor salían imágenes de videos, no eran musicales, eran mezclas de imágenes de películas clásicas que el camarero y dueño del garito había compuesto en exclusiva para sus clientes.

La música había cambiado, sonaba "Un buen día" de "Los Planetas", era la única canción que me gustaba del grupo, había tenido suerte... el cantante parecía que cantara con una polla metida en la boca. Todo muy "cool"...
En la tele, se alternaban "Nosferatu" con "Taxi driver", algunas escenas de dobles penetraciones de cine porno "gonzo" y flashes del final de "Casablanca", seguro que "Los Planetas" no encontraban un video clip mejor para su canción.
Al fondo, en una mesa, se habían sentado un grupo de tías que no estaban nada mal. Reían todo el tiempo. Yo bailaba y las miraba mientras daba sorbos a mi botella de cerveza.
- Esto tiene buena pinta - dijo Félix.
- La que tú le quieras poner - le siguió Fritz.
- ¿De qué cojones estáis hablando? - pregunté.
- De la noche, hermano, de esta jodida noche... me gusta que estemos aquí, juntos... bueno, falta el gordo, pero no tardará mucho en venir...
Félix dio un trago a su bebida. Intuía de lo que hablaba, pero sólo a medias. Me gustaba nuestra actitud, la sensación de superioridad frente al resto, sin complicaciones, sin remordimientos.
- El gordo ya está tardando en volver.
- Vendrá, no te preocupes, entero o echo pedazos, pero volverá.
Fritz tenía razón, me estaba comportando como una madre preocupada.
Tenía miedo de que el gilipollas de Gran Gordo montara la fiesta antes de tiempo.
Sin decir nada me fui hasta la mesa de las niñas, Félix y Fritz permanecían de fondo, observándome en silencio, me senté al lado de una de ellas y me presenté. Besos y saludos.
- Nosotros también estamos solitos, ¿os importa si mis amigos se sientan con nosotros?
Seguían riendo entre ellas, tenían un buen pavazo enganchado en sus cuellos. Eran cinco, y las cinco estaban buenas.
- Diles que se vengan, siempre es bueno conocer a gente nueva, ¿no? - dijo una de ellas.
No le cuestioné la gilipollez, y les hice señas a Fritz y a Félix para que se acercaran. Se presentaron y se sentaron entre ellas, yo me puse al lado de la morena que más me gustaba, Pleamar, a su lado estaba Begoña, justo al lado de Félix, que se había situado entre ella y Nuria, después Fritz, y a su izquierda las dos restantes, Janisa y Marta.
Faltaban Gran Gordo y Mizifú, hubiera sido un número exacto, perfecto, cinco coños para cinco nabos... pero no quería pensar en eso, me concentré en darle conversación a la tal Pleamar, las otras cuatro eran entretenidas por el resto de Casanovas.
Venían de fuera, estaban de paso en la ciudad, como estudiantes, sus novios se habían quedado en casita, una vez al mes salían juntas y se lo pasaban de miedo.

Perfecto. Pintaba bien el futuro, y el servicio de los tíos tenía máquina de condones con sabores exóticos.
- ¿A qué te dedicas? - le pregunté, la típica pregunta imbécil, para romper hielos y hacerme el gracioso...
- Estudio magisterio de educación especial - dijo Pleamar.
- Podrías hacer las prácticas con nosotros... - le dije, pero la broma no pareció sentarle muy bien.
Pedí disculpas, le hablé del humor negro en general, de los chistes racistas y machistas, pero a ella, eso no le hacía gracia, de modo que me disculpé de nuevo. Se encendió un cigarrillo, no conocía la marca.
Dijo que ese tipo de humor era de gente frustrada, aburrida, y quizás tuviera razón, pero a mí me gustaba. Fingí lo contrario. Había metido la pata, de modo que recogí sedal. Siguió hablándome de su maldita carrera y de todas las cosas que teníamos que aprender de los disminuidos síquicos.
A cada comentario que hacía, se me venían a la cabeza miles de chistes crueles, era una lástima que no estuviéramos en la misma onda. Nos hubiéramos reído mucho.
Luego empezó a hablarme de su novio, me estaba empezando a poner nervioso.
No sé la charla que estarían aguantando Fritz y Félix, pero a ellos se les daba bastante mejor que a mí eso de ligar, los oía reír de fondo, y a ellas también.
El novio de Pleamar era poeta, y le habían publicado algo en revistas literarias de cierto renombre, bueno, en realidad estudiaba también, derecho, y sacaba las mejores notas de su promoción. Seguramente aquel cabrón venía de una larga tradición de familias de abogados, supongo que ser poeta en esas condiciones debía de ser algo muy fácil. Di gracias porque no me recitara nada de su obra.
- Voy a pedir, ¿quieres algo?
- Negrita cola - hizo ademán de sacar dinero de su bolso.
- Invito yo, ¿vale?, no es machismo, es que hoy, y solamente hoy, se me sale la pasta por las orejas...

Sonrió y le pedí uno de sus cigarrillos. No estaba mal, una marca nueva. Di unas caladas y me fui hacia la barra.
- Negrita cola y Grimbergen triple sin vaso.
El camarero y dueño del garito me sirvió, pagué la bebida, llegué hasta el lado de Pleamar y le entregué su copa.
- ¿A qué te dedicas tú?
- Bueno, a mi favor te diré que no estudio derecho ni escribo poesía - sonrió de nuevo - que trabajo en esto y en aquello, que no siento celos de los novios de las niñas que acabo de conocer y que hoy estoy recién cobrado, ¿te parece bien?
- Bien, me parece perfecto.
Interrumpió la charla la risa histérica de Nuria.
- ¡No me lo puedo creer! ¡estos tíos son la hostia! - y continuó riendo. Félix y Fritz me miraban con mirada de complicidad.
- Tus amigos parecen hacer muy buenas migas con las niñas...
- Y eso que no estamos todos... faltan Gran Gordo y Mizifú...
- ¿Vendrán luego?
- Es posible que Gran Gordo vuelva dentro de un rato, pero Mizifú... no, Mizifú no.
- ¿Por qué?
- Porque está de viaje.
- Oh.
Me quedé mirándola un rato, era hermosa.

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1. Extraño prefacio
2. La ruleta rusa
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4. Gran Gordo
5. La Iguana, nuevas sensaciones
6. Cuatro jarras de cerveza
7. Cerveza, destilados, música y charla
