La fosa estrecha de Juan Simón - 9. Risotadas
LA FOSA ESTRECHA DE JUAN SIMÓN
Capítulo 9 - Risotadas
Yo no era muy guapo físicamente, ni alto ni bajo, sencillamente yo. Mis ojos azules ganaban todas las partidas, ellos trabajaban por mí, no me movía mucho yo, ellos lo hacían todo.
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Mi pelo era de un rubio oscuro, poco más, con estas dos cualidades, el tópico hacía el trabajo sucio, fácil lo difícil, posible lo imposible, así de vago era yo.
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Pleamar era un poco más bajita, llevaba tacones, delgada desde la cabeza hasta la cintura, el pelo liso, largo y negro, su piel era morena y los ojos eran de un verde tan intenso que le iluminaban la cara. Era hermosa de veras.

Tenía aspecto de gitana, los labios y el pecho pequeños, pero la naturaleza o su puta madre la habían agraciado con unas caderas que quitaban el hipo, se levantó al servicio y pude observar su culo con precisión... parecía hecho para darle puñetazos, firme y duro, echo para tocar el tambor hasta el amanecer. ¡Menudo culazo tenía Pleamar!...PUM-PUM-PUM-PUM-PUM... PUM-PUM...PUM. tacatá.
Sentí una ligera erección pensando en lo que podría hacer con ese cuerpo.
Pleamar regresó del servicio.
-¿Vives con tus padres? - me preguntó.
- Que va, vivo en el infierno con estos dos capullos, hoy era nuestro día libre... - me regaló su sonrisa otra vez - en realidad vivo sólo en un estudio, desde hace cinco años - crucé las piernas y me calcé una pose interesante, con todo el cuerpo estirado hacia atrás, me regaló otra sonrisa, algo torcida esta vez, la estaba impresionando...
- ¿Tú?, ¿vives con tus padres?.
Por el momento así era, hasta que terminara la carrera, compartía piso en la ciudad con dos de sus amigas también estudiantes, Nuria y Janisa. La una Farmacia y la otra Psicología.
A cada trago que le daba a su cubata me parecía más interesante. Dejó de lado los temas de la educación especial y el de su novio - poeta - abogado... era una buena señal.
Estaba listo para meter la quinta marcha.

Nuria y Janisa interrumpieron con sus risas. Yo estaba en otro plano. Me sacaron de él violentamente. Las odié por ello.
- ¡Hey!, ¿qué haceis vosotros ahí solos?, ¡integráos en la conversación! ¡esto es lo más interesante que he oído en mucho tiempo! - no quedaron más cojones que arrimarse a la candela. Félix les estaba hablando de cine y de cultura barata en general, les hablaba de la pornografía en tiempos de los griegos y de los romanos, de las esculturas y de las pinturas que no salían en los libros de texto, y Fritz apoyaba la moción. Con su cara de no haber roto un plato en su vida soltaba comentarios sarcásticos que hacían brotar las carcajadas de las chavalas. Los comentarios de Félix parecían interesantes, pero sólo lo parecían.

- Tengo yo una enciclopedia sobre Pompeya en la que aparecen esculturas increíbles - decía mientras se tocaba la cajita de anillos de pedida con los terroncitos dentro, en el bolsillo derecho de su camisa negra.
- Un tipo desnudo con un pollón enorme, y debajo unos enanitos le sostienen el aparato, los símbolos fálicos eran señal de salud y buena suerte en aquella época, y cuanto más enormes mayor la felicidad...
Las niñas reían como descosidas.
- ¡Me lo compro por un euro! - gritaba Fritz, y las risas se hicieron escandalosas e insoportables.
- Se le dan bien los temas de pollas al Félix - interrumpí en el mismo tono de broma, pero Félix me miró como diciendo "¿qué cojones dices, tío?".
- En el buen sentido, claro está, maricón es el que recibe y a él le gusta dar siempre... - las chicas se descojonaron, algunas lloraban de la risa, Félix siguió la broma y Fritz continuó diciendo "¡me lo compro por un euro!", yo miraba a los ojos de Pleamar, su sonrisa era privada, sólo para mí.
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1. Extraño prefacio
2. La ruleta rusa
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4. Gran Gordo
5. La Iguana, nuevas sensaciones
6. Cuatro jarras de cerveza
7. Cerveza, destilados, música y charla
8. Pleamar

Vodka Solo dijo
Si los sombreros estubieran de moda llevaría uno, sino dos, y, ahora, me lo quitaría.
29 Agosto 2006 | 12:06 AM