La fosa estrecha de Juan Simón - 11. Punk Rock
LA FOSA ESTRECHA DE JUAN SIMÓN
Capítulo 11 - Punk Rock
La pelea nos había quitado a todos el puntito que llevábamos de alcohol. El subidón de adrenalina que nos produjo no era cosa de risa.
Había que empezar otra vez. Buena terapia. Ninguno se quejó por los golpes, se nos daba bien hacer de chicos duros. El pómulo escocía como sus muertos y no sería ni la primera ni la última vez. Pensé por unos momentos en la cara de Pleamar. El pensamiento desapareció rápido. Después me vino a la cabeza la cara de Mizifú. "¡Más copas!", había que buscar más copas. Había que hacer desaparecer esos pensamientos.
- ¿Guardas todavía la mierda en el bolsillo? - preguntó gran gordo a Félix.
Se palpó el bolsillo derecho de su camisa negra y afirmó con la cabeza.
- Vale, guárdalo ahí...

Entramos en "Tank Dominion", otro pub barato. El sitio era una calle peatonal decorada con barricadas y fotografías de la primera guerra
mundial, máscaras antiguas y maniquíes que simulaban ser soldados en plena contienda bélica. Música punk. Los "G.A.S. drummers" a toda hostia.

Cacharros y cerveza triple. No había triple. Pedí una "Optimo Bruno". Tampoco. O de barril o "Samichlaus". Perfecto, llevaba años sin probarla. Creía que ya no la hacían. La cerveza con más grados del mundo. Dieciseis.
Me la sirvieron en una jarra de cerámica helada. A esta, había que degustarla como al buen vino, despacito y sin prisas. Deliciosa. Cara, diez euros, sin problemas. Pagaba Gran Gordo.

Los chicos bebieron sus destilados. Sonó otra canción. "P.P.M."
La camarera tenía todo un tipazo. Una rubita con mechas, con una minifalda que nunca se acababa. Simpática, entregada a su trabajo. No paraba de servir copas, aquello estaba atestado de gente. Siempre demasiada.
Bailamos. La música seguía sonando.
- Se caga de gusto la perra - dijo Fritz.
Todavía eran las doce y cincuenta de la noche. Sí que habíamos empezado temprano.
Otra ronda y otra.
- Este sitio apesta bien - dijo Félix.
- Más o menos como el coño de tu hermana - le siguió Gran Gordo. Reímos. Charlamos embriagándonos cada vez más.
- Esta noche dormimos en mi chalet - dijo Fritz.
- ¿Dormir?, ¿qué coño es eso? - pregunté.
- Una necesidad fisiológica - respondió Félix - como comer o cagar...
- Me cago en tus necesidades fisiológicas - dije entre risas.
- Ahí lo tienes... - dijo Félix.
- Deberíamos pensar en follar, follar, no en dormir, sin pagar a ser posible - interrrumpió Gran Gordo.

- Si lo hacemos a tu manera, acabaremos rascándonos el bolsillo - le dije yo.
- Sin problemas - y sacó un fajo de billetes de cincuenta y de cien euros.
- Guárdate eso, mamona, a ver si la vamos a tener aquí también...
- Eso estaría bien... eso estaría realmente bien - el gordo empezó a vociferar enseñando el fajo con el puño en alto - ¡al que tenga cojones de quitármelos, aquí están! ¡vamos!, ¡se admiten apuestas! - algunos miraron, no todos, y Fritz le agarró el brazo chitandole para que bajara la voz.
- Es broma, tíos, es broma... - susurraba Gran Gordo.
- Contigo no valen esas cosas, ni con nosotros, gordo... compórtate, luego nos partimos la cara tú y yo... - le dijo Félix.
- Tú a mí no me duras ni media hostia, cabrón... - le dijo el gordo con una sonrisa maliciosa, siendo consciente de aquella verdad.
- Lo sé, lo sé... - le dijo Félix sonriendo suavemente.
- La camarera es hermosa, ¿creéis que le gustaría un tipo como yo? - nos preguntó el cabrón de él.
- La chica está ocupada, gordo, no la jodas con tus chorradas...
- Sólo será una pregunta - dijo.
Se acercó hasta la barra y la llamó, la chica estaba sirviendo copas, se giró a lo lejos y le preguntó.
- ¿Dime?
- ¿Te parezco atractivo?
- ¿Qué? - seguía en lo suyo - ¿otra copa?
- ¿Te parezco atractivo?
Ella no entendía, servía copas. Le hizo señales con las manos de que no le oía. Levantó la voz : "¿te parezco atractivo?", ella servía y servía.

- ¡Qué si te parezco guapo, zorra! - la chavala no le hacía ni puto caso, el gordo se giró hacia nosotros hablando consigo mismo - yo sé que soy atractivo, puta, yo lo sé, soy el más guapo, con eso basta... no necesito tus favores, cerda de mierda...
- Gordo, controla, hostias... estamos aquí contigo, relájate... - me repetía como un disco rayado, pero por una vez las palabras surtieron efecto.
- ¡Lo sé!, ¡y os quiero, hijoputas! - se abrazó a nosotros y le seguimos el movimiento.
La chavala me miró a los ojos, su mirada me dijo que lo había oído todo, le hice un gesto con la cabeza señalando la de Gran Gordo, ella puso un gesto de "no pasa nada", y nos fuimos hacia uno de los laterales. Gran Gordo estaba amable y relajado, se había convencido a sí mismo de que era el tío más guapo "desde allí hasta el este del Pecos". Y bailamos entre nosotros, aprovechando la ventaja que ofrecía la música de los "Ramones" que a todos gustaba.
Entradas anteriores
1. Extraño prefacio
2. La ruleta rusa
3. Veinte euros de diesel
4. Gran Gordo
5. La Iguana, nuevas sensaciones
6. Cuatro jarras de cerveza
7. Cerveza, destilados, música y charla
8. Pleamar
9. Risotadas
