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La Coctelera

Miguel Ángel Lizaranzu

RELATOS Y POESÍA - - Mantenimiento y actualizaciones: AGUSTÍN LÓPEZ

12 Septiembre 2006

La fosa estrecha de Juan Simón - 13. Silencio

LA FOSA ESTRECHA DE JUAN SIMÓN

Capítulo 13 - Silencio

La camarera se acercó y nos llamó la atención, Félix pidió disculpas, dijo que no volvería a pasar.
La camarera regresó a la barra.
Nos miramos en silencio. Esperando a que Gran Gordo saliera del servicio.
El silencio era tan insoportable que casi se masticaba.
No quería estar allí en aquel momento, no quería que ocurriera aquel momento.
Pensé en la maldita cara de Mizifú, y recordé un extraño episodio de nuestra infancia.

Yo tendría alrededor de los doce años.

Él unos diez. Ese día estábamos los dos solos, no sé dónde coños estaban los demás. Le estaba enseñando nuestro escondite secreto. Una casa ruinosa a pocos kilómetros del barrio. De niños solíamos ir a jugar allí, a romper botellas, a pelear con otros chavales, a prender fuego y a esconder revistas y cómics pornográficos. Mizifú era el infante de la pandilla, el pequeño, pero aprendía muy rápido...
Le estaba enseñando unas revistas que guardábamos bajo una pila de maderas, él se había sentado en el suelo y yo me quedé mirándolo. Nuestras miradas se cruzaron un instante. Entonces Mizifú se me acercó y me besó los labios. Fue un beso largo. Sin lengua.

Le di un empujón y lo aparté de mí, "¿qué coño haces?", estaba tirado en el suelo mirándome a los ojos, asustado, yo no paraba de hacerle la misma pregunta una y otra vez, ¿qué coño se creía que hacía?, le golpeé la cara, no lloraba, le di otro hostión, y otro, y otro.

Salía sangre de sus labios y sus mejillas se pusieron rojas como tomates maduros, pero no lloraba. Yo estaba furioso, porque aquel beso me había gustado, y Mizifú era hermoso, el más hermoso de los seres humanos. Nadie sabía si era un niño o una niña. Tenía que golpearle otra vez. La mano me temblaba.

Cuando Mizifú llegó a su casa, dijo que se había caído de un árbol.
No entendía porque aquellos pensamientos regresaban a mi cerebro después de tanto tiempo. Pero allí estaban. Y también vino Gran Gordo del servicio.
Yo seguía pensando en aquel primer beso de mi vida, con la misma jodida confusión que sentí la primera vez.
Gran Gordo venía sin copa, con la cara mojada.

- Pedimos otra y nos vamos a meter la mierda de "La Iguana".
Nadie se opuso.

La gente bailaba, la "new punk generation", llena de mariquitas almidonadas, adolescentes vivarachos buscando el sentido de la vida...
Bebimos otra más. Había humo en el ambiente. Humo de tabaco y de porros. El humo que supuraban los cuerpos y el humo que emanaba el propio calor de los estertores del aire.
Parecía que la noche se había puesto el disfraz, el de los tugurios y los cristales rotos. El resto, permanecíamos esparcidos por el suelo, entre las colillas aplastadas.
La copa me supo a mierda esta vez.

Entradas anteriores
1. Extraño prefacio
2. La ruleta rusa
3. Veinte euros de diesel
4. Gran Gordo


5. La Iguana, nuevas sensaciones

6. Cuatro jarras de cerveza

7. Cerveza, destilados, música y charla


8. Pleamar

9. Risotadas


10. Movida en el Sunset


11. Punk Rock

12. Una pareja de conocidos

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Maga

Maga dijo

Liza:dice Jung que en el incosciente colectivo existe un arquetipo llamado "Anima" que es de tipo femenino y que todos somos bisexuales por naturaleza, ya que en un principio al formarnos en el vientre de la madre, nuestra sexualidad es indiferenciada y después cuando nos ponen los zapatitos rosas o azules, empieza nuetro modelado como niños o niñas. Te suena? entonces nuestra identidadsexual es de tipo social, según las características físicas.
Hmm, bueno el asunto es que tu estilo de escribir es muy atrayente. Besos y saludos desde Mexiquito.
Maga

12 Septiembre 2006 | 11:17 PM

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Miguel Ángel Lizaranzu

Lucena, España
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Liza y el escuadrón de 1ºC (por Mori) La cafetería era roja, de madera, con luces cálidas envolviéndolo todo, sonaba una canción en la caja de música, "La carta" de los Enemigos, los clientes sorbían café, las dos camareras charlaban sobre algo sin importancia, hacía una tarde rara y el cielo anaranjado comenzaba a bostezar. En realidad todos estaban comenzando a bostezar, el día lo exigía a gritos.

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