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La Coctelera

Miguel Ángel Lizaranzu

RELATOS Y POESÍA - - Mantenimiento y actualizaciones: AGUSTÍN LÓPEZ

23 Julio 2007

La fosa estrecha de Juan Simón - 18. Profesionales

LA FOSA ESTRECHA DE JUAN SIMÓN

Capítulo 18 - Profesionales

Había llegado a la puerta del Sunset, pero no me apetecía entrar. Estaba aquella entrada hasta el culo de gente. Todavía no era el momento. No sabía que esperaba aún de la noche. Pero todavía no era el momento de entrar.
Fuí hasta un 24 horas cercano, un lugar de bebidas y de comida rápida, chucherías, bocadillos hechos a la carrera, porciones de pizza... me tomé dos "White-burns", un refresco que sabía a jarabe de la tos a base de taurína y cafeína concentradas.

Eso me espabiló un poco. Incluso me aceleró el corazón y el pulso. Sólo faltaba que me matase de un paro cardiaco aquella bebida de mierda.
Siempre había tenido la tensión mínima por las nubes. Los excitantes no me iban nada bien al cuerpo. Así que lo rebajé con una lata de cerveza. Mejor.
Pero mi mal andaba por la cabeza, no por mi sistema nervioso.
De acuerdo, jugaría con el fuego esa noche...
Cercanas al "Sunset" me tropecé de nuevo con Pleamar y sus niñas. Miraron hacia otro lado.
Intenté acercarme a saludarlas, pero hubiera sido necio por mi parte. Una pérdida de tiempo que no podía volver a permitirme.
Pleamar y sus niñas habían vivido en tres dimensiones la realidad de mi vida aquella noche.
La diversión y la importancia de sentir el dolor. Tampoco eran culpables. Las dejé allí. Inocentes.
Dejé a Pleamar mirando hacia otra parte, con su brillante futuro: un marido abogado-poeta que le enseñaría los placeres del mundo material, vivirían felices, y tendrían tres hijos imbéciles con los que ella podría hacer su tesis doctoral.
Yo, sólo había sido el soplido de una noche en su cerebro que más tarde, la eterna noche de siempre se encargaría de borrar de su memoria.
Necesitaba profesionales. Nada de niñatas. Descargar la vesícula seminal. Dar rienda suelta a mis cojones. Follar.
Con dinero no habría problema. El resto, el amor y lo demás, se podían censurar con cerveza o con whisky.
Los problemas del corazón siempre tenían menor preferencia que los del cipote.

Me fuí hacia la calle "Fuensanta", la calle de las putas, la calle que toda ciudad que se precie debe tener.
No necesitaba el coche, estaba a unos diez minutos del "Sunset" andando. Allí también vendían drogas, cocaína principalmente, pero los chulos-proxenetas no le llegaban ni a la suela de los zapatos a mi querido tito "Iguana".
Daba igual. No buscaba drogas. Follar. Follar con la primera puta sidosa que encontrase y pensar en la cara y el culo de Pleamar mientras lo hacía. Félix tenía razón, era sencillo, como cagar o mear. Necesidades fisiólogicas del cuerpo.

Las chavalas eran cambiadas cada dos o tres meses. El lugar no tenía higiene ninguna, pero había colchones y camastros viejos, y bidés. Los bidés eran importantes. Era importante que las chavalas se lavaran el coño antes y después de cada servicio. Las "madams" cambiaban, las chicas cambiaban, las ladillas y las enfermedades venéreas, cambiaban... de picha en picha, de chocho en chocho... menos los chulos y la higiene, todo cambiaba cada cierto tiempo en la calle "Fuensanta".

Entradas anteriores

1. Extraño prefacio

2. La ruleta rusa

3. Veinte euros de diesel

4. Gran Gordo

5. La Iguana, nuevas sensaciones

6. Cuatro jarras de cerveza

7. Cerveza, destilados, música y charla


8. Pleamar

9. Risotadas

10. Movida en el Sunset


11. Punk Rock


12. Una pareja de conocidos

13. Silencio

14. Alucinógenos

15. Jazz a solas

16. Os anda buscando

17. Enfermo

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Miguel Ángel Lizaranzu

Lucena, España
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Liza y el escuadrón de 1ºC (por Mori) La cafetería era roja, de madera, con luces cálidas envolviéndolo todo, sonaba una canción en la caja de música, "La carta" de los Enemigos, los clientes sorbían café, las dos camareras charlaban sobre algo sin importancia, hacía una tarde rara y el cielo anaranjado comenzaba a bostezar. En realidad todos estaban comenzando a bostezar, el día lo exigía a gritos.

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