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La Coctelera

Miguel Ángel Lizaranzu

RELATOS Y POESÍA - - Mantenimiento y actualizaciones: AGUSTÍN LÓPEZ

30 Julio 2007

La fosa estrecha de Juan Simón - 22. Algo diferente

LA FOSA ESTRECHA DE JUAN SIMÓN

Capítulo 22 - Algo diferente

Les hice señas desde mi posición. Se acercaron hasta la mesa y se sentaron junto a mí.
No habían encontrado a las nenas de Fritz. Mala suerte. Yo al menos ya había follado.
El gordo no había aparecido aún, no habían conseguido localizarlo. Yo tampoco. Me preguntaron que dónde había estado, "por ahí", no era nada importante, había tenido una noche aburrida. Ellos también. "La Iguana" los había visto por el bulevard y les había transmitido el recado de Mizifú. Decían que estaban un poco nerviosos por eso. Yo les dije que si me encontraba con Mizifú le iba a dar un par de hostias, y que si se ponía tonto, lo mataría otra vez. Rieron mi gracia, pero a mí no me parecía gracioso en absoluto. Éramos demasiado torpes para comprender.
Una tipa guapa entró en la sala. No era una belleza de plástico, no era una belleza fácil, pero nos llamó la atención la energía que emanaba su sola presencia. Los tres nos quedamos mirando a la tipa guapa. Todos los jodidos tíos miraron hacia ella, tenía un magnetismo extraño, una mezcla de placer y de miedo. Había por allí tías buenas por doquier, pero ninguna tenía la clase que calzaba esta última. Las mujeres también dirigieron sus miradas hacia ella, con un brillo marcado por el fuego y el odio.

No era muy alta, pero tenía unos enormes ojos, y miraba a su alrededor con las pupilas inclinadas hacia arriba. Sus pequeños labios sostenían un cigarrillo, y exhalaban el humo de una manera coqueta y precisa. Llevaba un vestido rojo por la rodilla. Y era preciosa. Y era perfecta. No demasiado flaca. No demasiado gruesa. Morena de piel y morena de pelo, con la barbilla un tanto saliente señalando al infinito. No demasiado pecho. Caderas fuertes y culo macizo.
Caminaba despacio, marcando los pasos, al ritmo lento de la música, acercándose a la barra para pedir su bebida, se nos construía ante los ojos poco a poco. ¿Qué hacía allí?. Necesitaba saber quien era. Tenía que casarme con ella allí mismo y ser su esclavo para siempre... por lo visto no era el único que pensaba así.
- Creo que me he enamorado - dijo Félix.
- ¿De quién?, ¿de esa zorra? - pregunté haciéndome el indiferente.
- ¿Estas loco o qué tío?, ¿te has fijado en esa tipa? ¡es ...! - dijo Fritz.
- Bueno, no está mal, pero... - Félix me cortó el final de la frase.
- ¡Es algo diferente a lo que estamos acostumbrados a ver!, ¡no me jodas, tío!...
- Sí, claro... fijaos en como babean toda esa panda de cretinos, ¿quereis parecer igual de patéticos que ellos? - los tipos se le acercaban, y ella los despachaba de uno en uno. A la puta mierda.

Con una sonrisa. Me caía bien la cabrona. Sentía celos de todos aquellos babosos, me comportaba como las malditas tías que miraban hacia ella con rabia y con odio, en mi papel.
Bostezaba con cada capullo que intentaba conquistarla. Durante unos segundos nuestras miradas se cruzaron y me sentí afortunado. Se había fijado en mí. Uno tras otro, aquel ejército de babosas era derrotado sin piedad. Y ella les sonreía. La malvada los mandaba amablemente a todos a tomar por el puto culo. Sabía jugar y sabía ganar.
Claro que me había enamorado de ella. Todos los gilipollas que andábamos por la sala de clásicos de los ochenta y noventa nos habíamos enamorado de aquella tipa guapa. Nos tenía en su terreno.
Iba a ser duro.

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1. Extraño prefacio

2. La ruleta rusa

3. Veinte euros de diesel

4. Gran Gordo

5. La Iguana, nuevas sensaciones

6. Cuatro jarras de cerveza

7. Cerveza, destilados, música y charla


8. Pleamar

9. Risotadas

10. Movida en el Sunset


11. Punk Rock


12. Una pareja de conocidos

13. Silencio

14. Alucinógenos

15. Jazz a solas

16. Os anda buscando

17. Enfermo

18. Profesionales

19. La última cagada de algún dios rencoroso

20. Lástima

21. 5.40 am

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Lucena, España
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Liza y el escuadrón de 1ºC (por Mori) La cafetería era roja, de madera, con luces cálidas envolviéndolo todo, sonaba una canción en la caja de música, "La carta" de los Enemigos, los clientes sorbían café, las dos camareras charlaban sobre algo sin importancia, hacía una tarde rara y el cielo anaranjado comenzaba a bostezar. En realidad todos estaban comenzando a bostezar, el día lo exigía a gritos.

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